Estado de desecho Beatriz Gimeno
Será un infierno y lo encenderá el representante de Dios en la tierra. El centro de la ciudad quedará colapsado, los transportes públicos se saturarán y el tráfico será una ratonera. Todo eso conllevará la visita del papa a Madrid, que será mejor para los creyentes que para los visitantes de la Feria del Libro, a los que se les va a poner de color hormiga lo de ir ese fin de semana a la Feria del Libro. El pasado domingo, el marido de un matrimonio que se acercó a la caseta donde yo estaba firmando mis memorias, Qué estoy haciendo aquí, me contó que ya se las había leído y me preguntó si le podía aclarar una duda. “Claro, adelante”, le respondí,
-Bueno, usted cuenta que a Rafael Alberti lo conoció en un bar de Las Rozas.
-Así es.
-Y a Joaquín Sabina en uno de la zona del viaducto de Madrid.
-Correcto.
-Y a Luis García Montero en otro de Granada.
-Sí.
-Así que no ha ido mucho a misa, ¿verdad?
Me hizo mucha gracia la broma, tan elaborada, fue de lo mejor de un fin de semana donde todo fue bueno, seguido a poca distancia por la actuación de un jovencísimo aspirante a tenor de ópera que después de que le dedicara un ejemplar me cantó a capella y de forma realmente estremecedora un aria de Madame Butterfly, de Puccini, llevándose, al acabar, una gran ovación del público que se había ido congregando a su alrededor. Pero volviendo a la historia anterior, la respuesta es que no soy asiduo de la liturgia, aunque sí de las iglesias, cuanto más solitarias, mejor, pero respeto las creencias ajenas, como todo lo que conforta a la gente que lo necesita. Así que el problema con la visita del papa no es de índole religiosa, sino política. ¿De verdad no se podía haber encontrado una fecha mejor, que no pusiera en serios apuros el desarrollo de una de las tradiciones más hermosas de la capital?
Es cierto, y es preocupante, que llevamos tiempo oyendo rumores y advertencias del Ayuntamiento, incluso el amago de algún plan, que significan que quieren llevarse la casetas-librería del Retiro: que si los árboles, que si los pájaros, que si el viento… Y trasladarlo a un Ifema o similar. Todos sabemos que eso acabaría con ella: la Feria del Libro es ahí y es ahora. No quiero especular que la visita del jefe del Vaticano esté montada a propósito para perjudicarla, pero hacer coincidir ambos acontecimientos es, a todas luces, un despropósito.
A Almeida y su tropa no parece preocuparles gran cosa la cultura, de la que sólo se acuerdan cuando es para censurarla, quitar unos versos de Miguel Hernández de un memorial u oponerse a que la estación de Atocha llevara el nombre de Almudena Grandes
A Almeida y su tropa no parece preocuparles gran cosa la cultura, de la que sólo se acuerdan cuando es para censurarla, quitar unos versos de Miguel Hernández de un memorial u oponerse a que la estación de Atocha llevara el nombre de Almudena Grandes y a que ella fuese nombrada hija ilustre o predilecta de la ciudad que tan bien retrató en sus novelas para deleite de sus incontables lectores. Pero ponerle palos en las ruedas a la Feria del Libro es perjudicar a todo el sector, que en parte vive de estos días de fiesta en que millones de visitantes van en busca de sus autores y títulos predilectos y las editoriales y librerías reciben una inyección económica básica para su supervivencia.
Que venga el Papa está muy bien, para quien lo necesite. Que su llegada transforme la semana más importante de la Feria, un error y una falta de respeto.
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