En la OTAN se admite la traición

Según la Real Academia de la Lengua, traición es la «falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener». En la cultura castrense, la traición se considera una de las faltas más graves y deshonrosas, tanto desde el punto de vista ético-moral como legal. Su valoración es especialmente severa por el impacto que tiene en la seguridad, la cohesión y la supervivencia de la fuerza militar. 

En abril de 1949, se constituía en Washington la Alianza Atlántica, comprometiéndose las partes «a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicadas de modo que la paz y seguridad internacionales, como la justicia, no sean puestas en peligro, y a abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al empleo de la fuerza de cualquier forma que resulte incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas» (art.1).

Este artículo, que no fue respetado en relación a países no miembros de la OTAN, por primera vez se vulnera por parte de un país miembro, los Estados Unidos de América, al amenazar con anexionarse por la fuerza a Groenlandia, nación constituyente del reino de Dinamarca, miembro de la OTAN.

El propio Tratado establece en sus artículos 5 y 6 que, si se produjera un ataque armado dirigido a cualquiera de los países miembros, será considerado como un ataque dirigido a todas las partes.

Estamos pues ante un caso claro de incumplimiento de un Tratado que compromete colectivamente la seguridad los países miembros, a su soberanía y sus fuerzas armadas. Un caso claro de traición que, como queda dicho, en las leyes penales militares de la mayoría de los países, se castigan con la expulsión deshonrosa de las fuerzas armadas y con las máximas penas de cárcel o en algunos casos, con pena de muerte.

Sin embargo, a tenor de las respuestas de los países teóricamente aliados, esa traición parece ser admitida y respondida con acciones de una dudosa eficacia para poder contener la seria amenaza de Donald Trump de anexionarse por la fuerza a Groenlandia.

La traición parece ser admitida y respondida por la OTAN con acciones de una dudosa eficacia para poder contener la seria amenaza de Donald Trump de anexionarse por la fuerza a Groenlandia

Lo coherente, desde el punto de vista ético y democrático, es que los países miembros que se consideren amenazados invoquen el artículo 13 del Tratado, que establece que “cualquiera de las Partes podrá dejar de serlo, un año después de haber notificado su denuncia ante el Gobiernos de los Estados Unidos de América, el cual informará a los Gobiernos de las otras Partes del depósito de cada notificación de denuncia”.

Lo contrario, formar parte de una alianza militar con un estado que amenaza por la fuerza a otro estado miembro, en la práctica convierte a esa alianza en inoperativa. 

El anuncio realizado por Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Suecia y el Reino Unido, de enviar fuerzas armadas de reconocimiento a Groenlandia es un gesto simbólico loable pero que no parará los deseos anexionistas de Donald Trump.

Retrasar más la creación de un sistema de seguridad compartido europeo y no dar por muerta a la Alianza Atlántica sólo alimentará la política antidemocrática, unilateral y expansionista de Donald Trump.

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Willy Meyer es ex eurodiputado de Izquierda Unida.

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