Moción PP
El PP agita la moción pero en privado espera que Sánchez se desgaste más para depender menos de Vox
El mismo Partido Popular que no quería desplazar “el foco” sobre los casos que afectan al PSOE, es el que saca a colación cada vez que puede la posibilidad de encabezar una moción de censura. Este lunes, fue el propio Alberto Núñez Feijóo quien volvió a aludir a esta cuestión en una entrevista en Telecinco, en la que trató de presionar de nuevo a PNV y a Junts, a los que ofreció una salida "instrumental" para desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa, formar un Gobierno en solitario del PP y convocar elecciones.
El líder popular aseguró que el único objetivo de ese Gobierno de transición en solitario sería “limpiar las instituciones” y aseguró que llevaría a cabo reformas —entre ellas sobre la televisión pública y el CIS— , aunque no precisó cuánto tiempo necesitaría para hacerlo, y que después disolvería las Cortes para adelantar los comicios. “184 diputados estamos pidiendo elecciones. Si los que lo dicen son coherentes y lo hacen, podemos buscar una solución en poco tiempo”, afirmó el conservador. Feijóo, en su cuenta, incluye a los diputados que han reclamado el final de la legislatura, pero eso no equivale a una mayoría dispuesta a investirle.
El líder del Partido Popular también insistió en la idea de que "para convocar elecciones no necesitamos que Vox esté en ningún Gobierno” después de que los aliados del Ejecutivo hayan rechazado de manera sistemática cualquier acuerdo que pase por la extrema derecha. Ahora, los de Santiago Abascal han dejado claro que ellos apoyarán una moción aunque no entren en ese eventual Ejecutivo, pero para PNV y Junts eso no es garantía de que no vayan a influir. Las dos formaciones son conscientes de que precipitar una operación de este calibre tendría costes en su electorado, aunque también creen que el inmovilismo tampoco les beneficia.
Pese a repetir que él está “dispuesto a todo” para desalojar a Sánchez de La Moncloa, Feijóo no se comprometió a presentar la moción si no tiene los números para ello, a diferencia de lo que hizo Sánchez hace ahora ocho años, sin tener atados los apoyos del PNV. En ese sentido, planteó que la encrucijada no la tiene el PP sino los socios del Gobierno, que deberían dar ese paso por "decencia" y confesó que era “optimista” porque en los últimos días ha percibido “movimientos” en la estabilidad del Gobierno de Sánchez. “Esta legislatura está exhausta y no da más de sí”, planteó el líder de la oposición. “¿Qué opina un votante del PNV o de Junts? Está indignado igual que el resto. Los socios tienen que tomar una decisión", zanjó.
Génova quiere que Sánchez “se cueza”
Las palabras de Feijóo buscan calmar a los que, dentro de su partido, consideran que deben hacer “algo más” que quejarse de la “corrupción del PSOE”. En privado, sin embargo, fuentes de la dirección reconocen que cuanto más se prolongue la crisis socialista, más margen tendrá la derecha para desgastar a Sánchez y menos dependerá de Vox. "Tiene que cocerse entre investigaciones, declaraciones y sentencias", resumen fuentes populares. Lo que pretende Génova es que ese deterioro termine trasladándose al ánimo del electorado progresista de cara a las próximas generales y que esa abstención beneficie al bloque de la derecha “que ya está ultramovilizado”, apuntan las citadas fuentes.
De puertas hacia afuera, todos los dirigentes del PP, incluidos los dirigentes territoriales, reclaman elecciones públicamente, pero también trabajan con la hipótesis de que una moción ahora obligaría a Feijóo a exhibir sus costuras. Necesitaría a Vox, pero también a PNV o Junts. Es decir, a fuerzas incompatibles entre sí, aunque sea por poco tiempo. En cambio, dejar que Sánchez resista en minoría, rodeado de investigaciones y con sus socios marcando distancias, consideran que permite al PP presentarse como la única alternativa de Gobierno sin tener que formalizar todavía una alianza parlamentaria imposible.
