Ultraderecha a golpe de meme: cómo Trump busca la provocación en redes (y sus colegas europeos también)
Trump vestido como un Jedi. Trump con una corona en la cabeza, una sonrisa de lado a lado, y en la esquina un rotundo “Long Live the King” (“Larga vida al rey”). Trump vestido de Papa. Trump junto con un pingüino –bandera estadounidense en mano– adentrándose en la isla de Groenlandia. Una mujer latina siendo arrestada por el ICE en una imagen adaptada al dibujo de Studio Ghibli (sin el consentimiento de la productora). Dos flechas y dos caminos claros: una lleva hacia la Casa Blanca y sus cielos soleados; la otra, hacia China y Rusia, con lluvias y truenos. Como descripción, una consigna: Which way, Greenland man? (¿Hacia qué lugar, hombre groenlandés?).
Imágenes, memes y todo tipo de provocaciones. Desde que Trump volvió a la presidencia de los Estados Unidos, las redes sociales de la Casa Blanca han dado un giro de 180 grados. Si antes las comunicaciones oficiales eran sobrias y comedidas, ahora siguen los pasos de Trump y parecen haber adoptado sus habituales excentricidades.
Como con sus declaraciones, las redes de Trump siguen la misma lógica: para poder alzar la cabeza entre la sobrecarga de información (dañina o valiosa) lo importante es generar un contenido tan fuerte, ruidoso y polémico que consiga hacerse viral en segundos. La periodista Delia Rodríguez explica en su libro Memecracia que la era actual de la información es también “la era de la emoción y el contagio descontrolado de ideas”. Por ello, todos, desde políticos hasta famosos, buscan hacerse ver en medio de tanto ruido. Claro que, la única forma de hacerlo es a golpe de viralidad y, por lo tanto, de meme.
De ahí la nueva obsesión de la administración norteamericana. Lo que buscan es notoriedad, provocación y, por supuesto, que compartas, comentes y hagas clic. “Hay una intención de viralizar al máximo, a pesar de la reacción negativa que puedan generar. Saben muy bien los contenidos que funcionan y ellos le aplican la capa de ultraderecha, de deshumanización y de banalizar todo”, expone Janira Planes Frías, estratega de marca en Hamlet y especialista en cultura de Internet.
“El meme tiene una cierta pátina humorística que permite que las críticas o el mensaje que transmiten estén envueltos en un tono paródico, menos grave de lo que realmente es. Además, son muy llamativos, lo que facilita la difusión de un mensaje de manera sencilla y, a menudo, hiperbólica, basada en la exageración y la caricaturización constantes. En ese sentido, pueden servir para blanquear o suavizar determinadas políticas o, por otro lado, para provocar y llamar aún más la atención sobre la contundencia de ciertas medidas”, expone Miquel Ramos, investigador y analista de los movimientos de extrema derecha y los discursos de odio.
El motivo de esta provocación no es otro que conseguir un mayor engagement o interacción con sus contenidos. Los de derecha lo van a compartir siempre, eso está asegurado. La trampa llega cuando, consciente o inconscientemente, los que están en contra de sus políticas también acaban beneficiándole (al menos en redes). Llevados por su indignación y la necesidad de comentar su desacuerdo, acaban interactuando tanto con la publicación que se hace viral en segundos.
La extrema derecha europea le sigue la corriente
Los resultados están claros. Si antes los mensajes ultraderechistas eran vistos como dañinos –hasta varios usuarios fueron expulsados de Twitter por sus mensajes ultras– ahora campan a sus anchas por todas las redes sociales. Por ejemplo, en Alemania, el 78% del contenido político recomendado por TikTok favorece al partido alemán de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD), mientras que en X (antes Twitter) también son mucho más premiados por el algoritmo, según un estudio de Global Witness. Lo mismo ha pasado con la ultraderecha rumana o polaca.
