¿Para qué sirve dimitir? Ángela Rodríguez Pam
Hasta ahora el discurso de cualquier organización ecologista/medioambiental tenía (tiene) como eje central la eliminación del uso del carbón, de combustibles fósiles (gas, petróleo) y de la energía nuclear, para sustituirlos por la obtención de energías renovables a través de la implantación masiva y acelerada de captadores solares, eólicos, y térmicos o fotovoltaicos. De esta forma se combatiría el cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, el consumo de biomasa tradicional (madera básicamente) y la crisis energética que acaba con regiones enteras siempre dedicadas a agricultura o que eran simplemente Pampa, como en Argentina, para cultivar en ellas especies vegetales destinadas a biocombustibles, etc.
No obstante, la realidad es que la esfera material de la vida de la humanidad ya está decreciendo y está en juego cómo vamos a decrecer (Sonia Rubio), aunque una cosa es cierta, como siempre los más débiles son los primeros en decrecer con sufrimiento e injustamente. Fuera de lo que llamamos Occidente, los débiles son países enteros, como Sri Lanka, Líbano, Ecuador, Cuba, ..., y “dentro” de Occidente pasamos a hablar de personas y precarización. Para saber qué grado de “realidad” tienen las alternativas propuestas como elementos sustanciales de la transición energética, ahora que ya tenemos suficientes datos acumulados, los comunes debemos conocer la situación actual usando esos datos (The Oil Crash, Antonio Turiel). Quede claro que el alma de este texto proviene de datos, análisis y opiniones emitidas a lo largo de muchos años por personas referentes en este tema, como Sonia Rubio (expresidenta de Greenpeace España y Portugal, Ingeniera de Telecomunicaciones), Antonio Turiel (Doctor en Física e investigador del CSIC), Pedro Prieto (Ingeniero de Telecomunicaciones y experto internacional en energías fósiles y renovables), Alicia Valero (Doctora Ingeniera Química, especializada en la exergía del capital mineral de la Tierra), Rayonegro / Dark (autor en Substacks), y otros muchos que llevan tiempo previendo el colapso del sistema energético.
Primero, un poco de historia: el siguiente gráfico pone ante los ojos nuestro modo de vida. Vemos en él el consumo anual global de energía primaria según la fuente:
Bien sabemos que no hemos sustituido ninguna fuente de energía por otra. Hoy mismo vemos que China ha vuelto a consumir carbón masivamente para ahorrar petróleo ante los efectos de la guerra del Estrecho de Ormuz.
Problemas para afrontar una dependencia al 100% de las energías renovables. Uno de los principales es la suma de “estacionalidad”, “intermitencia” e “inestabilidad”, en cuanto a la producción de energía eléctrica desde fuentes renovables. Ver artículos de Beamspot en el blog de Turiel “The Oil Crash” (1, 2 y 3). Dependiendo de las estaciones y de las variaciones a lo largo de cada día, las centrales solares y eólicas rinden de diversa forma, especialmente las eólicas. Mientras no dispongamos de sistemas de almacenamiento masivo de energía, la intermitencia a lo largo del día en la producción energética renovable es un problema, ya que hay días nublados o sin viento, y existe la noche. En cuanto a la estabilidad sólo podemos explicarla de manera sencilla diciendo que los sistemas tienen que estar en fase pues consumimos corriente eléctrica alterna, no continua. Además, la producción de energía eléctrica, renovable o no, tiene que estar ajustada exactamente a la demanda, y ésta varía constantemente. Pensemos en cada vez que encendemos una luz, un horno, una farola, un aspirador o máquinas industriales eléctricas.
Como vimos en el reciente “apagón”, el uso de la energía eléctrica de origen solar y eólico está absolutamente unido a la producción de energía de respaldo mediante las centrales de ciclo combinado alimentadas por gas fósil. El objetivo es respaldar al sistema renovable, para cubrir las irregularidades en su producción y mantener todo el sistema eléctrico nacional interconectado en fase con tolerancias de milisegundos.
Antes de hablar del “problema de fabricación de centrales solares y eólicas” o de baterías masivas, comentamos someramente como se propone sustituir el gas fósil actual. Por el momento, solo aparece una alternativa más o menos rápida, aunque incapaz de una sustitución al 100%. Se trata del biometano. En España se consumen unos 250 TeraWatios anuales de electricidad (de los cuales una parte tiene origen en la quema de gas en ciclo combinado), pero lo fuerte es que, además, se consumen unos 350 TW de gas natural, porque la demanda térmica industrial (industria cerámica, etc.) es muy superior a la demanda eléctrica, y por el uso residencial ya que hay 8 millones de hogares con calderas. Esto es lo que se quiere sustituir con biometano, el teórico potencial de España, la sustitución del consumo residencial e industrial de gas fósil por bio, es algo que está medido y es de aproximadamente 165 TW. Esta sustitución se podría hacer con biometano pero ya no con hidrógeno verde (se acaba de abandonar a corto plazo)
¿Beneficio inicial además de la propia producción de biometano? Se usan residuos de vertederos y purines ganaderos que emiten metano, 50 veces más contaminante que el CO2, y generar biogás tiene un efecto positivo por la reducción de esos residuos. Los residuos si no se tratan se entierran y eso es dañino porque siguen las emisiones y sufrimos multas como país. Aunque la generación de biometano también genera CO2, previene la emisión de metano. ¿Problema? No hay una solución clara para un uso a gran escala (genera residuos de difícil tratamiento: el digestato), y sólo sería admisible para pequeñas centrales auto contenidas por el uso de residuos locales o muy cercanos, para no tener que transportarlos desde largas distancias. Aún no hemos hablado del transporte diésel, que supone el consumo de unos 600 TW, una auténtica locura que consume y contamina mucho más que el gas natural en términos de emisiones.
