Cuando la tecnología suplanta al intérprete: la batalla de actores de doblaje contra la IA en Francia
Es su voz, o más bien casi su voz. Y eso lo cambia todo. Cuando Françoise Cadol se enteró, a través del mensaje de un fan que no conocía —uno de los que ella llama “los guardianes de las voces”—, de que figuraba en el catálogo de webs de pago de inteligencia artificial (IA) que ofrecen la posibilidad de que todo tipo de personalidades lean textos, actuó de inmediato.
“Es un robo, sencillamente. Nos menosprecian, nos aniquilan utilizando nuestras voces sin que hayamos dado nuestro consentimiento cuando es nuestro trabajo”, se indigna la actriz, que se encarga del doblaje en francés de estrellas de Hollywood como Angelina Jolie, Sandra Bullock, Tilda Swinton o Patricia Arquette y goza de una gran reputación en el sector y entre el público.
“Hemos decidido dar un paso al frente para cambiar las cosas”, afirma. Françoise Cadol es una de las ocho profesionales del doblaje que, el 30 de enero, enviaron requerimientos a dos empresas estadounidenses que clonaron sus voces sin su consentimiento, VoiceDub y Fish Audio.
Las páginas webs, que no han respondido a Mediapart, te cobran por leer un texto de su elección con una voz extraída de un amplio catálogo, en el que figuran, entre otras, las de Emmanuel Macron o el futbolista Kylian Mbappé, así como las voces francesas de famosos actores, actrices o personajes de ficción.
“Es mi voz, pero sin emoción, sin ninguna intención interpretativa, totalmente lineal, monótona. Pero la IA es un monstruo al que alimentamos continuamente, y pronto sabrá transcribir las emociones...”, anticipa Céline Monsarrat, la voz en francés de Julia Roberts, del personaje Dory en la película de animación El mundo de Nemo o de Bulma en el manga Dragon Ball, también involucrada en el proceso.
La acción colectiva, revelada por la AFP, es inédita y emblemática de las luchas que los actores y actrices de doblaje llevan librando tres años, cuya profesión se ve especialmente amenazada por el desarrollo a gran escala de la IA generativa.
La movilización, que reúne a los actores de doblaje francófonos más conocidos, exige a VoiceDub y Fish Audio que retiren de sus plataformas todos los “modelos de clonación que explotan [sus] voces” en un plazo de ocho días. También reclaman 20.000 euros en concepto de daños y perjuicios. Si las empresas no responden, emprenderán acciones legales.
“Estos actores y actrices han querido levantar el puño, no para explotar su coto privado, sino para señalar el peligro”, explica su abogado, Jonathan Elkaim. “La profesión del doblaje se está empobreciendo. Y, más allá de eso, ahora se puede hacer decir lo que se quiera a cualquiera. No nos oponemos por principio a la IA, que no es un demonio, pero se ha abierto la caja de Pandora”.
Además de la retirada de las voces clonadas sin autorización, el abogado afirma estar “a la espera de una prohibición formal de esas plataformas en nuestro territorio, ya que nos llevan a un terreno extremadamente peligroso”.
El Gobierno permanece en silencio
Sobre el papel, el arsenal jurídico francés es suficiente para proteger a los actores: la voz es un dato personal y cualquier reproducción sin consentimiento se considera una falsificación. El Código Civil, el Código Penal y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) son claros. Pero es necesario que esas leyes sean respetadas por las plataformas con sede en Estados Unidos.
Hace ya varios años que los profesionales del sector vieron venir el peligro. La IA generativa avanza a pasos agigantados en la imitación de voces, con resultados que algunos estudios de televisión o cine ya consideran suficientes, por lo que están empezando a prescindir de los actores de doblaje. En Francia, el sector agrupa, según las estimaciones, a unas 15.000 personas: 5.000 actores, 2.500 autores, un centenar de estudios y sus técnicos...
“La tecnología aún no está a punto, pero es cuestión de meses”, decía a principios de 2025 en Le Monde Stephan Kalb, actor, productor audiovisual y miembro fundador de la asociación Les Voix, que alerta sin cesar sobre el tema, al igual que el colectivo TouchePasMaVF (no toques mi versión francesa), que defiende un “doblaje creado por humanos para humanos”.
Llevamos mucho tiempo esperando que el ministerio de Cultura se ocupe del tema y nos reciba. Yo estoy al final de mi carrera, pero la situación es muy preocupante para los jóvenes
En diciembre de 2024 hubo una pequeña manifestación en París de profesionales del sector a instancias del sindicato CGT y la asociación Les Voix. Estas organizaciones buscan obtener cláusulas de protección y piden que se añada sistemáticamente a los contratos una cláusula “destinada a excluir explícitamente cualquier uso de sus servicios para el entrenamiento o el aprendizaje de sistemas de IA” y “la creación de voces sintéticas, independientemente de que imiten o no la voz original”.
“Llevamos mucho tiempo esperando que el ministerio de Cultura se ocupe del tema y nos reciba”, subraya Céline Monsarrat. “Yo estoy al final de mi carrera, aunque nunca dejas del todo esta profesión. Pero la situación es muy preocupante para los jóvenes, en todas las profesiones artísticas.”
Stallone, Lara Croft y Disney
Este tipo de situación no es del todo nueva. En 2024, la actriz estadounidense Scarlett Johansson consiguió que se retirara de ChatGPT una voz muy parecida a la suya, y más concretamente a la del chatbot que interpretaba en la película Her, estrenada diez años antes.
En Francia, la difusión de un tráiler francés de la última película de Sylvester Stallone, Armor, causó revuelo en enero de 2025: la voz utilizada era la de Alain Dorval, doblador histórico de Stallone fallecido en febrero de 2024. Sus herederos, su esposa y su hija, Aurore Bergé, ministra encargada de la igualdad entre mujeres y hombres, consiguieron que se retirara el vídeo, cuyo audio había sido fabricado por el estudio ElevenLabs, que en Estados Unidos es objeto de una demanda colectiva presentada por los actores y actrices que graban audiolibros.
El otoño pasado, Françoise Cadol, que también fue la icónica voz de Lara Croft en los primeros videojuegos de Tomb Raider, tuvo la desagradable sorpresa de descubrir que se había utilizado la IA generativa para hacerle pronunciar frases nuevas en las versiones remasterizadas de algunos episodios del juego. El editor, Aspyr, dio marcha atrás tras su queja.
Hoy, la actriz se alegra del gran eco que ha tenido la iniciativa que acaba de lanzar junto con sus colegas contra las web de IA. “Los medios de comunicación han respondido ampliamente, estamos actuando juntos y eso demuestra que el tema se entiende bien”, se felicita. “Y recibimos muchos mensajes: el público también se siente menospreciado, robado. Tengo esperanza.”
Otros son menos optimistas y observan cómo el tsunami de la IA comienza a azotar el sector audiovisual. En diciembre, Walt Disney, el estudio más grande del mundo, propietario de Pixar, Marvel y Star Wars, cedió a OpenAI los derechos de 200 de sus personajes para que aparecieran durante tres años en la plataforma de creación de vídeos Sora.
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En el lado desfavorable de la balanza, es posible que los actores pronto no tengan más remedio que negociar acuerdos financieros para ceder los derechos sobre sus voces.
Traducción de Miguel López