Irene Esteban, voluntaria en ICEAS: “Ayudamos a los niños a resolver y gestionar conflictos”

Una de las actividades que se realizan en el voluntariado de Irene Esteban.

Cuando pensamos en la palabra “voluntariado”, en muchas ocasiones se nos viene a la cabeza que este tipo de actividad se realiza en verano, en el extranjero y durante un periodo más o menos largo en el tiempo. Sin embargo, esto no tiene porqué ser así. Irene Esteban (Madrid, 2001), estudiante de Trabajo Social y voluntaria en la asociación ICEAS desde hace más de un año, realiza voluntariado durante el curso escolar y en su propia ciudad

Debido a sus estudios, no es el primer voluntariado que realiza. En años anteriores participó en uno organizado por la Universidad Complutense en el que se realizaban actividades relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, teatro y personas con diversidad funcional e intelectual. Además, Esteban considera el voluntariado como una forma de acercarse más a los colectivos con los que va a trabajar. Y es que, como en toda profesión, los estudios universitarios te proporcionan las herramientas y conocimientos necesarios, pero no la práctica ni el contacto con la profesión más “real”. Por este motivo también define esta actividad como un “crecimiento tanto a nivel personal como profesional”.  

ICEAS es una asociación centrada en la infancia, la igualdad de oportunidades, la prevención de la violencia, la mejora del rendimiento escolar y la prevención de la exclusión social en menores. Dadas estas características, Irene se decantó por ella queriendo probar una nueva versión de sí misma: el contacto y el acercamiento a los niños y las niñas mediante el trabajo de emociones, valores y habilidades sociales. "Nunca he sido una persona muy cercana a los niños y niñas y quise probar esta experiencia”, explica a infoLibre

En relación con las actividades y sus temáticas, éstas van variando dependiendo de la época del año. Por ejemplo, para el Día de la Mujer los niños tuvieron que crear su propia superheroína pero, en lugar de superpoderes, tenían que pensar en habilidades sociales que esa mujer tuviese, como la ayuda, la empatía, la responsabilidad afectiva… Con esta actividad se pretendía “trabajar los estereotipos”, comenta Irene. 

Una de las características que más gustó a Irene de esta asociación fue el trabajo con las emociones: “Hemos ayudado a los niños a aprender a resolver los conflictos permitiendo que se expresen y que sepan gestionarlos”. También destaca y admira la forma de enseñar de las monitoras, definiéndola como “fundamental” ya que “saben trabajar los límites”. Es decir, “si un niño está teniendo un mal comportamiento, hacerle ver que esto limita tanto sus capacidades de aprender como las del resto”, ejemplifica Irene. 

Además, narra lo vivido con un sentimiento de “satisfacción”, ya que tanto las monitoras con las que pasaba la mayoría del tiempo y los niños y niñas le han ofrecido “un espacio de seguridad y respeto”. De hecho en eso consiste uno de los objetivos de la asociación: brindar un espacio seguro a niños y niñas donde no solo aprendan con determinadas actividades, sino también desconecten de su rutina y situación. Toda esta experiencia ha generado en Irene una visión completamente nueva hacia un colectivo que tenía apartado, convirtiéndose en uno grupo que "realmente" sí que le "aporta muchísimo".

"Ha cambiado por completo la idea con la que llegué a Trabajo Social”, confiesa, para luego rematar: "En definitiva, ellos nos ayudan a desconectar un poquito de la vida más adulta y madura y nosotras les ayudamos a ser conscientes del mundo que les rodea en su camino hacia la madurez”. 

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