Trump quiere hacerse con el control de la Reserva Federal, pero su presidente resiste ante el acoso
La tregua ha durado poco. Donald Trump, en múltiples frentes internos y externos desde principios de año, ha considerado urgente reanudar sus ataques contra el presidente de la Fed, el banco central estadounidense. Aunque dice no saber nada del caso, ¿cómo no ver la mano del presidente estadounidense detrás de la ofensiva judicial contra Jerome Powell?
Retomando las acusaciones formuladas por Trump en junio, el departamento de Justicia ha abierto el 9 de enero un procedimiento contra el banquero central. Quiere investigar el desvío de los costes de las obras relacionadas con la renovación de la sede de la Reserva Federal, que ascendieron a 2.500 millones de dólares. La investigación también debe revisar las explicaciones que el presidente de la Fed dio a la comisión parlamentaria para justificar esa operación.
El procedimiento, que se suponía debía mantenerse en secreto, fue revelado por el propio Jerome Powell en un vídeo publicado el 11 de enero. “Esta nueva amenaza no tiene nada que ver con mi comparecencia en junio ni con la renovación de los edificios de la Reserva Federal”, respondió el presidente de la Fed. Considerando esta acción “sin precedentes”, estima que este procedimiento judicial no es más que un pretexto para cuestionar la independencia del banco central estadounidense. “Esta amenaza de acciones penales es consecuencia del hecho de que la Reserva Federal fija sus tipos de interés en función de su mejor evaluación del interés público, en lugar de seguir las preferencias del presidente”, explicó.
La posibilidad de nuevas interferencias políticas en las decisiones monetarias ha acentuado el malestar en los círculos empresariales y financieros. En Wall Street, los índices bursátiles abrieron a la baja. El dólar cayó frente al euro, la libra esterlina y el franco suizo. Y el oro alcanzó un nuevo récord de 4.614 dólares la onza.
Obsesión por el dinero mágico
Los círculos financieros temen que Donald Trump se mantenga firme en su postura sobre la independencia de la Reserva Federal, como lo ha hecho en tantos otros temas. En materia de política monetaria, el presidente estadounidense tiene una convicción: el dinero mágico del banco central lo puede todo. Desde su primer mandato, redobló las críticas contra Jerome Powell, a quien sin embargo nombró en 2017 presidente de la Fed, acusándolo de no bajar los tipos de interés lo suficiente ni con la suficiente rapidez.
Lo que entonces eran ataques con florete se convirtieron en ataques con bazoca tras su reelección. Tanto para él como para sus asesores, la Reserva Federal debe estar al servicio y a las órdenes del ejecutivo.
Ante la resistencia del presidente de la Fed, la Casa Blanca intentó desde abril forzar su dimisión. Tras la advertencia del Tribunal Supremo sobre el respeto de las normas constitucionales, Trump tuvo que renunciar a su proyecto. Como no pudo con él, recurrió a otra representante de la Fed, Lisa Cook, acusada de fraude hipotecario. Obligada a dimitir, fue sustituida por el economista Stephen Miran, uno de los grandes inspiradores de la política económica de Donald Trump.
Pero su presencia no basta para invertir el curso de los acontecimientos. Aunque la Fed ya ha reducido tres veces sus tipos de interés en un año, la Casa Blanca quiere más. Para sostener su imperialismo geopolítico y económico, considera que necesita un tipo de interés cero, o incluso negativo, y así tener el control de las arcas del banco central para poder financiar sin límites sus proyectos y a sus amigos. Eso no puede esperar hasta el final del mandato efectivo de Jerome Powell, previsto para finales de abril. Todo debe ponerse en marcha inmediatamente para llevar a buen término el segundo año de su presidencia.
Resistencias del segundo año
Pero poner a raya a la Reserva Federal podría resultar más complicado de lo previsto. Tras el estupor de los primeros meses de su mandato, los diferentes centros de poder de Estados Unidos, las organizaciones y una parte de la opinión pública están empezando a organizarse para resistir lo que todos consideran un intento de demolición de las instituciones democráticas estadounidenses.
La reacción de Jerome Powell es, en este sentido, un indicio. A lo largo de 2025, el presidente de la Fed mantuvo un perfil bajo e intentó dar garantías para apaciguar las iras de la Casa Blanca. Pero al decidir hacer pública la investigación judicial de la que es objeto y responder a ella, parece que ya no se encuentra en ese estado de ánimo.
