Queda demasiado lejos para muchos la 1ª guerra del Golfo de 1991. La promovió George Bush por la invasión y apoderamiento de Kuwait por parte de Sadam Husein. En ella se pusieron las bases de lo que fueron las masivas movilizaciones en 2003, con la consigna del “No a la guerra” con motivo de la 2ª guerra del Golfo por su hijo George Bush para derrocar definitivamente al presidente de Irak, Sadam Husein, con la excusa de que tenía armas de destrucción masiva. Recuerdo esto porque en 1991 se compró en una tienda de retales, cercana a la Plaza de Castilla, una tela blanca de tres metros, se convocó a los funcionarios de los Juzgados y a la hora señalada se concentraron cien personas entre jueces, secretarios, funcionarios, abogados y procuradores, en cuyo momento se izó la tela blanca sobre el mástil del que colgaba la bandera de España, símbolo internacionalmente reconocido por las Convenciones de La Haya y Ginebra, como se sabe, para que se diera el alto el fuego y cesara la guerra, que terminó con unas palabras del decano.
Las similitudes no pueden ser más parecidas a la situación actual. El país que promueve la guerra hoy es el mismo que el de entonces, EEUU. Los presidentes de los Estados Unidos que hoy como ayer promueven y promovieron las guerras son todos del partido republicano, George Bush padre, George Bush hijo y Donald Trump. El partido republicano de EEUU es, pues, un partido belicista. Su objetivo primero y principal es conservar su dominio imperialista mundial. Las excusas se repiten, aunque en la primera guerra Sadam Husein invadió Kuwait: el apoderamiento de las reservas petrolíferas y su extensión territorial, si quiere o puede.
Tocan ya las movilizaciones en todas las ciudades españolas con el grito unánime que han comenzado las mujeres que están organizando el 8 de marzo: “No a la guerra, no a la guerra, no a la guerra”
Días pasados, una analista política de Oriente Medio habló de las afinidades que debíamos observar en los dirigentes políticos que promovían la guerra: Donald Trump, Benjamín Netanyahu y el desaparecido líder supremo de Irán, Alí Jameneí, los tres de un extremismo de derechas radical, fascistoide, o, sin eufemismos, fascistas y, en el caso de Jameneí, teocrático, aspecto éste que no desentona tanto en Netanyahu y Trump.
Con estas breves notas que, por ejemplo, Guillermo Altares con gran eficacia ha descrito en artículos en El País y la referencia que en ellos hace de muchos analistas mundiales y estadounidenses, solo queda sacar la conclusión. Todo está dicho o escrito en esta todavía no terminada semana desde que comenzó la guerra. Los objetivos declarados, los ocultos todavía y los que se vayan manifestando con el paso de los días. Pero lo que nadie podrá ocultar y condenar, si es que tiene sentimientos, es que los bombardeos autorizados de Trump y Netanyahu han matado a cien niñas de una escuela. ¿A qué nos obliga, pues, nuestro compromiso con la paz? La más absoluta condena de la violencia y la guerra. A las movilizaciones.
Tocan ya las movilizaciones en todas las ciudades españolas con el grito unánime que han comenzado las mujeres que están organizando el 8 de marzo: “No a la guerra, no a la guerra, no a la guerra”. Solo queda que comiencen las organizaciones españolas significativas en este ámbito de paz y progreso para que se unan y llamen a todos los partidos, sindicatos obreros y de clase, organizaciones juveniles y estudiantiles, a las organizaciones feministas, fundaciones, etc., para que entre todos llamen al pueblo español, a los jubilados, a los empleados públicos, de la industria, el comercio y los servicios, a los agricultores y ganaderos, a manifestarse por la paz en el mundo y el no a la guerra. Si no es este fin de semana, al próximo. Sin tiempo que perder. En su último artículo de este miércoles, 4 de marzo, con el título Irresponsables en Oriente próximo, escribe Guillermo Altares: ”Aquellos políticos que han jaleado esta nueva guerra, incluso aquellos que se han puesto de perfil pudiendo alzar sus voces, olvidan demasiadas lecciones de la historia del siglo XX, la era de las guerras mundiales". Y yo añado, y de nuestra guerra civil y 40 años de dictadura. Irresponsables es una palabra que se aplica muy bien a todos los que han promovido o apoyado este nuevo desastre de imprevisibles consecuencias, aunque tal vez sea demasiado suave para la furia que se ha desatado en todo el mundo. Por eso creo que reforzándolas sería mejor volver a pronunciar las palabras de Julio Anguita: “Malditas sean las guerras y malditos los canallas que las hacen”. Confío mucho en que estas palabras sean acogidas como una contribución necesaria y urgente para sacar a la calle a todos aquellos que promueven un mundo mejor y más pacífico.
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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre.
Queda demasiado lejos para muchos la 1ª guerra del Golfo de 1991. La promovió George Bush por la invasión y apoderamiento de Kuwait por parte de Sadam Husein. En ella se pusieron las bases de lo que fueron las masivas movilizaciones en 2003, con la consigna del “No a la guerra” con motivo de la 2ª guerra del Golfo por su hijo George Bush para derrocar definitivamente al presidente de Irak, Sadam Husein, con la excusa de que tenía armas de destrucción masiva. Recuerdo esto porque en 1991 se compró en una tienda de retales, cercana a la Plaza de Castilla, una tela blanca de tres metros, se convocó a los funcionarios de los Juzgados y a la hora señalada se concentraron cien personas entre jueces, secretarios, funcionarios, abogados y procuradores, en cuyo momento se izó la tela blanca sobre el mástil del que colgaba la bandera de España, símbolo internacionalmente reconocido por las Convenciones de La Haya y Ginebra, como se sabe, para que se diera el alto el fuego y cesara la guerra, que terminó con unas palabras del decano.