Los datos consolidados entre finales de 2025 y enero de 2026 confirman un cambio de paradigma histórico en España: por primera vez en la era democrática, el grupo de edad de 18 a 30 años se sitúa, en promedio, más a la derecha que la media de la población general. Este fenómeno no es una fluctuación temporal, sino una respuesta estructural a la precariedad económica, el rechazo a la hegemonía cultural progresista y una nueva forma de "rebeldía antisistema" canalizada a través de formaciones de derecha y derecha alternativa (alt-right).
Bajo el título Los jóvenes son más de derechas que nunca, El País (02/11/2025) destaca tres factores determinantes:
- El "Techo de Cristal" Generacional: Los jóvenes actuales son los primeros en décadas que asumen que vivirán peor que sus padres. La pandemia de 2020 actuó como un catalizador de resentimiento, encerrándolos en su etapa de exploración y devolviéndolos a un mercado laboral marcado por la inflación y la inaccesibilidad a la vivienda.
- La Masculinidad en Crisis: El desplazamiento a la derecha es especialmente pronunciado en los hombres. Muchos perciben el feminismo institucional no como una búsqueda de igualdad, sino como un ataque directo a su estatus o una criminalización de su identidad, buscando refugio en discursos que reivindican valores tradicionales.
- La Rebeldía como "Punk de Derechas": Si históricamente la rebeldía juvenil era de izquierdas, hoy la izquierda es percibida como "el sistema" (el gobierno, las instituciones, la norma académica). En este contexto, votar a la derecha o a opciones como Alvise Pérez o Vox se interpreta como el nuevo acto de transgresión.
Este giro se confirma atendiendo al sondeo de Sigma Dos en El Mundo (17/01/2026) que subraya la consolidación de la desconexión con el Gobierno por parte de la juventud que critican ferozmente la gestión de fondos y la falta de soluciones reales al problema de la vivienda. Los jóvenes ya no compran el discurso de los "logros macroeconómicos" cuando su realidad microeconómica (alquileres que consumen el 70% del salario) es asfixiante, y revela una juventud que busca respuestas fuera de los partidos tradicionales (PSOE/PP), moviéndose hacia una derecha más radicalizada.
Estos datos parecen confirmarse si atendemos a los Barómetros del CIS (2023-2025) que muestran el cruce de curvas donde los jóvenes de 18-24 años superan en autoubicación ideológica (escala 1-10) al grupo de 45-55 años por primera vez.
Por otra parte una Encuesta Social Europea (ESS) confirma que la "reacción" contra el cambio cultural es el motor principal de los varones jóvenes, pues según la teoría de la "Sociedad del Riesgo" de Ulrich Beck) los jóvenes perciben que el Estado ya no les protege de los riesgos globales (clima, crisis, inmigración), por lo que optan por la seguridad del discurso de soberanía y fronteras, lo que explica que Vox y formaciones similares tengan su mayor nicho de crecimiento en los menores de 35 años, superando en intención de voto directa al PSOE en ciertos subgrupos.
Este cambio en la mentalidad juvenil no es uniforme, ya que parece que está surgiendo un abismo ideológico entre mujeres jóvenes (más escoradas al progresismo/feminismo) y hombres jóvenes (hacia el conservadurismo), aunque en ambos sectores los partidos de izquierda han perdido el monopolio de la esperanza y la innovación política y posiblemente esta tendencia se volverá irreversible, si los partidos de izquierda no reformulan su mensaje sobre vivienda y seguridad laboral, lo que implicaría una base de votantes fieles y renovada a la derecha que podría garantizarle la hegemonía en la próxima década.
Podríamos hablar de fractura generacional de género, donde el dato clave es que la suma de PP y Vox ronda el 51,5% del voto entre los menores de 30 años, pero este porcentaje esconde realidades muy distintas según el sexo:
Para los hombres jóvenes de la Generación Z/Alpha la derecha ha dejado de ser una opción de "orden" para convertirse en una opción de "resistencia", lo que ocasiona que un 21% se sitúe en la derecha radical causado por diversas causas como el sentimiento creciente de que la igualdad institucional y las leyes de género los señalan directamente, y les hacen percibir al feminismo actual como "excluyente", lo que se une al sentimiento de frustración por su difícil acceso a la vivienda y la inflación en todos los sectores que precariza sus salarios. Estas creencias son alimentadas por las redes sociales (TikTok, YouTube, Twitch) que son su principal dieta informativa, y que les incitan a "reaccionar" contra los medios de comunicación tradicionales, que se consideran como parte del establishment progresista.
Resultado: El crecimiento de Vox es especialmente fuerte en este grupo, pasando del 13% a casi el 20% en algunos tramos de edad masculina.
Si analizamos al sector femenino joven también encontramos un ligero desplazamiento hacia el centro-derecha (especialmente hacia el PP), ya que las mujeres mantienen un perfil mucho más vinculado a valores progresistas y solo un 11% se identifica con la derecha radical. La mayoría se sitúa en posiciones de centro-izquierda o progresismo liberal.