Con la energía eólica y la solar en España han hecho falta 30 años para llegar a producir 100 TW, lo cual casi cubre la mitad de la demanda eléctrica anual, pero… cero de la térmica para la industria (recordemos: 350 TW) …
Casi no tenemos glaciares, pero sí un bonito Cambio Climático para tomar cañitas, porque se ha quedado buena tarde
Como dije en otras ocasiones…. ¡cojamos aire para seguir! … aún hay un par de aspectos que a la población no se le suelen poner sobre la mesa. Producir una cantidad de electricidad similar a la fósil desde una fuente eólica o solar requiere 25 veces más materiales, más raros y complejos de extraer (Alicia Valero), y tal vez ocupar hasta mil veces más territorio con la fotovoltaica. Según Simon Michaux, el cobre necesario para sustituir la energía fósil actual es más de 4.500 millones de toneladas y al ritmo de extracción de 2019, nos llevaría 189 años; de níquel sólo harían falta 900 millones de toneladas y 400 años; cobalto 1.700 años; grafito 3.200 años… (Sonia Rubio). Materiales como el cobre están siguiendo el mismo camino que el petróleo, cada vez se extrae menos; y sin cobre no hay cables, circuitos, etc. Lean “Los costes ocultos de la energía solar fotovoltaica” (Troszak) para hacerse una idea de la gran complejidad que tiene el proceso de obtención de silicio en grado metalúrgico. Todas las refinerías de polisilicio dependen de centrales eléctricas convencionales muy fiables y suelen tener dos alimentaciones separadas de alto voltaje (Sonia Rubio). Generalmente también se omite mencionar el gasto energético de la minería (Aretxabala) para obtener el cobre, cromo, manganeso, estaño, níquel, zinc, etc. etc.
Pero los materiales para fabricar placas fotovoltaicas, la minería, el transporte de residuos y purines, y lo necesario para instalar y mantener todo, no llegan por sí solos a las fábricas o los territorios. Todo ello conlleva un gasto energético en forma de transporte, maquinaria de extracción, combustible naval y de aviación, de fabricación de esos vehículos, sus neumáticos y plásticos, acero, aluminio, cableado, etc., que disminuye la Tasa de Retorno Energético (TRE) de la central solar o eólica. O sea, la relación entre la energía que produce y la energía que se consume para fabricarla y mantenerla (muy inferior al TRE usando carbón 1:3 vs 1:10). Tenemos un muy grave problema de dependencia del diésel, entre otras cosas.
Hay limitaciones físicas en la electrificación de sectores como la minería, el transporte pesado por carretera y mar, la aviación, la metalurgia… A día de hoy la energía renovable es muy poca frente al total de energía primaria que consumimos. No hay materias primas ni petróleo/gas para fabricar el equipamiento sustitutivo a nivel mundial.
Con los datos que tenemos a día de hoy, obtenidos progresivamente por el estudio de la problemática a lo largo de las últimas décadas, “las energías renovables eléctricas no pueden sustituir a las energías fósiles” (Sonia Rubio). ¿Qué nos queda? Eso me pregunté hace seis meses, cuando después de 30 años como socio de Greenpeace España y exconsejero, leí los estudios e información mencionados. Es del todo imposible que mantengamos el modo de vida actual con una energía alternativa a las fósiles. Y con las fósiles tampoco, debemos recordar que se están acabando, hace tiempo que anualmente consumimos más petróleo que el que extraemos, de peor calidad, y sin nuevos yacimientos reseñables, idem para materiales como el cobre y muchos otros.
Esta civilización tiene que hacer una transición forzosa, poniendo en el centro las necesidades vitales de todas y todos, usando una muy pequeña parte de la energía primaria actual, consumiendo muchiiiiisimo menos, rescatando el entorno y a la vez técnicas adecuadas y viables, sobre todo en los modos de agricultura, ganadería y del cuidado del agua.
Casi no tenemos glaciares, pero sí un bonito Cambio Climático para tomar cañitas, porque se ha quedado buena tarde. ¿No les parece que este año se ha adelantado el verano?… Aprovechando el calorcito iré al Cantábrico, que ahora deja que te bañes sin tiritar.
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José Javier González es antropólogo y analista de la Fundación Alternativas
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