¿Más listos o más fácil? El 96% del alumnado de Bachillerato aprueba el acceso a la universidad

Una estudiante realiza la EBAU 2023, en el Aulario Norte del Campus de Espinardo, en la Universidad de Murcia.

El 96,2%. Ese es el porcentaje de los jóvenes que, tras terminar Bachillerato, superan la prueba de acceso a la universidad. Dicho de otro modo: suspenderla es una excepción. Lo ha sido siempre, pero cada vez más. Así lo señalan los últimos datos publicados por el Ministerio de Educación, que muestran que el porcentaje de quienes aprueban la fase ordinaria de los exámenes para acceder a titulaciones de Grado es el más elevado de los últimos ocho años. En 2015 la cifra era dos puntos más baja. En concreto, del 94,6%. ¿Por qué ha ocurrido? ¿Está ahora el alumnado más preparado que antes? ¿O es que se ha bajado la exigencia de los exámenes? Ahora que el Ministerio de Educación quiere modificar de nuevo la prueba, las preguntas recobran el sentido.

En las últimas dos décadas, el Ministerio de Educación ha modificado hasta cuatro veces los exámenes, que por un lado gradúan de Bachillerato y por otro dan acceso y determinan el futuro universitario del alumnado. No son tantos si se enumeran los cambios en la legislación educativa, pero no por ello son menos relevantes. Los recuerda un estudio publicado por EsadeEcPol el año pasado.

La primera modificación se produjo en el año 2000, cuando el peso de la nota media del expediente de Bachillerato pasó del 50% al 60%. La importancia del examen de Selectividad, por ello, se redujo de un 50% a un 40%. El que fuera entonces ministro de Educación, Mariano Rajoy, aseguró que lo que pretendía esa reforma era reconocer "el trabajo de muchos años" del alumnado y garantizar, así, "que no se jueguen todo a una prueba". Ocho años después llegó otra modificación que acabó implantada en 2010. Se introdujo entonces, a lo que ya había, una prueba específica y optativa que permitía a los alumnos examinarse de otras cuatro asignaturas, eligiendo la nota de dos de ellas para vincularlas a la nota de admisión. Fue en este momento cuando en la práctica la nota empezó a ponderarse sobre un máximo de 14 puntos, no de 10.

En el año 2017 llegó la tercera modificación, que eliminó la posibilidad de que el alumnado eligiera examinarse entre Historia de la Filosofía o Historia de España, también la de elegir a qué prueba específica de su modalidad de Bachillerato presentarse —pasó a obligar a que fuera matemáticas en ciencias y aplicadas a las ciencias sociales en esa rama y latín en humanidades— y la de reducir la cantidad de asignaturas evaluables en la fase específica. Se redujo, en resumen, la capacidad de decisión de los jóvenes. Y se hizo avisando a los centros en enero, apenas unos meses antes de que las pruebas se realizaran con esos cambios. Eso provocó, recuerda Lucía Cobreros, investigadora de EsadeEcPol y coautora del informe del think tank, que las universidades acordaran que ese examen de matemáticas o latín contara dos veces: en la fase general y en la específica.

En 2020, y tras la irrupción de la pandemia, se redujeron exigencias. Ahí sí se puede afirmar. Y así lo hace el estudio de Esade, que recuerda que otros países como Francia e Italia tomaron la misma decisión. Pero por "una causa exógena, no de bajada del rendimiento de los alumnos", destaca Cobreros. Entonces volvieron a aumentar la opcionalidad, permitiendo escoger y descartar preguntas en cada prueba.

Y así ha sido hasta ahora, cuando el Gobierno prepara la que será la quinta modificación de la prueba. Según el borrador del proyecto, la nueva Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), que se empezará a aplicar desde el próximo curso, incluirá preguntas tipo test, las faltas de ortografía bajarán un 10% la nota en los exámenes y los alumnos podrán elegir entre distintas preguntas, aunque requerirán que hayan estudiado todo el temario. Además, ha especificado también el Ministerio de Educación, los ejercicios de la nueva prueba tendrán un diseño competencial que "permitirá comprobar el grado de consecución de las competencias específicas de las materias", lo que casa con el espíritu de la ley Celaá, y requerirán del alumnado "creatividad y capacidad de pensamiento crítico, reflexión y madurez" en la resolución por escrito de una serie de preguntas o tareas adecuadas a las competencias específicas evaluadas.

Los cambios, ¿explicación al aumento de aprobados?

Según Cobreros, y aunque estas modificaciones han repercutido en las notas —tanto en la de la propia prueba como en la final de acceso a la universidad— y en el porcentaje de aprobados en las pruebas de acceso a la universidad, es complicado establecer una relación de causa-efecto. "Es muy difícil de identificar si estos cambios son verdaderamente el motivo. Lo que sí que hemos comprobado es que en los años que ha habido reformas ha habido un aumento más fuerte de las calificaciones y se, entiende, por tanto, que también del porcentaje de aprobados", afirma la experta.

