Hermano primate

Familia de chimpancés amparados por el Proyecto Gran Simio.

Paula Casal

Hace casi tres décadas, un extenso número de distinguidos científicos como Jane Goodall, Toshisada Nishida, Roger y Debora Fouts, Lyn White Miles, Francine Paterson, Richard Dawkins, Jared Diamond, Robin Dunbar, filósofos como James Rachels, Ingmar Persson, Tom Regan, Richard Ryder, Dale Jamieson, y Steve Sapontzis, y también juristas como Gary Francione publicaron sus argumentos en favor de que se reconociesen, moral y legalmente, algunos derechos básicos a nuestros hermanos evolutivos. Los argumentos se publicaron en Paola Cavalieri y Peter Singer en El Proyecto Gran Simio, (St. Martin Press, 1993). Entonces, la organización internacional Proyecto Gran Simio, comenzó a hacer un censo de los miles de simios cautivos en laboratorios y a pedir el fin de la experimentación y del secuestro de simios libres para exhibirlos en zoos. En estas tres décadas de investigación, juicios y activismo, han cambiado muchas cosas que se recogen en Paula Casal y Peter Singer Los derechos de los simios (Trotta, 2022).

Para empezar, entonces se hablaba de tres especies (chimpancés, gorilas y orangutanes) y ahora son ocho: chimpancés, bonobos, orangután de Borneo, de Sumatra y Tapanuli, y gorilas orientales, occidentales, de montaña, y del Rio Cross. Todas ellos son, junto con los humanos, reclasificados como homínidos. Los Neandertales, y los Denisovans se denominan homininos.

En La cuestión animal (1999), Paola Cavalieri llama a los derechos homínidos derechos humanos en el sentido técnico que da al término Thomas Pogge: se trataría de derechos muy básicos (solo nos protegen de que nos maten, torturen o encarcelen arbitrariamente); son derechos negativos (derechos a que nos dejen en paz, no a que nos ayuden); y la responsabilidad es estatal, no particular.

Las razones por las que esta no es la mejor forma de entender los derechos homínidos son las siguientes. En primer lugar, la experiencia mediática, por ejemplo, en torno a la proposición no de ley presentada por el diputado Francisco Garrido (PSOE-Verdes) en el Congreso de los Diputados el 25 de abril del 2006 y por Joan Herrera (IC-Verdes) el 25 de junio del 2008, muestran que llamar humanos a los derechos de los homínidos no humanos causa gran confusión y facilita que la prensa sensacionalista tergiverse el mensaje. La primera razón es, por tanto, pragmática.

En segundo lugar, es posible que debamos modificar la lista de derechos que se solicitan, como hicieron Garrido y Herrera. Por ejemplo, generalmente se entiende que torturar es infringir dolor intenso para obtener información. Ese era un derecho muy importante en Estados Unidos, donde los simios eran sometidos a continuas y dolorosas biopsias. Pero en España, por ejemplo, los problemas son más bien el abandono y la falta de alimento y atención veterinaria, la explotación, el tráfico y la compraventa. No está claro que se trate siempre de derechos negativos, que además es una clasificación filosóficamente muy cuestionable. Tampoco tenemos razones para comprometernos con limitarnos a no interferir. Por último, es importante que todo el mundo se conciencie de la situación que sufren los simios y su peligro de extinción y no compre nada con aceite de palma, ni cambie de móvil alegremente, sin pensar en las guerras de coltán. Por ello, no tiene sentido insistir en que la responsabilidad es del Estado. La responsabilidad es de todos.

Los humanos somos también homínidos, protegidos por los derechos mínimos que deberían proteger a todo homínido, y además tenemos derechos humanos, que los demás homínidos no tendrán, como el derecho a la participación política. Los derechos homínidos, por tanto, no solo no compiten con los derechos humanos, sino que aportan una nueva protección a todos.

