La caza del indio
Leo que colonos armados por el ejército de Israel, masacran a palestinos para robarles sus casas y sus tierras. La historia de la colonización de los pueblos por el mas fuerte y mejor armado se repite. La Biblia en una mano, o la Torá —mas condensado al limitarse a los cinco libros—, y el revolver en la otra. Lo vimos hasta la saciedad en los filmes del Oeste americano, al norte de Río Grande. El guion siempre era el mismo: colonos buscando nuevas tierras hostiles, engañados muchas veces con la fiebre del oro que no existía. El objetivo era la conquista. Pero esas tierras tenían ya dueño. La solución se repite a lo largo de la historia de los imperios que redactan su relato, el relato casi siempre alejado de la veracidad. La verdad se escribe con una palabra —el exterminio—. Al piel roja americano, orgulloso pero rebelde, le pegaban un tiro o se le confinaba en tierras lejanas, donde morían lentamente de tristeza, alcoholizados. Así se resume la conquista del Oeste, bien plasmada por Hollywood: matones, whisky, tahúres, putas y sheriffs corruptos.
La verdad se escribe con una palabra - el exterminio -.
Quizás la Biblia les prohíbe el exceso de alcohol, la borrachera y la prostitución, pero no el revolver para asesinar a palestinos, los indios que hay que exterminar, incluso a sus hijos y mujeres. El sheriff, Trump, lo permite, o se somete —no está claro—, al cowboy asesino buscado por crímenes de lesa humanidad, Netanyahu, que se mofa de una justicia que se tambalea ante el poder de la Maldad, con mayúsculas.
El genocidio que el imperio americano ha aceptado a medias, y que intentó borrar de su historia, se repite ahora en Palestina, una tierra que otro imperio —¡qué casualidad!, el británico— entregó a los judíos. Está claro: los colonos sionistas son los matones del salón; Palestina, el Far West; los palestinos, los indios a los que quieren exterminar; y Hamás es Jerónimo, que pronto morirá abandonado. Pero la tragedia también existe fuera de la pantalla: los directores, los espectadores y el mundo, que presume de defender al indio, se limitan a contemplar la masacre.
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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.