Camisas viejas, sistemas rancios
Recuerdo esos proverbios africanos que hacen referencia a lo individual, egoísmo, frente a lo colectivo, solidaridad. Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado. Esas máximas hacen referencia a los plutoestados y los tecnoestados, o a los demoestados. El señor Trump, rancio anciano, pero peligroso, añade el narcoestado para justificar sus fechorías.
Detenta el poder sin más aval que su capacidad económica o militar, lo que conduce a la cacocracia, y no es la razón, la inteligencia o la cultura lo que ilumina a esos dirigentes. Desprecian a gran parte de la población, repudian conocimiento e inteligencia, y su endogamia social lleva al nepotismo, al clientelismo y al pesebrismo.
Veamos. El ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), ¿policías? Hoy, ya no. Actúan en las calles de su país, EEUU, contra sus conciudadanos. No son policías, son paramilitares que fomentan el terror en su país con amenazas y violencia. Es el estilo Trump.
Su violencia recuerda a los "camisas pardas" alemanas, la organización paramilitar del nazismo alemán, o a los "camisas negras" del fascismo mussoliniano. También aquí tuvimos –de vez en cuando reaparecen– los "camisas azules" de la Falange. Todos tenían y tienen ideología propia, rechazable, sin duda, e identificable por la uniformidad y la agresividad contra quienes no comulgan con ellos. El desprecio a los demás colores fundamenta su pensamiento único.
Los dirigentes de estas hordas muestran, como norma, la violencia, el pensamiento único y el supremacismo; corren rápido, pero no llegarán muy lejos
Para los energúmenos del ICE, su razón es la violencia, y el dinero su justificación ideológica. Hemos visto en televisión a alguno de sus miembros decir “sentirse sorprendido porque le pagaran por algo que haría gratis y gustoso”; son peores que mercenarios, ¿cabe mayor degradación? Los mercenarios sirven en la guerra a un poder extranjero; estos individuos no luchan en un país ajeno al suyo, sino contra sus conciudadanos, la misma bajeza de los camisas pardas, negras o azules, pero aquellos disfrazados de paisano, camuflados.
En 2025, casi 300.000 deportados, cientos de detenidos, algún asesinato…, actos protegidos por los pesebristas de turno. El poder judicial y la oposición parecen atenazados por el miedo instalado en la sociedad estadounidense.
Los dirigentes de estas hordas muestran, como norma, la violencia, el pensamiento único y el supremacismo; corren rápido, pero no llegarán muy lejos. Odian y desprecian la democracia; eso sí, viven dentro de ella, aprovechan su estructura y pretenden vampirizarla y transformarla en una plutotecnocracia. Estos individuos quieren ir solos. Ignoran al resto de la sociedad y, si pueden, aniquilarán el sistema que odian, y que los cobija, el Estado democrático.
Y como Estado democrático que somos, se echan de menos condenas contundentes contra esos. En este mundo globalizado, recordemos a Niemöller, nadie está a salvo de esa manada.
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Mariano De la Puente Mayenco es socio de infoLibre.