La unión de las izquierdas y la Guerra Fría cultural

Los populismos en la derecha española vienen administrando elementos que refuerzan sus objetivos. La visita de María Corina Machado podríamos enmarcarla dentro de la lucha cultural, de los tiempos de una guerra ideológica que salta la gestión para encaramarse a lo simbólico. 

Isabel Díaz Ayuso promueve, dispone, activa mecanismos donde las referencias tienen que ver con esos elementos. En el mismo espacio en el que una bandera o un himno levantan los corazones de las masas, la opositora venezolana, convertida en un símbolo más, ha servido de espoleta para tratar de incendiar el panorama progresista de nuestro país. 

Nos debería preocupar que estos actos, promovidos para descoyuntar sociedades a cuenta de esa lucha cultural a la que antes aludía, no tengan un espacio donde analizar de qué manera estas acciones de las derechas conectan con un espíritu de atomización a través de elementos de distorsión.

Se enfrenta y se confronta desde una naturaleza que tiene el poso del autoritarismo como emblema. María Corina Machado es otro de los argumentos de confrontación para activar una conciencia de rechazo a la gestión de un Gobierno progresista, otra balada eterna en los cantos de sirena del PP.

Pero esto nos lleva también a otra reflexión: los intentos, hasta ahora infructuosos, de consolidar grupos de izquierda que participen, desde una conciencia social, en un proyecto común para acallar las voces que están intentando instalar discursos de validación de los populismos, guerras culturales alentadas por la fuerza de lo simbólico. 

La atomización y la pérdida de fuerza política que estamos viendo en los intentos por unificar a esas izquierdas ponen de manifiesto que falta una representación sólida y proyectos comunes para reinterpretar lo que está pasando con el ascenso de la guerra cultural de la derecha en nuestro país. No podemos estar en discursos que no sean los de proponer ilusión y fuerza en la gestión para poner dique a los movimientos más reaccionarios.

¿Es utópico pensar en un proceso de unificación?

Recordemos que la izquierda en su conjunto ha pasado por procesos de unificación, por compromisos para adaptar su filosofía a los nuevos tiempos, por modernizar, desde el abandono del marxismo por parte del socialismo, el trabajo de consolidación de sociedades libres y en igualdad, con derechos, participativas y, sobre todo, democráticas. El eslabón de las izquierdas en la cadena de modernización de España no es nada despreciable. ¿Y qué están haciendo ahora?

Si los intentos de consolidación de estos movimientos para enfrentar el auge inminente de la ultraderecha y su guerra cultural no tienen como guía la capacidad de mirar de frente a la ciudadanía, de activar mecanismos para hacerles ver una propuesta ilusionante, para acompañarles en sus deseos, en sus sueños de sociedad, en sus necesidades y es sus demandas, se habrá perdido un tiempo precioso en ese afán de ser protagonistas o de buscar un espacio de privilegio en las listas electorales, de no querer dar naturaleza a la consolidación de un grupo unitario desde la izquierda política para alcanzar al mayor número de electores.

La propuesta más progresista, con elementos demostrables de estabilidad social, riqueza, empleo, recursos públicos, compromiso y gestión ciudadana, pone de manifiesto que también hay una izquierda que sabe administrar recursos para hacer una sociedad mejor, que mira de frente a la gente para escuchar y gobernar en consecuencia, que conoce bien el resultado de una responsabilidad que tiene a las mujeres y hombres como motor en el desarrollo de sus políticas. En definitiva, una izquierda que sabe gobernar desde la izquierda. Para lo cual tendríamos que preguntarnos: ¿Es utópico pensar en un proceso de unificación?

La visita de María Corina Machado, y la consiguiente activación de un nuevo envite en la guerra cultural de las derechas, pone de manifiesto la necesidad cada vez más urgente de consolidar un proyecto firme, inteligente, ahormado y estable desde una unificación capaz de combatir con fuerzas en una guerra cultural que puede llegar a arrastrar a la derecha y la ultraderecha hacia futuros gobiernos.

Las exhibiciones de guerra cultural de las derechas de este país tienen que tener una respuesta firme en una izquierda con un claro objetivo, un discurso que demuestre la fuerza de las sociedades y el valor real de los discursos políticos y la capacidad de gestión; pero también la defensa de la inteligencia para desenmascarar lo simbólico de las derechas y proponer una cultura que nazca de la unión, no de la confrontación de los españoles y las españolas. 

La unión política puede traer una unión cultural que avale una respuesta ante los totalitarismos. ¿A qué estamos esperando?

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Javier Lorenzo Candel es poeta.

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