Aun así, lo cierto es que, aunque los extremas derechas europeas sigan las líneas ideológicas que impone Trump, sus estrategias a nivel comunicativo no son las mismas. Pero entonces, ¿cómo consiguen que sus contenidos se hagan virales en redes? Muy fácil, no lo hacen ellos. Mientras que la figura de Trump cumple un personaje que funciona muy bien en redes, otros líderes de ultraderecha no tienen esa caracterización y tienen que buscarla en otros perfiles aparentemente alejados de sus partidos. Personajes como Vito Quiles en España o Tommy Robinson en Reino Unido no tienen un asiento en las cámaras de sus países, pero consiguen los mismos efectos –a nivel nacional– que las redes de Trump. Ira, miedo, provocación.
Los ejemplos son innumerables. En Austria, el influencer asociado al movimiento identitario –una forma de supremacismo blanco– Martin Sellner cuenta con 173,7 mil seguidores en X (antes Twitter). El ultra fue expulsado de la red social en 2020 acusado de promocionar contenido que incitaba al odio. Poco antes, estaba siendo investigado por su supuesta relación con el terrorista Brenton Tarrant, que asesinó a 51 personas en dos mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda). Elon Musk le devolvió la cuenta en 2024 y llegó a interactuar con su contenido.
En Francia, el influencer Papacito ya llega a los 33 mil seguidores en TikTok. A principios de año fue procesado por la justicia por ciberacoso contra la boxeadora argelina Imane Khelif tras los Juegos Olímpicos de París 2024 y ya en 2021, protagonizó un vídeo en el que se hacía un "llamamiento a la violencia" contra las personas de izquierda.
En España, los ejemplos están claros. Vito Quiles, Bertrand Ndongo, El Xokas, Ricky Edit o Un Tío Blanco Hetero. Desde acoso a diputados y periodistas en el Congreso (y últimamente en todas partes) a entretenimiento aparentemente inofensivo en el que de vez en cuando se les escapa un “hijos de puta” dirigido a los votantes del PSOE o un “mejor calladita” a Irene Montero. Cada vez son más y sus seguidores van en aumento. Por ejemplo, Wall Street Wolverine –difusor habitual de bulos– ya va por los más de 2 millones de seguidores entre todas sus redes sociales.
“Todo el ecosistema de la ultraderecha mediática cumple esa función políticamente incorrecta, más trivial, que tienen líderes como Trump. Ellos se venden a sí mismos como políticamente incorrectos y venden la idea, sobre todo a los más jóvenes, de que en lo que hacen ellos hay salidas laborales y pueden ganar dinero. Son perfiles también muy aspiracionales”, razona Guillermo Fernández Vázquez, profesor de la Universidad Carlos III y autor del libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa.
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Mientras que en Europa la ultraderecha todavía consigue seducir a los hombres jóvenes, los estadounidenses están comenzando a salir de esas ideas, algo que no gusta entre las filas del Partido Republicano y sus seguidores, que intentan volver a ganárselos a golpe de meme. A pesar de que Trump consiguió un gran apoyo de hombres jóvenes a la hora de volver a la Casa Blanca, lo cierto es que muchos de ellos le están dando la espalda. Ya en marzo de 2025, el Cook Political Report, mostraba que el índice de aprobación de Trump por parte de los jóvenes que le habían votado había bajado 7 puntos. Este año se ha confirmado la tendencia: en febrero bajó hasta el -31,8.
Entre los hombres Z, el patrón se repite. Tan solo un 32% de ellos aprueba su trabajo, mientras que el 66% está en contra, según una encuesta del think tank Third Way. “La estrategia de comunicación de casi todo el conjunto de la derecha radical está muy dirigida a la generación Z. Existe la sensación de que, si logran captar a los jóvenes, tienen un gran futuro por delante”, sentencia el profesor de la Universidad Carlos III.
“Ahora estamos en un momento en el que ser de derechas es contracultural, así que el tipo de contenido que hace Trump les puede gustar. Al ser tan directo, se puede ganar el reconocimiento de estos chicos, que piensan que al menos tiene agallas para decir lo que piensa. Son chicos que también reciben contenidos que están muy relacionados con la idea del alfa male (hombre alfa), que intenta emular a Trump, y todos los códigos que tiene la manosfera en redes sociales”, apunta Planes.