Lo señala el informe en el que participó, que lleva por título La subida de las notas de Selectividad: ¿Inflación o competición?. Ese año la nota media —de admisión a grado, es decir, la que resulta de la suma entre Bachillerato y la prueba de acceso— se situó en un 9,26 —sobre 14 puntos—, mientras que un año antes fue de un 8,88. Y pasó igualmente en 2020, cuando la calificación creció desde los 9,47 a los 10 puntos. Y así hasta situarse en un 10,34 en 2021, el último año que recoge el documento.

"Que hay una inflación de notas es algo que está bastante documentado", señala por su parte el doctor en Educación Daniel Turienzo, que rechaza no obstante vincular esto al "facilismo". Juan Manuel Moreno, Catedrático de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y también autor del informe de Esade, comparte ese diagnóstico. Y plantea una pregunta: "Si la noticia fuera que cada año el porcentaje de aprobados en la prueba de acceso o la nota de acceso a la universidad cae, ¿qué pasaría? Se hablaría de una catástrofe educativa. Sin embargo, ahora se achaca a que cada vez la exigencia es menor y las capacidades del alumnado son más bajas. Hemos entrado en un juego el que es imposible ganar", lamenta.

Y reconoce como Cobreros y Turienzo que determinadas reformas han contribuido a que las notas de acceso a la universidad suban, pero también habla de un incremento de la competitividad. "No se regala la nota, la gente se esfuerza porque cada vez se presenta más gente que quiere acceder a carreras con nota restringida", recalca. Y señala: "Aprobar o suspender no es la cuestión. La inflación que debe preocuparnos aquí es la de sobresalientes, no la de aprobados", matiza.

La pública contra la privada

En este sentido, es conveniente señalar, una vez más, las diferencias entre la pública y la privada. Porque las notas han aumentado más para los alumnos que proceden de la segunda. Lo señalan también los datos del Ministerio de Educación: el porcentaje del alumnado de centros públicos que obtiene entre un 5 y un 6 en la prueba de acceso a la universidad es de un 9,3%, una cifra que en el caso de los jóvenes que proceden de privados desciende hasta el 6,6%. Por el contrario, un 7,8% de los estudiantes de estos últimos sacaron entre un 9 y un 10, un dato que en el caso de los de la pública se quedó en un 5,7%.

Pasa, señala Turienzo, porque la enseñanza privada infla más las notas. Así lo demostró el estudio Notas de acceso a la Universidad: ¿Son equitativas?, presentado por el Observatorio del Sistema Universitario el pasado mes de junio, que concluyó que en los centros públicos se dan porcentajes mayores de notas de Bachillerato aprobadas más bajas. En concreto, estas escuelas concentran el 59,7% de notas inferiores al 8, un porcentaje que se sitúa en el 52,6% en las concertadas y en el 49,5% en las privadas. Por el contrario, los privados presentan proporciones mucho más elevadas de notas aprobadas altas: el 27,4% de su alumnado obtiene entre un 9 y un 10, una cifra que en los concertados se sitúa en el 23,9% y en los públicos, en cambio, en el 17,9%.

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En cualquier caso, los datos avivan el debate: ¿debe reformarse el acceso a la universidad? La pregunta es recurrente. Y resurge de hecho cada vez que se acerca la fecha de celebración de los exámenes. El pasado mes de enero, por ejemplo, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, señaló en un coloquio sobre educación en León: "Nuestro compromiso es que la EBAU [Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad] sea un sistema común en todas las comunidades del Partido Popular en el curso 2025". La idea, no obstante, fue rápidamente descartada por numerosos expertos y, también, por el Ministerio de Educación, que llegó a calificarla de "frívola" e "inviable".

Si nada se tuerce, este 2024 será el último año con la prueba tal y como la conocemos ahora mismo. Y es complicado hacer vaticinios. Aunque Turienzo sí apunta a una cosa: antes de plantear cualquier reforma, es pertinente preguntarse "qué EBAU queremos". "Ojalá no fuera así, pero lo que se enseña en Bachillerato es una mera preparación para estos exámenes. Cualquier cambio que se haga debe estar pilotado correctamente y debe aplicarse con calma y en consonancia con el currículum. Habrá que dejar de aterrice, aunque por desgracia en 5 años estaremos hablando de una nueva modificación", lamenta.

Moreno, atreviéndose más al vaticinio, augura que la situación continuará igual: las notas subiendo y los aprobados aumentando. "La caída demográfica hará que los candidatos a entrar en la universidad sean cada vez menos. A eso se suma que cada vez hay más oferta, tanto pública como privada. Quienes más interés tendrán en que las notas sean elevadas y permitan acceder a los grados serán las universidades, sobre todo las privadas, que si no no sobrevivirán", sentencia.

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