CRISIS EN CEUTA

El poder silencioso de España sobre Marruecos: depende de la península para su gas y parte de la electricidad

Foto de Archivo de la planta térmica de Fueloil Mohammedia, en Casablanca, en 2010.

El poder de Marruecos sobre la frontera sur de España se hizo notar como nunca durante el asalto a Ceuta del pasado jueves de más de 50.000 jóvenes. El acontecimiento aireó la idea de que la monarquía alauí tiene capacidad para presionar al Gobierno español tanto como quiera y de manera indefinida bajo la amenaza de una nueva ola de éxodo poblacional incontrolado. Sin embargo, España también tiene una fuerte herramienta de disuasión sobre su socio desde el punto de vista energético. Casi todo el gas natural que consume Marruecos procede de la tubería que parte de Cádiz, mientras que dos grupos de cables aportan seguridad de suministro a la red eléctrica del país.

La dependencia energética marroquí nace de la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Argelia en el verano de 2021, tras la reavivación del conflicto del Sáhara Occidental. En octubre de ese año Argelia cortó el flujo de gas a Marruecos por la importante tubería Magreb-Europa y rompió también el comercio de electricidad, convirtiendo a la monarquía alauí en casi una isla energética, solo conectada con España de manera limitada a través del Estrecho.

Ignacio Urbasos, investigador de la Universidad de Navarra especializado en relaciones internacionales y energía, opina que después de los acontecimientos de los últimos días, el Gobierno español debería explotar esta debilidad en vista de que su socio del sur está dispuesto a llevar al límite las vulnerabilidades de Ceuta y Melilla. No se trata de cortar estas conexiones energéticas ni de amenazar con hacerlo, pero sí cree que el poder disuasorio que tiene España en materia energética está muy infravalorado.

"Marruecos tiene una dependencia energética real de España, especialmente eléctrica. La disuasión depende de tener capacidad de presión, y el Gobierno la tiene", valora el analista. "Pero también depende de tener la determinación para utilizar tu fortaleza y de comunicar que la tienes, y eso es evidente que no lo hay, por eso hay que construir esa estrategia mejor de comunicación", añade.

Es difícil saber con precisión hasta qué punto Marruecos depende de la infraestructura española para su abastecimiento porque las estadísticas energéticas de ese país se publican con mucho retraso y tienen información limitada. Urbasos cree que entre el 8% y el 12% de la electricidad que se consume en Marruecos se importa desde la península ibérica, y entre el año 2000 y 2010 llegó a suponer probablemente entre el 15% y el 20%. A eso se suma que el gas que llega hasta allí desde España alimenta dos centrales eléctricas de gas, que producen otro 10% de la luz que utiliza ese país.

La conexión eléctrica entre España y Marruecos data de 1997, cuando entró en funcionamiento una primera línea de 700MW, y se amplió en 2006 con una segunda de capacidad similar. Ambas hacen el recorrido Tarifa-Fardioua y permitieron no solo que Marruecos pudiese importar energía, sino que elevó la tensión de la red marroquí de 225 kV a 400 kV y dio más estabilidad a la frecuencia de esa red, ya que ahora puede apoyarse en el sistema europeo para reducir el riesgo de apagón, otro punto a tener en cuenta.

En estos 30 años, el saldo eléctrico de estos dos conjuntos de cables ha sido siempre exportador, salvo 2019, 2020 y 2021, cuando puntualmente fue Marruecos el vendedor de electricidad a España. Entre 2021 y 2026, el 86% del flujo ha sido de España hacia Marruecos

El gas natural pasa por España

En lo que respecta al gas natural, Marruecos no es un gran consumidor –quema alrededor de 1.000 millones de metros cúbicos al año, frente a los 34.000 millones de España–, pero ese combustible es igualmente imprescindible para salvaguardar la seguridad energética de este país, ya que alimenta sus tres centrales eléctricas de ciclo combinado: Tahaddart, Al Wahda y Ain Beni Mathar. Marruecos solo produce alrededor del 10% del gas que necesita –fundamentalmente en los pozos de gas de la compañía SDX Energy–, de manera que depende del exterior para cubrir su demanda.

En octubre de 2021, Argelia –una potencia mundial en producción de gas natural– cesó su exportación a Marruecos a través del gasoducto Magreb-Europa y desde entonces prácticamente toda su demanda la importa por esa misma tubería, pero en sentido contrario, partiendo de Zahara de los Atunes (Cádiz).

La razón por la que Rabat necesita a la península ibérica para su abastecimiento es que España es el país europeo con mayor número de regasificadoras, con seis, mientras que el país norteafricano no tiene por ahora ninguna. Estas instalaciones permiten transformar a estado gaseoso el gas natural licuado que llega en metaneros desde cualquier punto del planeta. Marruecos lleva años intentando adquirir una planta regasificadora flotante para no depender del Estrecho, pero el proyecto sigue congelado.

Aunque la infraestructura gasista está ubicada en suelo español, el gas natural que compra Marruecos es de terceros países. Principalmente de un pacto con la británica Shell, con quien cerró un acuerdo en 2023, tras la ruptura de relaciones con Argelia, para adquirir cada año 500 millones de metros cúbicos al año.

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La tubería Magreb-Europa tampoco es del Gobierno español, sino que está dividida por tramos. La compañía española Enagás tiene uno de ellos, pero también Metragaz (tramo marroquí), Sonatrach (argelino) y Galp (portugués).

La construcción de una regasificadora no es el único proyecto inacabado de Marruecos. También lleva años anunciando que va a construir una tubería hasta Nigeria para importar de allí gas natural asequible con la idea de reducir la enorme dependencia del carbón para producir electricidad y de transportar el gas restante a la Unión Europea a través de España, aunque este plan se ha ido activando y paralizando de manera recurrente. 

El experto de la Universidad de Navarra opina que este proyecto es sencillamente una ilusión. "Sería pagar un gasoducto de 4.000 kilómetros para una demanda de 1.000 millones de metros cúbicos, no tiene sentido. La estrategia es desviar la atención y rivalizar con un proyecto similar que tiene Argelia para construir una tubería similar con Nigeria", afirma Urbasos.

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