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Pactos postelectorales

Riesgos y ventajas para C's de pactar a dos bandas

La presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz, y el líder de Ciudadanos, Juan Marín.

Da igual que el barco se llame PP o PSOE si Ciudadanos lleva el timón. Esa frase –expresada en multitud de ocasiones por el propio Albert Rivera y por otros dirigentes de la formación en los últimos meses– resumía la estrategia de la formación en relación a la posibilidad de facilitar que PP o PSOE pudieran formar gobiernos en minoría tras las elecciones del 24-M.

Parte de lo anunciado en esta consigna se hizo realidad este martes, cuando la socialista Susana Díaz, tras 81 días con un Ejecutivo en funciones, se aseguró el Gobierno andaluz gracias al 'sí' de Ciudadanos. Mientras, en Madrid se acercan las posturas entre PP y Ciudadanos para que sea investida la conservadora Cristina Cifuentes después de que ambas formaciones llegaran a un acuerdo sobre la composición de la Mesa de la Asamblea de Madrid, un órgano clave porque es en el que se ejerce la función de control del Parlamento regional.

Ambos acuerdos dibujan un escenario prácticamente inédito en el panorama político español de los últimos treinta años –yendo al inicio de la democracia la excepción está el CDS de los ochenta– en el que una formación emergente y de ámbito nacional, como es Ciudadanos, pacta de forma indistinta con dos partidos tan antagónicos como PP y PSOE.

Esta estrategia, señalan expertos consultados por infoLibre, tiene algunas ventajas para el partido de Albert Rivera. A saber: mantener la bandera de la regeneración democrática y conseguir medidas de gran impacto mediático como forzar las dimisiones de diputados imputados por corrupción sin mancharse con la acción de gobierno o afianzar su pretensión de ser un partido transversal. 

Pero también puede tener desventajas. Entre ellas, el coste evidente de haber llegado a acuerdos con Gobiernos que, a pesar de los compromisos, han estado manchados por graves escándalos de corrupción, la falta de control que puede tener Cifuentes sobre su grupo parlamentario en el caso de que se produzcan nuevos escándalos o la acusación de no asumir responsabilidades y no entrar a formar parte de los ejecutivos para llegar limpios a las generales del próximo otoño. 

Las ventajas 

Cómo reaccionarán los electores a estos acuerdos es una incógnita que sólo desvelarán las próximas citas electorales. Sin embargo, según los analistas consultados por este diario, hay algunos elementos a tener en cuenta. Ciudadanos, explica Josep María Reniu, politólogo expertos en coaliciones electorales, es una formación que no tiene un peso marcado de la ideología (cómo sí puede estar más asentado el conservadurismo en el PP o la socialdemocracia en el PSOE), con lo que este tipo de acuerdos le pueden ayudar a mantener esa cierta "indefinición ideológica". 

Por otro lado, analiza Reniu, estos acuerdos le pueden servir para mantener levantada la bandera de la regeneración democrática, que es una de las cuestiones en las que más énfasis ha hecho la formación en su expansión fuera de Cataluña. Ciudadanos se arrogará para sí el logro de haber forzado las dimisiones de los consejeros madrileños imputados en la Operación Púnica, Salvador Victoria y Lucía Figar, así como la renuncia del expresidente de la Junta Manuel Chaves si resulta imputado de un delito por el Tribunal Supremo en el caso de los ERE, aunque este compromiso no se ha plasmado por escrito

Para Reniu esta es una posición "cómoda" del partido de Rivera, porque le garantiza medidas de gran impacto mediático –como las citadas dimisiones– pero sin mancharse las manos con la acción de gobierno, algo que ya dejaron claro que rechazarían de no ser primera fuerza. "Ese argumento de que desde fuera se puede hacer más que desde dentro persigue, de manera lícita, posicionarse de cara a las generales manteniendo viva la imagen de que son un partido fresco y renovador", añade. 

Pablo Simón, politólogo experto en sistemas electorales y miembro del colectivo Politikon, sostiene que el apoyo al PSOE en Andalucía era "clave" para la cúpula nacional del partido después de que el resultado arrojado por las urnas el 24-M convirtiera a Ciudadanos en partido bisagra para el PP en cuatro autonomías (Castilla y León, La Rioja, Madrid y Murcia) y que no haber apoyado a los socialistas en Andalucía y sí a los conservadores en estas comunidades rompería con la pretensión de erigirse en un partido transversal. 

Simón recuerda que los escenarios de Madrid y Andalucía no son simétricos. En Madrid, Cifuentes necesita el voto a favor de Ciudadanos para ser investida presidenta toda vez que PSOE y Podemos ya han dejado claro que no lo harán. Si la formación de Rivera se abstuviera (o, lógicamente, votara en contra), el PP se quedaría sin la Comunidad. No habría bloqueo institucional porque –al contrario de lo que ocurre en Andalucía– sí podría forjarse otra mayoría alternativa con los 37 escaños del PSOE y los 27 de Podemos.

Sin embargo, señala Simón, el hecho de que el PSOE necesitara también a los diputados del partido de Pablo Iglesias para lograr una suma que arrebatara al PP la Comunidad también ha dificultado el acercamiento entre Ciudadanos y los socialistas. "Sólo con Ángel Gabilondo habría sido más fácil. Cualquier acercamiento a Podemos a Ciudadanos le desgasta porque esa formación está en sus antípodas en términos de electorado. Este hecho ha introducido, sin duda, un matiz de complejidad", señala. 

Las desventajas 

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Pero estos pactos, analizan los expertos consultados, también pueden generarle al partido de Albert Rivera algún que otro problema en el medio plazo. Para empezar, Pablo Simón destaca el hecho de que la candidata del PP a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, no tenga una capacidad total de control sobre su grupo parlamentario. "El acta de diputado es personal e intransferible y nadie puede asegurar que no vayan a saltar más escándalos", señala. 

Además, ambos acuerdos ofrecen munición a los grupos de la oposición de ambos territorios, que pueden tener en Ciudadanos un blanco fácil acusándoles de pactar en Madrid con el PP de la Gürtel y la Púnica y el PSOE de los ERE. De hecho, en el partido asumen que sí puede resultar más sencillo explicar a los ciudadanos el apoyo a investiduras en comunidades con Ejecutivos menos contaminados por la lacra de la corrupción y en los que ha habido más alternancia política, que hacerlo en Madrid o Andalucía, donde, dicen, habría que hacer una labor pedagógica "más profunda".

Otra cuestión es la relativa al rechazo a la acción de gobierno. Ciudadanos ha defendido que no entraría a formar parte de ningún Ejecutivo si no era la lista más votada, pero eso también puede despertar las críticas de sus adversarios y el cuestionamiento de los ciudadanos que pueden entender que no quieren enfrascarse en la tarea de gobernar y, por tanto, tomar decisiones. En el partido defienden que también desde la oposición pueden llegar a que otras formaciones consensuen con ellos propuestas sea cual sea su color político. 

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