'Make democrats young again': Buttigieg y Ocasio-Cortez, las dos caras de la renovación demócrata
De la tierra de los Hoosiers o de los rascacielos de la Gran Manzana. De un estado casi olvidado o de la capital del mundo. Del lugar que vio nacer a Larry Bird y el baloncesto como religión o del glamour de los Knicks, las celebrities y el Madison Square Garden. De Indiana o de Nueva York. De dos lugares que no pueden ser más diferentes podría salir la próxima esperanza de los demócratas para asaltar la Casa Blanca. Pete Buttigieg o Alexandria Ocasio-Cortez. Alexandria Ocasio-Cortez o Pete Buttigieg. Son los dos nombres que resuenan en las filas demócratas para imbuir de savia nueva a un partido en busca de un salvador. Aún es pronto, pero muchas de las encuestas de las futuras primarias ya les colocan como claros contendientes a hacerse con la nominación junto con la excandidata presidencial y exvicepresidenta Kamala Harris o el hombre que se ha ubicado en la primera línea de la batalla contra Trump, el gobernador de California, Gavin Newsom.
Sin embargo, tanto Buttigieg como Ocasio-Cortez cumplen una condición que no tienen ninguno de los otros nombres: la juventud. De 44 y 36 años, respectivamente, representan la novedad y la renovación. De ambas cosas sabe mucho Barack Obama. El expresidente llegó a la Casa Blanca con tan solo 47 años a lomos de una ilusión que apeló particularmente a la parte más joven de los votantes. Ahora, Obama piensa que la vía para que los demócratas vuelvan a ganar las elecciones es precisamente esa, recuperar la frescura y la juventud. “Los demócratas obtenemos buenos resultados cuando tenemos candidatos que están conectados con el momento, con el espíritu de la época”, dijo en una entrevista con el youtuber Tyler Cohen.
La posibilidad, más cerca que nunca
La presencia de Alexandria Ocasio-Cortez en la Conferencia de Múnich, uno de los foros geopolíticos más importantes del mundo, fue algo más que un mero simbolismo. En las últimas semanas, el rumor de que AOC, como también es conocida por sus siglas, podría concurrir a las primarias ha pasado de ser una mera posibilidad a coger cada vez más fuerza. En ese camino, acudir a Múnich fue otro paso más para construir un perfil presidenciable, fundamental para tener opciones en los comicios del partido.
Lejos queda ya esa joven de 28 años que en 2018 derrotó por sorpresa en las primarias a la Cámara de Representantes por el distrito 14º de Nueva York al entonces todopoderoso presidente demócrata del órgano, Joe Crowley, que llevaba 20 años en su escaño. Con una campaña desenfadada, joven y aludiendo a sus orígenes obreros logró algo que parecía imposible. Desde entonces, Bernie Sanders, la cara del ala más a la izquierda del Partido Demócrata, la tomó bajo su protección y la señaló como su sucesora natural.
Ahora, con un Sanders cumpliendo 84 años y retirado de toda ambición presidencial, parece el momento propicio para llevar a cabo esa sucesión. Como su principal baza, un programa progresista con muy pocos precedentes en la historia de los EEUU. Quizás su propuesta más conocida y revolucionaria sea la sanidad pública universal (Medicare for All), una sucesión de palabras que en Estados Unidos suena como una auténtica quimera. “Ahora mismo en el país no es algo popular, y a nivel práctico parece muy complicado por el poder que tienen los seguros privados. Hay siempre que tener en cuenta que EEUU es mucho más conservador y medidas que en Europa vemos como mínimos básicos allí son vistas como radicales. Solo hay que pensar en todos los problemas que tuvo Obama para sacar el Obamacare, una reforma que aquí se vería como sentido común”, explica Francisco Rodríguez Jiménez, profesor de la Universidad de Extremadura y experto en política estadounidense.
Con todo, AOC no es alguien que se haya enrocado en esos principios de izquierdas. La congresista se está demostrando como una política muy hábil para pivotar su carrera política y acercarse a los cuadros más moderados de los demócratas. Incluso ha comenzado a apoyar a candidatos más centristas o, al menos, no tan adscritos al ala más a la izquierda. “Lejos de lo que puede parecer, tanto ella como Sanders han sido a lo largo de sus carreras legisladores muy competentes. En el caso del senador hemos visto cómo ha llegado a pactos con otros políticos de la cámara distintos ideológicamente a él para sacar adelante leyes. Ocasio-Cortez sigue ese camino. No están aislados por sus ideas”, comenta Roger Senserrich, politólogo experto en Estados Unidos.
Sin embargo, cuando se habla de Ocasio-Cortez como una posible candidata presidencial, siempre sale a colación el mismo problema: que ese perfil más progresista sea competitivo en los estados clave, mucho más moderados que la ciudad de Nueva York. “Ella funciona bien en la Gran Manzana porque representa la diversidad y la ideología más de izquierdas de esa ciudad, pero es complicado que tenga más predicamento en lugares como Pennsylvania o Wisconsin, que son los que deciden las elecciones. No da ese perfil presidenciable”, comenta Rodríguez Jiménez.
A eso se le suma otra cuestión clave, y es que, desde esas primarias del año 2018 nunca hemos visto a Ocasio-Cortez en un contexto electoral competitivo, ya que su distrito es abrumadoramente demócrata y casi se podría decir que ni siquiera tiene que hacer campaña para ganarlo. Eso deja, para los expertos, muchas cuestiones y dudas en lo relativo a cómo AOC podría funcionar en un escenario donde tenga que bajar al barro y enfrentarse a candidatos viables.
