Los árboles no dejan ver el desierto Javier Durán
Sigue habiendo desahucios. Mientras están leyendo esto, se está produciendo uno de los 100 desahucios que se realizan cada día en nuestro país. Repito, casi 100 desahucios cada día, los 365 días del año.
Mientras los fondos de inversión o los bancos, ayudados por la Policía, recuperan unos inmuebles que probablemente se queden sin dueño hasta que desahucien al siguiente, podemos disfrutar de debates sobre si los jubilados o los inmigrantes son los culpables de la subida de los precios o sobre si se tienen que regular los precios de la vivienda cuando en ciudades como Madrid casi el 20% de los contratos de alquiler están controlados por sociedades o fondos buitre con más de 50 inmuebles alquilados.
Sigue habiendo millones de personas en listas de espera para poder tener una operación. Sigue habiendo millones de personas que tienen que esperar meses para tener una cita con un especialista, con el sufrimiento extra por la incertidumbre que eso supone. Un reciente informe revela que el cáncer ha provocado un exceso de mortalidad en Andalucía en el periodo de 2019 a 2024. Nada menos que 3.701 muertes de más por tumores malignos.
Mientras las noticias de estas comunidades que están arrasando la sanidad pública son un cúmulo de ridículas declaraciones de una presidenta perdida en la Riviera Maya mientras insulta al país que visita o noticias sobre el presidente andaluz Moreno Bonilla haciéndose fotos con Chewbacca, una vaca, diciendo que se va a hacer un nuevo tatuaje o cantando el himno de su campaña electoral, según él: “un cariñoso homenaje a Andalucía, la mejor tierra del mundo” si no tienes que utilizar la sanidad pública, supongo.
Sigue habiendo violencia machista, en todas partes, en todos lados, a todas horas. Hay más de 100.000 casos activos, repito, 100.000 casos activos, en Viogén, el sistema policial de víctimas de violencia de género. Al menos 19 mujeres han sido asesinadas solo en estos primeros meses de 2026 a manos de sus parejas o exparejas. De estos 19 agresores, casi la mitad tenían ya denuncias previas por maltrato.
Mientras vemos declaraciones de negacionistas de la violencia de género invitados por partidos de ultraderecha a las instituciones para promocionar su libro.
Sigue habiendo un genocidio en Gaza, con ataques aéreos cada día y más de 850 personas asesinadas solo desde el alto el fuego, un genocidio al que ahora se ha sumado el Líbano y que se añade a varias guerras en activo provocadas por grandes potencias.
Mientras se sigue fabricando y enviando armamento a estos países, los deportistas de Israel siguen compitiendo en todo tipo de eventos deportivos y musicales o grandes superficies siguen vendiendo con total normalidad tampones, patatas, aguacates o dátiles israelíes.
Sigue habiendo una ley mordaza vigente que limita la libertad de expresión y el derecho a informar libremente y se insulta, se amenaza e incluso se agrede impunemente a periodistas, políticos y humoristas de izquierdas sin ninguna consecuencia.
Mientras no paramos de escuchar en programas de televisión, periódicos o redes sociales a voces ultraconservadoras llorar porque sus voces están siendo silenciadas y “ya no se puede decir nada”.
Sigue habiendo Viviendas de Protección Oficial con piscina y pádel para personas que ganan más de 2.000 euros al mes o que son dadas a dedo de miembros, familiares o amigos de los partidos políticos que las adjudican.
En lugares como Islas Baleares el límite de ingresos es ¡5.000 euros al mes para una sola persona!, supongo que allí las siglas VPO significan Viviendas de Privilegio Oficial
Sigue habiendo unos ingresos mínimos que pueden superar los 2.000 euros al mes en algunas comunidades autónomas para acceder a una de estas viviendas protegidas. En lugares como Islas Baleares el límite de ingresos es ¡5.000 euros al mes para una sola persona!, supongo que allí las siglas VPO significan Viviendas de Privilegio Oficial. Los que menos ingresan tienen menos posibilidades de conseguir una vivienda digna de “Protección Oficial”, el mundo al revés.
Mientras podemos disfrutar en nuestras televisiones públicas de simpáticos PocoTalents shows en los que famosos, en muchos casos conocidos por trabajar de ser famosos, realizan reformas y diseño de interiores en viviendas que nunca podremos permitirnos.
Este artículo se publicará en infolibre y se ha escrito gracias a la información que han publicado medios como la fundación ciudadana que vigila los poderes públicos Civio'; el medio de comunicación autogestionado El Salto o la cooperativa independiente La Marea. Gracias a ellos —y a otros como Alternativas Económicas, Catalunya Plural, Crític, CTXT, Cuartopoder, Diario 16, La Voz del Sur, Luzes, Píkara Magazine, Praza Pública…— podemos distinguir entre lo que está pasando y lo que estamos viendo.
Elegir cómo nos informamos también es una forma de apartar los árboles, cada vez más frondosos por las subvenciones de los poderes económicos, y poder ver el bosque. Aunque más que el bosque, cada vez parece más el desierto en el que se están transformando nuestras sociedades mientras miramos para otro lado, el lado para el que les interesa que miremos.
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