La Hungría post-Orbán busca la “normalización” en la escena europea

Peter Magyar, primer ministro electo de Hungría, en el Parlamento en Budapest

Corentin Léotard (Mediapart)

Budapest (Hungría) —

Tras el pulso entre Hungría y Ucrania, llega el momento de la distensión. Es solo cuestión de horas para que el petróleo Urals, más denso y pesado que el Brent del Mar del Norte, llegue a Hungría y a su refinería de Százhalombatta, a orillas del Danubio.

La empresa UkrTransNafta ha informado a la petrolera húngara MOL de que el flujo de crudo procedente de Bielorrusia, a través del oleoducto Druzhba, se reanudó el 22 de abril a mediodía en Ucrania. En consecuencia, el primer ministro saliente, Viktor Orbán, al frente del país hasta el 9 de mayo tras su derrota histórica, ha levantado el veto húngaro al préstamo europeo de 90.000 millones de euros a Kiev.

Este préstamo, crucial para las finanzas ucranianas, había sido aprobado por unanimidad por los Veintisiete en diciembre de 2025. Pero Orbán inició entonces un pulso, a raíz de un ataque militar contra el oleoducto el 27 de enero y su consiguiente paralización, durante el cual las autoridades húngaras y ucranianas se lanzaron insultos y amenazas.

Esta estrategia de tensión alimentó oportunamente la campaña electoral de Viktor Orbán, durante la cual acusó a su vecino de “intentar derrocar al Gobierno e instalar a un gobernante respaldado por Kiev”. El jueves 23 de abril, el pulso llegó a su fin con el anuncio, por parte de la presidencia chipriota de la Unión Europea (UE), de la aprobación del préstamo y de un vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, que también había sido bloqueado por Hungría con el apoyo de Eslovaquia.

Tras unos quince años de “apertura hacia el Este” y de inclinación hacia Rusia, este episodio indica que el "país transbordador” vuelve a mirar hacia la orilla occidental, tras haber estado varado en medio del río.

Una nueva jefa de la diplomacia

En los pasillos del Ministerio de Asuntos Exteriores húngaro, la derrota de Viktor Orbán se vivió como un inmenso alivio, con la perspectiva de una “normalización” de la diplomacia magiar. “Nos afianzaremos en el sistema de alianzas occidentales”, ha declarado Anita Orbán (sin parentesco con el primer ministro), que ocupará esta cartera en el próximo Gobierno.

“Anita Orbán es atlantista, con vínculos principalmente con el Partido Demócrata americano”, describe un empleado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Hungría se mostrará mucho más cooperativa y ya no desempeñará el papel de malo dentro de la UE. Se establecerán relaciones pragmáticas con Rusia, pero Hungría se alineará mucho más con las orientaciones de la UE. Se normalizarán las relaciones con los países vecinos, en particular con Ucrania.”

La noche de su triunfal victoria el 12 de abril, en un ambiente de júbilo, Péter Magyar, que asumirá sus funciones el 9 de mayo, declaró que “Hungría [volverá] a ser un aliado fiable de la Unión Europea y de la OTAN”. El miércoles 22 de abril, el Partido Popular Europeo (PPE), al que pertenece su partido Tisza, le dedicó una ovación en pie durante una aparición por videoconferencia.

Magyar no necesita ser proucraniano. Que siga su propia agenda y el interés nacional húngaro ya supondrá una enorme diferencia

Un diplomático ucraniano

En cuanto a la cuestión ucraniana, el futuro primer ministro rechaza la idea de suministrar armas a Kiev, lo cual no supone una gran diferencia. Más importante aún, se declara contrario a la adhesión de Ucrania a la UE mediante un procedimiento especial, al considerar que “un país en guerra no puede entrar en la UE”.

En cuanto a Rusia, a la que ha calificado de “riesgo para la seguridad” de Europa, no aboga por un rechazo, sino por unas relaciones pragmáticas, lo que no ha impedido que esta última reclasificara a Hungría como “país hostil” al día siguiente de las elecciones.

