Comunicación política

Gobierno Sánchez 3.0

Gobierno Sánchez 3.0

Estamos en el último tramo del curso político 2020-21. La pandemia y sus efectos sanitarios, sociales y económicos han sido los protagonistas absolutos de lo ocurrido en estos últimos meses. Parece que se acerca un punto y aparte en la legislatura que va a visualizarse con la anunciada remodelación ministerial, cuyo calado aún está por conocer.

El primer interrogante que surge es el de cuándo puede producirse.

Todo parece indicar que una vez superada la crisis en torno a la concesión de los indultos y con el proceso de vacunación funcionando de forma acelerada, la llegada del nuevo Gobierno puede llevarse a cabo próximamente. En este supuesto, los nuevos ministros tendrían la oportunidad de aprovechar el verano para realizar el traspaso de carteras. El objetivo sería de esta forma aparecer en septiembre con una imagen renovada y dispuesta a empezar la nueva etapa que transmita la necesaria esperanza y optimismo respecto al futuro.

Fin de curso

En estos diez meses, la pandemia ha condicionado todo, pero el panorama actual es absolutamente diferente al del inicio del curso. El histórico éxito que ha supuesto la vacuna contra el covid ha abierto, por vez primera desde el estallido de la crisis, una ventana de esperanza. La reactivación económica abre simultáneamente un amplio espacio de iniciativa política a partir de otoño.

Mientras tanto, los partidos políticos se han reconfigurado tras lo sucedido estas últimas semanas. Las experiencias que han supuesto los comicios en Cataluña y Madrid han aportado significativas lecciones para todas las formaciones. La absorción de la mayor parte del voto de Ciudadanos por parte del PP ha implicado una seria reconfiguración de los espacios electorales. La salida de Pablo Iglesias ha supuesto un acontecimiento trascendental a la izquierda del PSOE.

El tercer Ejecutivo

El primer Gobierno de Pedro Sánchez, surgido tras la moción de censura a Rajoy en junio de 2018, tuvo en su inestabilidad y provisionalidad su principal rasgo condicionante. El segundo fue consecuencia de la repetición electoral de noviembre de 2019. El resultado forzó la coalición entre PSOE y Podemos que abrió un modelo político desconocido desde la instauración democrática de 1977. Llega ahora la conformación del Gobierno Sánchez 3.0 que tendrá significativos retos por resolver. A cambio, dejará atrás algunos de los problemas que ha debido hacer frente el Ejecutivo que ahora finaliza su ejercicio.

Le toca mover ficha a Pedro Sánchez. Parece obligado el paso de remodelar un Gobierno, junto a sus socios de UP, que evidencia que ha terminado un ciclo. El panorama es absolutamente diferente y los retos que hay que afrontar requieren un Ejecutivo que debería ganar en fortaleza y ambición. Parece que las circunstancias aconsejan un cambio notorio en la imagen de un Gobierno castigado que necesita mostrar un impulso renovador que sea recibido como tal por los electores. Desde el punto de vista de la comunicación política, un nuevo Gobierno tendría que intentar reparar los daños más importantes que ha sufrido el actual.

Objetivos a cumplir

Hay al menos cinco percepciones sociales que la conformación de este Gobierno 3.0 debería asumir:

1. Desgaste. Una época tan convulsa e intensa como la que ha vivido este Ejecutivo ha dañado algunos de sus pilares. Hay ministros muy desgastados en su imagen externa tras haber tenido que dar la cara de forma reiterada para afrontar sucesivos conflictos. Hablamos de nombres que han tenido un gran peso político y por ello han estado especialmente expuestos a los ataques de la oposición y de la opinión pública en general. La elección de estas sustituciones será la que determinará la trascendencia global de la remodelación.

2. Invisibilidad. Un segundo grupo sería el de ministros cuya actividad ha pasado completamente desapercibida y sobre los que los ciudadanos no han tenido información alguna de su gestión. Se puede discutir si esta sensación obedece a una mala gestión o a un fracaso en su actividad de comunicación pública. Lo que sí que parece poco discutible es que existe un extendido desconocimiento de lo que hayan podido hacer. En algunos casos, el problema es particularmente preocupante al tratarse de carteras que cubren ejes fundamentales para un Gobierno que quiere ser percibido como nítidamente progresista.