La moción, por tanto, sirve para elevar la presión sobre Sánchez, incomodar a sus socios y responder al sector del PP que reclama más contundencia. A ello se le suma que, en los últimos días, el debate interno se ha acelerado en Génova ante la preocupación de que, si el PP no capitaliza el desgaste del Gobierno, sea Vox quien recoja el malestar. Así lo verbalizó el portavoz nacional del PP, Borja Sémper, en una entrevista en Catalunya Ràdio el pasado miércoles en la que dijo que lo que está ocurriendo beneficia a los que “venden recetas fáciles a problemas complejos”, en referencia a Vox y Aliança Catalana.
¿Moción con candidato alternativo?
En paralelo, en las propias filas del PP han circulado otras fórmulas para tratar de hacer caer a Sánchez antes de 2027, el horizonte temporal que el presidente del Gobierno se ha marcado y que implica agotar la legislatura. Una de ellas es la que defendió el exministro José Manuel García-Margallo este mismo lunes en un vídeo publicado en X. Defendió una moción de censura instrumental impulsada por el PP, pero encabezada por un perfil “políticamente neutro y moralmente irreprochable”, aunque no citó nombres. Así, según Margallo, se sortearía el rechazo que provoca Feijóo en los socios nacionalistas y se reduciría el coste de una mayoría en la que coincidieran PNV o Junts.
No es la primera vez que esta posibilidad salta al debate público. En octubre de 2025, Junts ya amagó con una moción de censura que no tuviera a Feijóo como candidato y exploró la idea de un nombre alternativo o independiente para desalojar a Sánchez. Entonces, el PP evitó entrar en el debate y lo calificó como "política ficción". Ahora, fuentes de Génova son aún más tajantes y consideran esa vía una "majadería". No se abren ni siquiera a estudiarlo a no ser que los independentistas catalanes se lo planteen como condición. "El problema de España es Sánchez, no Feijóo", resumen en la dirección popular.
La negativa tiene una lógica interna. Aceptar un candidato alternativo supondría admitir que Feijóo es un obstáculo para articular una mayoría contra Sánchez. Y esa conclusión sería letal para su liderazgo, ya de por sí deteriorado según las encuestas, que apuntan a que el líder del PP no logra fidelizar a sus propios votantes. Por eso Génova prefiere mantener viva la amenaza de la moción, presionar a los socios del Gobierno y dejar que la crisis socialista siga avanzando, pero sin abrir una negociación que pueda acabar cuestionando al propio jefe de la oposición.
Gobernar sin Vox y la tesis de Aznar
Lo que sí quiso dejar claro este lunes Feijóo es que no quiere gobernar con la extrema derecha a nivel nacional porque, a su modo de ver, un Ejecutivo de coalición “siempre tiene más dificultades y tensiones internas”. En el PP admiten que “los tiempos de las mayorías absolutas han pasado” y que pactarán si hace falta, pero quieren evitar que Santiago Abascal sea su vicepresidente, emulando la fórmula del PSOE y Sumar.
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Por eso buscan que el “equilibrio de fuerzas” entre ambos les beneficie ya que, como apuntó el expresidente José María Aznar hace solo unos meses, es que el PP necesita a un Vox débil para poder gobernar porque, de lo contrario, "los españoles no nos podremos enfrentar a los problemas que queremos abordar", según planteó en un acto el pasado marzo junto al exministro Jaime Mayor Oreja.
"No es lo mismo un Partido Popular que obtenga 130 o 140 escaños acompañado por un Vox que tenga 60", que un PP "que tenga 170" con una extrema derecha muy subordinada y situada en el entorno de los 30 escaños. "En la segunda forma tendríamos una oportunidad", dijo, dando por hecho que lo primero sería muy problemático para el partido de Alberto Núñez Feijóo. En Génova coinciden plenamente.
Un mes antes, Feijóo admitió que si los electores le enviaban "otro mensaje" tendría que "matizar" su posición. Y ese ha sido, de nuevo, el mensaje que lanzó este lunes el líder de la oposición en la citada entrevista. Así, aseguró que serán los españoles los que “decidirán con su voto” si quieren que la extrema derecha forme parte del siguiente Ejecutivo, aunque su planteamiento sigue siendo intentar gobernar en solitario. Una máxima que no aplica a los gobiernos autonómicos, ya que, tras pactar en Extremadura y Aragón, el acuerdo para gobernar en Castilla y León “es inminente”, según avanzan fuentes de Génova.