El ministro israelí y los tiranos
“Está del lado de todos los tiranos del mundo y ahora está del lado de Irán”, dice, a propósito del presidente del Gobierno de España, un ministro israelí de cuyo nombre, ni quiero ni me interesa acordarme. Se cree ocurrente el ministro y no parece sino un burdo vocero del Estado matón al que representa.
Si defender el derecho internacional ante la ilegal y brutal agresión militar a otro país es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado que atiborró de armas a las más feroces dictaduras iberoamericanas para masacrar a sus ciudadanos?
Si defender el derecho internacional ante la injusticia es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado que fue apoyo incondicional de la Sudáfrica del apartheid, cuyas normas de segregación racial ha calcado para discriminar a los palestinos en su propia y ocupada tierra?
Si defender el derecho internacional ante la arbitrariedad es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado genocida, que ha asesinado a 70.000 personas: hombres, mujeres, ancianos, niños; que ha arrasado sus ciudades, sus casas, sus campos?
Si defender el derecho internacional ante el atropello es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado que mantiene en sus mazmorras al preso político más longevo del mundo: Marwan Barghouti?
Si defender el derecho internacional ante el abuso es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado que, siendo, dicen, la única democracia de Oriente Medio, es una democracia con 10.000 presos políticos, muchos de ellos menores de edad; otros muchos, sin cargos: con cargos, todos ellos, por el delito de ser palestinos?
Si defender el derecho internacional ante el atropello es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado que mantiene en sus mazmorras al preso político más longevo del mundo: Marwan Barghouti, el Mandela de nuestro tiempo, por su abnegada lucha en la cívica Intifada palestina?
Si defender el derecho internacional ante el desafuero es ser amigo de tiranos, ¿qué será ser ministro de un Estado cuyo jefe de gobierno está en busca y captura por la justicia internacional, acusado de crímenes de guerra: un Estado que necesita de la guerra, su razón de ser existencial?
Me siento orgulloso de la valiente defensa de la legalidad internacional por parte del presidente del Gobierno de España. Como español y como ciudadano del mundo: amigo de tiranos, probablemente –menos de él–, a juicio de un ministro israelí de cuyo nombre, ni quiero ni me interesa acordarme.
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Rafael Muñoz Herrador es socio de infoLibre.