3. Novedad. Un tercer daño que es necesario reparar tiene que ver con el vértigo que impone la comunicación en el nuevo mundo digital en el que vivimos. Los procesos de renovación son cada vez más acelerados. Los ciudadanos, cada día a mayor velocidad, exigimos cambios que nos convenzan de que nuestros políticos trabajan activamente en la resolución de nuestros problemas. Por eso, las caras nuevas siempre son bien recibidas, aunque solo sea por su aporte de esperanza respecto a que pueden traer alguna solución. Tras una situación tan dura como la que nos ha tocado padecer estos meses, la recuperación de la ilusión es una necesidad absoluta.

4. Rejuvenecimiento. En línea con lo anterior, también parece percibirse la búsqueda por parte de los electores de cambios generacionales en sus líderes políticos. Uno de los rasgos más característicos de esta época es la imposición de lo nuevo sobre lo viejo. Afrontamos una sociedad nueva que requiere por tanto rostros actualizados que ofrezcan la percepción de que saben desenvolverse mejor en estos nuevos tiempos.

5. Alegría. El peso de la pandemia ha provocado durante meses una demoledora fatiga social. La dureza de la crisis padecida ha causado cambios a peor en la vida de muchos ciudadanos. El tiempo de angustia y desesperación vivido hace indispensable la visualización de un horizonte de recuperación y optimismo. El nuevo Gobierno necesitaría mostrar una cara más amable y alegre que pueda extenderse a la ciudadanía.

Relaciones PSOE y UP

La coexistencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se convirtió en el eje principal del arranque de esta legislatura. La llegada del coronavirus dejó esa tensión en segundo plano. Tras los resultados en Galicia y Euskadi, UP decidió el pasado verano buscar un mayor protagonismo político y abrió sucesivas polémicas públicas que mostraron las primeras divergencias dentro del gabinete. La decisión del vicepresidente de abandonar la vida política ha contribuido a apaciguar momentáneamente las disensiones internas del Gobierno.

Unidas Podemos ya ha anunciado su exigencia de mantener la cuota de poder con la que actualmente cuenta dentro del Gobierno. Pedro Sánchez no parece que vaya a poner obstáculos a cumplir lo pactado. No es previsible que surja problema alguno en este punto. Las relaciones entre PSOE y UP serán siempre un motivo de tensión en el Gobierno, aunque todo hace pensar que, a corto plazo, no se va a repetir lo vivido en etapas anteriores.

Cataluña, en otro escenario

La aprobación de los indultos a los presos independentistas era otro de los retos pendientes de Pedro Sánchez. El impacto de la iniciativa política ha resultado ser mucho menos dañino de lo que se temía en Moncloa. En cualquier caso, el Gobierno 3.0, aunque deberá gestionar las relaciones con el independentismo, no tendrá que asumir ya el proceso tan complejo y delicado que ha supuesto la concesión de los indultos.

Resulta imposible determinar ahora cómo se desarrollarán las relaciones entre el Gobierno español y el Govern catalán. Los primeros indicios señalan una continuidad de las diferencias existentes, aunque expuestas en un escenario distinto. Todo apunta a una mayor presencia del debate político y a un amortiguamiento del conflicto en la calle. También en este asunto, da la impresión de que el futuro parece menos sombrío de lo acaecido en pleno auge del procés.

Vacunas y fondos

El éxito de la campaña de vacunación también hará disminuir la presión que la pandemia ha ejercido estos meses atrás sobre el Ejecutivo. La administración central, en coordinación con las autonómicas, va a tener que enfrentarse en la vida pospandemia a posibles nuevos rebrotes. Cabe esperar que todo lo que queda por venir sea mejor que lo padecido tras la aparición y extensión del Covid-19.

Hasta ahora, la actividad del Gobierno se ha visto limitada por las circunstancias inesperadas que han condicionado su actuación. La llegada de los fondos europeos va a coincidir con una esperada recuperación económica que abre extraordinarias ventanas de oportunidad para animar y fortalecer la acción política. El futuro del Gobierno de coalición va a depender prioritariamente de cómo gestione este proceso.

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