Esta disparidad viene originada porque para ellas las políticas de igualdad, diversidad y protección climática siguen siendo pilares fundamentales en su identidad política y aunque igual que los hombres, también sufren precariedad laboral, su respuesta suele ser la demanda de mayores servicios públicos y protección social, no el desmantelamiento del Estado, a lo que se une la desconfianza al auge de figuras hipermasculinizadas en las redes sociales, generándose una barrera de entrada para votar a partidos que cuestionan consensos feministas.
Este hecho explica que aunque el PP crece entre ellas como opción de "gestión útil", el bloque de izquierdas (PSOE/Sumar) resiste mucho mejor en este segmento que entre los varones.
Es un hecho que el uso de las redes sociales es el motor de la fragmentación ideológica, pues para los jóvenes las redes ya no son solo herramientas de comunicación, sino espacios de socialización política, donde TikTok es la red principal para el votante de 18 a 24 años orientado al storytelling rápido, donde los hombres: consumen contenido de "reacción" y cortes de intervenciones parlamentarias agresivas y las mujeres un contenido más ligado a la identidad, derechos civiles y blogs personales de políticas que muestran su día a día (estilo Sumar o perfiles jóvenes del PSOE).
El uso de las redes sociales es el motor de la fragmentación ideológica, pues para los jóvenes las redes ya no son solo herramientas de comunicación, sino espacios de socialización política
En segundo lugar esta Twitch que se ha convertido en el sustituto de las tertulias nocturnas, de perfil mayoritariamente masculino controlado por partidos como Vox o figuras como Alvise Pérez, que han capitalizado este formato participando en programas de streamers donde el tono es informal, permitiendo lanzar mensajes radicales sin el filtro de un periodista crítico.
Instagram esta más orientado a la mujer joven urbana y de clase media-alta, dominando aquí el PP con una estética muy cuidada, enfocándose en un estilo de vida aspiracional y en la "libertad" de gestión.
Esta separación en el uso de las redes está provocando que hombres y mujeres jóvenes vivan en realidades paralelas, donde los algoritmos que controlan las redes hace que a un hombre rara vez se le mostrará contenido sobre brecha salarial y una mujer joven rara vez le mostrará contenido sobre la crisis de la masculinidad o críticas a la ley de libertad sexual.
Esta segmentación algorítmica es la que explica por qué, en una misma cena, un hermano y una hermana pueden tener visiones del país que parecen de siglos diferentes.
La diferenciación de contenidos de las redes no es fruto de una sola causa, sino de una confluencia perfecta de tres factores: el modelo de negocio, la psicología del usuario y la respuesta de los partidos políticos.
Para una red social (propiedad de corporaciones como Meta, ByteDance o Google), el contenido es secundario; lo primario es el tiempo de permanencia, para ello cada red vende un "estado de ánimo" distinto para atraer diferentes presupuestos publicitarios, mientras Instagram vende aspiración y estética (ideal para marcas de moda y partidos que quieren parecer modernos/moderados), TikTok vende entretenimiento y autenticidad cruda (perfecto para mensajes rápidos y emocionales). Su orientación esta orientada comercialmente, a la red le conviene mostrarte lo que ya te gusta para que no cierres la app. Esto crea las "cámaras de eco": si un joven interactúa con un video de "crítica al feminismo", el algoritmo le dará 100 más, no por ideología, sino porque sabe que eso lo mantiene conectado.
¿Por qué se orientan a los jóvenes? Porque la juventud es el grupo demográfico más valioso por dos razones que no son estrictamente comerciales: la primera es su plasticidad ideológica, ya que a diferencia de un votante de 60 años, que suele tener el voto decidido, el joven está en una etapa de formación de identidad. Es el momento donde los "impactos" pueden cambiar una trayectoria vital de voto. La segunda el que los jóvenes siempre buscan diferenciarse de la generación anterior. Si la generación de sus padres o profesores es percibida como "progresista institucional", la nueva rebeldía (y el algoritmo lo potencia) se mueve hacia el extremo opuesto.
Este hecho ha causado que los partidos políticos han entendido que las redes sociales son canales de desintermediación que evitan filtros periodísticos, así en un video de TikTok o un directo de Twitch, el político no tiene a un periodista que le repregunte o verifique sus datos. Pueden lanzar mensajes directos al "sentimiento" del joven. por otro lado la segmentación por género orienta a los partidos a lanzar mensajes "a medida, mensajes diferentes para los hombres jóvenes de Twitch/YouTube de los orientados a las mujeres en Instagram/TikTok". Esto no es casualidad; es microtargeting político.
En conclusión: La segmentación es una estrategia comercial (las redes quieren tu tiempo), pero su orientación política es una causa estratégica de los partidos, que aprovechan esa infraestructura para moldear a la generación que decidirá el futuro del país.
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José Luis Carpintero Avellaneda es socio de infoLibre.
Los datos consolidados entre finales de 2025 y enero de 2026 confirman un cambio de paradigma histórico en España: por primera vez en la era democrática, el grupo de edad de 18 a 30 años se sitúa, en promedio, más a la derecha que la media de la población general. Este fenómeno no es una fluctuación temporal, sino una respuesta estructural a la precariedad económica, el rechazo a la hegemonía cultural progresista y una nueva forma de "rebeldía antisistema" canalizada a través de formaciones de derecha y derecha alternativa (alt-right).