Los simios cautivos no saben ni cómo cuidar de sus hijos si un congénere culto no se lo enseña. Esta es una de las razones por las cuales los zoos son fábricas de bebés muertos

Otra cosa que había quedado poco clara es la relación entre las distintas capacidades cognitivas y emotivas de los grandes simios y los derechos que se solicitan. El libro citado de 1993 daba una lista de cosas fascinantes que los simios sabían hacer, y luego solicitaba una lista de tres derechos, pero no explicaba qué relación había en que, por ejemplo, pudiesen jugar a Pac-Man y tuviesen alguno de los derechos de la lista.

Más allá de la humanidad

Por último, el eslogan de 1993, “la igualdad más allá de la humanidad” resultó también ser la causa de mucha confusión innecesaria. Si alguien me secuestra y me tortura, decir que no me está tratando como un igual es una crítica gratuitamente débil de lo que me está haciendo. No es necesario hablar de igualdad; el problema es que no me están respetando ni lo más mínimo. Además, hoy en día, ni siquiera todas las personas de izquierdas creen en la igualdad, que es un concepto fundamental, pero interpretable de muchas formas y de gran complejidad.

Además de completar y modernizar filosóficamente la argumentación del Proyecto Gran Simio, hay muchas cosas que han cambiado en las tres últimas décadas y que había que actualizar.

Jurídicamente, especialmente en Latinoamérica, pero también en países como Estados Unidos, Austria y Pakistán, muchos jueces han empezado a hablar de derechos legales para los simios y otros animales. También se han empezado a multiplicar las peticiones de habeas corpus de homínidos, a veces con éxito, como se muestra en el docuthriller de Àlex Cuellar y Rafa Sánchez, Persona (no) humana (2022).

Científicamente, se han descubierto muchísimas más capacidades cognitivas de las que se conocían entonces, así como la enorme riqueza e importancia de su cultura. Estas culturas, que aún estamos empezando a documentar, se perderán para siempre si los simios continúan acercándose, cada vez más rápidamente, a la extinción, en parte debido a la crisis sanitaria, social y económica generada por la pandemia. En el caso de los Tapanuli y los gorilas Cross, por ejemplo, su extinción dependerá de qué medidas se tomen en los próximos meses.

Si los simios libres se extinguen, sus culturas se perderán para siempre. Debido a su naturaleza profundamente cultural, ser criados en jaulas y sin cultura les convierte en una especie de niños-lobo. Los simios cautivos no saben ni cómo cuidar de sus hijos si un congénere culto no se lo enseña. Esta es una de las razones por las que los zoos son fábricas de bebés muertos. Otra de las causas es la frecuencia de la depresión y el aumento de la violencia masculina en las cárceles mixtas en las que mantenemos a nuestros hermanos evolutivos. Como muestra la neurocientífica Lori Marino, en una entrevista que saldrá este verano en la revista Mètode, el deterioro psíquico es tan grande que puede verse físicamente analizando su cerebro. Un estudio reciente realizado por los primatólogos Lucy Birkett y Nicholas Newton-Fisher mostró que todos los chimpancés cautivos tienen signos de enfermedad mental y no pudo encontrarse ninguna causa más que el mismo cautiverio.

En España, los simios han sufrido una terrible desprotección por no ser animales domésticos, ni agrícolas, ni de laboratorio, ni fauna autóctona, ni nacida en otro país. Han quedado en una especie de tierra de nadie legal. A veces nos ha llevado dos años liberar a un chimpancé que llevaba más de una década sin salir de una pequeña jaula, algo que no se puede hacer, por ejemplo, a un perro.

Gracias a la actividad de la Dirección General de los Derechos del Animal, las leyes de protección animal de España han mejorado mucho últimamente, y el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 nos ha prometido, al fin, que empezarán a discutir una Ley de Grandes Simios en septiembre. Actualmente, ni siquiera hay una ley que prohíba explícitamente la tenencia privada de homínidos.

Pueden enviar cartas de apoyo a la creación de esta ley a: direccionpgransimio@gmail.com. Nuestros primos primates nos necesitan.

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Paula Casal es investigadora del ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) en el Departamento de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra. Es autora junto a Peter Singer del libro ‘Los derechos de los simios’ (Trotta).

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