“Magyar no tiene por qué ser proucraniano”, señala un diplomático ucraniano destinado en Kiev. “Que siga su propia agenda y el interés nacional húngaro tal y como lo define la estrategia nacional húngara de 2020, firmada por Orbán, ya supondrá una enorme diferencia.” “No hay grandes expectativas de los ucranianos respecto a Hungría”, añade. “Solo esperamos que no bloquee lo que ya está decidido, es decir, los préstamos europeos y la apertura de las negociaciones de los seis clústeres para la adhesión a la UE”.

“Estamos dispuestos a abrir un nuevo capítulo con Hungría y tenemos un gran interés en ello”, ha declarado el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, que ya ha entrado en contacto con su futura homóloga.

Péter Magyar anunció además que pondría fin a la retirada de Hungría del Tribunal Penal Internacional (TPI), que Viktor Orbán había iniciado el año pasado como muestra de apoyo a su aliado cercano Benjamín Netanyahu.

El próximo primer ministro invitó al primer ministro israelí a las conmemoraciones de la insurrección antisoviética de 1956 el próximo mes de octubre, junto a otros jefes de Estado, pero unos días después precisó que Hungría estaría obligada a detenerlo en virtud de su adhesión al TPI, lo que hace poco probable una respuesta favorable de Netanyahu a la invitación.

Diversificación energética en beneficio de Estados Unidos

Con el cambio de gobierno en Budapest también ha llegado la hora de la diversificación energética para Hungría, que importa la inmensa mayoría de su gas y su petróleo de Rusia.

La futura jefa de la diplomacia, Anita Orbán, aboga públicamente por sustituir el gas ruso por gas natural licuado (GNL) norteamericano. Ella trabajó para la industria estadounidense del GNL, en Cheniere y posteriormente en Tellurian, donde era responsable de los mercados de Europa Central, el Sudeste Asiático y el Norte de África.

Anita Orbán también fue miembro del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) hasta enero de 2026, y miembro del consejo de administración del think tank atlantista Globsec. Contará con un importante apoyo en el Gobierno en la persona del ministro de Economía y Energía, István Kapitány, quien ha desarrollado su carrera en altos cargos directivos de la petrolera británica Shell.

El primer ministro saliente ni siquiera acudió a su último Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno

Siguiendo con el tema energético, sigue habiendo un gran interrogante sobre el futuro de Paks II, el proyecto de construcción de dos reactores nucleares VVER-1200 por parte de Rosatom, en la central de Paks. Este proyecto de 12.500 millones de euros, financiado en un 80 % por un préstamo del Estado ruso, selló el acercamiento entre Rusia y Hungría a partir de 2014.

Magyar ha hecho saber que los contratos —a los que aún no ha tenido acceso— se revisarán en profundidad antes de tomar una decisión sobre la continuidad o no del proyecto. Este último entró oficialmente en fase de construcción a principios de febrero, con el apoyo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). No se descarta —aunque sigue siendo hipotético— que el futuro Gobierno recurra a la empresa francesa Framatome, que ya debe suministrar el sistema de control de los reactores rusos, o a la firma estadounidense Westinghouse.

En una entrevista con el canal de YouTube Patrióta cuatro días después de su derrota electoral, Viktor Orbán solo expresó un pesar: no haber llevado a buen término este proyecto nuclear, inicialmente previsto para 2022.

Hungría despeja el camino

El primer ministro saliente, decano del club europeo, ni siquiera se presentó a su último Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno, que se ha celebrado jueves y viernes en Chipre. Está demasiado ocupado gestionando el traspaso de poderes, según János Bóka, su ministro de Asuntos Europeos. Péter Szijjártó, su ministro de Asuntos Exteriores, que informaba a las autoridades rusas durante las reuniones con sus homólogos, tampoco se presentó a la reunión celebrada el martes. Fin de una época.

 

Traducción de Miguel López

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