Powell descarta dimitir de la presidencia, aunque se hayan iniciado procedimientos judiciales contra él. Del mismo modo, no parece plantearse ni por un momento renunciar a su cargo de gobernador de la Fed, que se supone que ocupará hasta 2028. “El interés general exige a veces mantenerse firme ante las amenazas. Seguiré haciendo mi trabajo si el Senado me confirma en el cargo, con integridad y el compromiso de servir al pueblo estadounidense”, afirmó.
Ya ha recibido el apoyo de varios responsables políticos demócratas e incluso republicanos. “Si aún quedaban algunas dudas sobre el hecho de que los asesores de la administración Trump quieren acabar activamente con la independencia de la Reserva Federal, ya no las hay. Ahora son la independencia y la credibilidad del departamento de Justicia las que están en entredicho”, ha denunciado el senador republicano Thom Tillis.
Tillis, miembro del comité bancario que controla las actividades de la Fed, ha manifestado su determinación de oponerse a la confirmación de cualquier candidato a un puesto en el banco central, incluida la presidencia, “mientras no se resuelva esta cuestión jurídica [de la independencia]”. Eso podría bloquear todos los proyectos de nombramiento de la Casa Blanca.
La senadora demócrata Elizabeth Warren le ha brindado su apoyo. En un mensaje publicado en la red social X, denuncia los planes de Donald Trump, que actúa como un “aprendiz de dictador” y abusa de la ley “para que la Reserva Federal esté a su servicio y al de sus amigos multimillonarios”. “El Senado no debe nombrar bajo ningún concepto a un candidato de Trump al frente de la Reserva Federal”, añadió.
La lenta erosión del crédito estadounidense
Las primeras reacciones de los mercados financieros parecen indicar que a los inversores no les gustan las maniobras de desestabilización de la administración Trump con respecto a Powell. Más que la promesa de tipos bajos, de una vuelta al dinero mágico, ven en ello una nueva amenaza de inestabilidad e incertidumbre en un entorno económico mundial ya de por sí bastante caótico.
El nuevo ataque de la Casa Blanca contra la independencia del banco central les parece aún más inoportuno, ya que se produce en un momento en el que Estados Unidos ve mermado su atractivo financiero. Los múltiples golpes asestados por Trump al orden internacional desde el comienzo de su segundo mandato han empañado el estatus de la primera economía mundial. En 2025, el dólar ha perdido un 9,5 % de su valor frente a una cesta de divisas extranjeras. Las reservas estadounidenses por parte de los bancos centrales extranjeros ha seguido disminuyendo de forma lenta pero persistente.
Es sobre todo el capital extranjero el que comienza a retirarse de puntillas de los bonos del Tesoro estadounidense, considerados hasta ahora como el último valor refugio del mundo. A pesar del apoyo de la Reserva Federal, el tipo de interés de los préstamos a diez años lleva más de un año por encima del 4 %. Mientras el déficit presupuestario estadounidense sigue aumentando y el país necesita más que nunca los ahorros mundiales para financiarse, el cuestionamiento de la estabilidad de la Reserva Federal podría enfriar aún más el mundo financiero. Sobre todo porque este ya se plantea muchas preguntas sobre la solidez del crecimiento económico estadounidense, así como sobre el alcance y las repercusiones de la revolución tecnológica de la inteligencia artificial.
En un año, la presidencia de Donald Trump ha minado la confianza en Estados Unidos. El cese de los responsables de las principales agencias federales, seguido del programa Doge (departamento de eficiencia gubernamental) instaurado por Elon Musk y agravado por un shutdown de cuarenta y tres días a finales de año, ha alterado notablemente la credibilidad de las estadísticas estadounidenses, en particular las relativas al empleo y la inflación. En su última reunión, los responsables de la Fed incluso indicaron que, para determinar su política monetaria, preferían basarse únicamente en sus propias cifras, en lugar de en los datos oficiales, al menos por un tiempo.
La nueva ofensiva de la Casa Blanca contra el banco central estadounidense podría mermar aún más su capital. En cualquier caso, una cosa es segura: sea cual sea el candidato designado por Donald Trump para suceder a Jerome Powell en mayo, corre el riesgo de ser visto como una marioneta del presidente. La Casa Blanca, con sus maniobras y ataques, ha minado de antemano toda su credibilidad.
Traducción de Miguel López
Los gobernadores de los bancos centrales apoyan la independencia de la Fed y a su presidente Powell
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