Los de la cruz y el nuevo orden

Julián Lobete Pastor

“Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden y sobre todo una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladar al nuevo mundo una nueva forma de vivir”. 

Estas palabras no fueron pronunciadas por un conquistador del siglo XVI y mucho menos por una fraile evangelizador, sino por la presidenta de la Comunidad de Madrid (CAM), ahora, en pleno siglo XXI. Si se dice que es un disparate juzgar hechos del siglo XVI con una mentalidad del siglo XXI, ¿no es más asombroso que en el siglo actual se usen argumentos tan reaccionarios para justificar lo que se hizo hace cinco siglos? 

Las palabras de la presidenta madrileña no se explican sino por una profunda ignorancia sobre lo que realmente fue la llamada conquista del nuevo mundo. Es una ignorancia y falta de consistencia en la expresión consciente y buscada como parte de una estrategia política muy consciente y muy buscada. 

Por ello, es inútil recomendar a la presidenta alguna lectura sobre historia de América, como por ejemplo el libro de Fernando Cervantes Conquistadores, una historia diferente, nada sospechoso de radicalismo, o las obras de Hugh Thomas sobre la conquista de México, o las de los españoles de la época como la Historia General de las cosas de Nueva España, del fraile Bernardino de Sahagún. 

La vida sagrada

Dice la presidenta de la CAM que (los de cruz) “pusimos una forma de entender que la vida es sagrada…”. Tuvieron los colonizadores una forma peculiar de hacer entender que la vida es sagrada. Entre los factores que, según Mathew Restall (en su obra Los siete mitos de la conquista española), explican el desenlace de aquélla, están en primer lugar las enfermedades que llevaron los europeos como la viruela, el sarampión y la gripe. Durante el siglo y medio siguiente al primer viaje de Colón, la población indígena se redujo en un 90 por ciento

El segundo factor es el armamento de los conquistadores: armas de fuego, los perros de la guerra; pero Restall destaca sobre todo la espada toledana de acero frente a la obsidiana de los aztecas, cortas y frágiles, “valía más que un caballo, un arcabuz y un mastín juntos“. La cruz y la espada. 

No sólo los historiadores o los frailes de la época, como Bartolomé de las Casas o Montesinos, denunciaron las atrocidades que se cometieron. El mismo Consejo de Indias, en una reunión en Granada en 1526 presidida por el emperador Carlos V, abordó, buscando remedios , “la desordenada avaricia de munchos españoles y el maltrato infringido a los pueblos indígenas… a los que trataron con crueldad y desamor y causaron la muerte de muchos de dichos indios en tanta cantidad que muchas islas y parte de la Tierra Firme quedaron yermas y sin población alguna”. 

El mito del hombre blanco

Conviene resaltar el profundo esquema totalitario que revelan las palabras de la presidenta madrileña. “Pusimos los de la cruz, (¿católicos, evangélicos?) un nuevo orden. ¿Les suena la expresión? Y como los indígenas son ignorantes y salvajes, “había que trasladar al nuevo mundo una nueva forma de vivir“, porque los de la cruz somos superiores e imponemos nuestras reglas. El mito del hombre blanco. 

Quizá porque le guste el mito del hombre blanco, la presidenta madrileña está viajando con frecuencia a los Estados Unidos para relacionarse con lo más reaccionario de aquel país, o puede también que con algún cruzado como el secretario de guerra Pete Hegseth, justificador de guerras en nombre de la cruz, y temeroso de que América Latina pierda sus valores occidentales y cristianos por la emigración masiva. 

Aunque tampoco va a leerla, conviene recordar a la presidenta la obra de Roxanne Dumbar Ortiz La Historia Indígena de Estados Unidos

“La retirada británica en 1783 no puso fin a las acciones militares contra los indígenas –recuerda la autora citada–, sino que fue el preludio de la colonización más violenta y desenfrenada del continente. Las guerras se extendieron durante un siglo sin merma y sin pausa; en la marcha que atravesó el continente se utilizaron las mismas técnicas y estrategia de tierra arrasada y aniquilación, pero con una capacidad más letal. La palabra genocidio se queda corta, pero la mayoría de los estadounidenses creen que era el destino manifiesto de su país”. 

Para Roxanne Dubar, “no fue la superioridad tecnológica, ni la enorme cantidad de colonos, lo que impulsó el nacimiento de los Estados Unidos, y la expansión de su poderío por todo el mundo; la causa principal fue la voluntad del estado colonialista de eliminar civilizaciones enteras para apropiarse de sus tierras”, palabras que hoy pueden volver a resonar. 

Bravatas e hipérboles

Se ha afirmado anteriormente que la ignorancia y la inconsistencia de la presidenta madrileña es buscada y utilizada, todo ello a imitación de su maestro Donald Trump. 

El analista Corey Robin ha explicado que Trump pasa de una contradicción a otra y es difícil dejar de pensar que su desprecio de la consistencia y su arrogancia tambaleante forman parte de su atractivo para la derecha. Exhibe una imagen de hombre sencillo, (en el lenguaje) y no le da miedo un poco de caos y desorden. Tampoco le preocupa ofender… Como a su discípula. 

Trump cuenta su forma de dirigirse a la gente: “la clave final que promuevo es la bravata. Actúo con la fantasía de la gente que no siempre piensa a lo grande sobre sí misma, pero puede emocionarse mucho con quien sí lo hace. Por eso un poco de hipérbole nunca viene mal. La gente quiere creer que algo es lo más grande, lo mejor, lo más espectacular”. 

Bravatas e hipérboles en Trump y en la presidenta de la CAM, pero siempre escondiendo un pensamiento profundamente reaccionario.   

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Julián Lobete Pastor es socio de infoLibre.  

Julián Lobete Pastor

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