Otro punto que juega en su contra es que, desde que fue elegida, Ocasio-Cortez decidió enfocar su carrera hacia la política nacional. “Tiene un perfil muy marcado desde hace mucho tiempo. Eso tiene la parte buena de que todo el mundo la conoce, pero también una contraparte: los votantes ya tienen una imagen muy formada de ella y una opinión sobre su figura que no le permite mucho margen de maniobra. Pese a ser una congresista joven y ‘junior’, sus propuestas ya están consolidadas y eso hará que no tenga la flexibilidad de otros candidatos jóvenes. Por ejemplo, muchos votantes se construyeron una imagen de Mamdani a su propia medida, eso es algo que con AOC no se puede hacer”, afirma Senserrich.
De 'mayor Pete' a ¿'president Pete'?
El apellido Buttigieg probablemente esté en el top de palabras más impronunciables del inglés. Quizás por eso, todo el mundo ha optado siempre por llamarle por su nombre de pila, mucho más simple y directo. La historia de mayor Pete, tal y como le conocían cariñosamente sus conciudadanos de South Bend, la pequeña ciudad de Indiana de la que era alcalde, podría haber sido una de esas que salen en los libros para demostrar que el sueño americano existe.
De empezar en un garaje (en este caso una alcaldía irrelevante a nivel político), a triunfar por todo lo alto. Buttigieg era un completo desconocido cuando lanzó su campaña para optar a la nominación demócrata de 2020, pero en una de esas historias que suceden cada cierto tiempo en la política de EEUU, estuvo a punto de dar la sorpresa. Logró ganar en los caucus de Iowa, la primera cita de las primarias demócratas, y quedar segundo en New Hampshire. Es cierto que luego, cuando llegaron estados menos propicios, su campaña se desinfló y terminó dando su apoyo a Biden, pero gracias a esa irrupción consiguió darse a conocer y ser visto como un posible presidenciable.
Buttigieg se pasó la presidencia de Biden como secretario de Transportes, un puesto que, si bien no tiene la misma importancia que en España, le permitió seguir en la conversación. También fueron famosas sus apariciones durante la campaña de 2024 en Fox News y en otras cadenas conservadoras donde debatía (muy bien) contra periodistas o activistas trumpistas. Sin embargo, todo cambió con la derrota de Harris. “Buttigieg ató su futuro a Biden y al aceptar ese puesto en la Administración, tuvo la mala suerte de que, tras la victoria de Trump, no ha tenido abierta ninguna carrera al Senado o al Congreso interesante para poder tener algo de presencia”, señala Senserrich.
Eso hace que el joven tenga un camino muy complicado para las primarias. Serían tres años de total barbecho de puestos políticos, mientras otros nombres como Newsom o JB Pritzker tienen, gracias a sus puestos como gobernadores, una plataforma enorme para atacar a Trump y darse a conocer. A eso se le suma otra cuestión, Buttigieg, de llegar a la Casa Blanca, sería el primer presidente abiertamente homosexual, ya que está casado desde hace ocho años con el escritor y activista Chasten Buttigieg. “En un país con unos valores tan conservadores y donde dan tanta importancia a la familia tradicional, con un padre, una madre y con hijos, especialmente en la familia presidencial, Buttigieg sería enormemente disruptivo. No creo que estén preparados para eso aún”, sostiene Rodríguez Jiménez.
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Más allá de su vida personal, el profesor sí piensa que su perfil político podría ser más efectivo para ganar las elecciones que el de Ocasio-Cortez. Buttigieg representa al ala más centrista y moderada, con propuestas que, si bien traen reformas, en su mayoría no llegan a las sugerencias más progresistas de la congresista. Por ejemplo, el exsecretario de Transportes también proponía en su campaña de 2020 un cambio en la protección sanitaria, pero sin ser tan ambicioso como Ocasio-Cortez. Buttigieg quería un Medicare for all… who want it, es decir, una opción intermedia que conservara el modelo de seguros pero reforzando y ampliando la cobertura pública.
“Buttigieg es un grandísimo orador y un muy buen político. Pertenece al ala del partido que viene de la consultoría y del mundo empresarial. Es un tecnócrata y siempre ha dado mucho peso a los expertos. En ese aspecto, no sé si ese perfil es el que están buscando los votantes en un momento como el actual, con el populismo en auge y con un precedente como Trump. Es verdad que a veces, tras las épocas de convulsión, se busca la seguridad de los tecnócratas, pero no estoy seguro de que este sea el caso de los demócratas”, señala Senserrich. De hecho, el profesor de la Universidad de Extremadura piensa precisamente que los políticos actuales más exitosos suelen ser los que abanderan un discurso más antiestablishment, algo que no termina de casar demasiado con Buttigieg.
Eso sí, tanto Ocasio-Cortez como él tienen un deber pendiente que les quita muchas opciones en las primarias: el voto negro. Ambos se han demostrado un fracaso en atraer a este votante, con una ideología centrista, que es la columna vertebral de los demócratas. En las encuestas más recientes, AOC y Buttigieg solo consiguen el 6% y el 3% respectivamente de sus papeletas, mientras otros nombres como Newsom o Harris suben hasta el 20% y al 40%. El exalcalde es el favorito de los votantes blancos pero, sin el apoyo de los afroamericanos, parece una quimera que los dos valores jóvenes puedan tener posibilidades reales de victoria.