Otro nuevo ataque a los pensionistas

Ángel Lozano Heras

¿Es realmente sostenible el actual sistema de pensiones español? Los expertos (habrá que ver quiénes y su dependencia económica y política) auguran que será obligatoria la bajada de la cantidad en la prestación y un aumento de la edad de jubilación. Ante ello, animan a complementarlo mediante el ahorro. ¡Vaya receta de los entendidos!

¡Solo saben hablar de que nos atemos el cinturón los de siempre y para ellos suculentas ganancias bancarias! Además de esta llamada a la austeridad de gasto, también los bancos tienen clara sus prioridades para mantener las sostenibilidad de las pensiones: la gestión de la vivienda propia (el que la tenga) como complemento a la pensión. Es la tradición pragmática de la Banca, las mismas recetas de siempre: “El sistema de pensiones deberá conjugar vivienda, la viabilidad financiera con la provisión de una renta socialmente sostenible y equitativa entre generaciones”. Ellos, la banca, nunca  pierden.

Pero hay que recordarles a estos eruditos de pacotilla que existen otras maneras de pagar las pensiones y sostener el sistema, aún en época postpandemia, de economía cuasi de guerra, y con una gran inflación, y con la inesperada alza de los tipos de interés.

También debemos resaltar que es muy positivo que haya tanta tercera edad (con pensiones dignas) en España porque son pensiones que sostienen la productividad de unos  y de otros. Y sobre todo porque muchos pensionistas ayudan a los hijos, incluso nietos, al pago del alquiler del piso o  hipotecas. O les echan una mano en la cesta de la compra diaria y otros cientos de gastos. Mantener ese poder adquisitivo de los pensionistas es fundamental, no solo por justicia social sino porque sus dineros –y sus ahorros– van a las tiendas del barrio y no a los paraísos fiscales.

Y sí, el futuro de las pensiones se presenta algo chungo y complicado. La demografía es inexorable: en 2050, una de cada seis personas tendrá más de 65 años, por lo que no podemos pretender que el Estado se encargue de todo. Es verdad que el envejecimiento de nuestra sociedad nos amenaza con dar un vuelco (negativo) a la economía  mundial (y a la nuestra más aún). La mayor longevidad y la caída de la natalidad comportará más gasto público e impactará en el PIB. Por eso hay que generar políticas socioeconómicas para los más vulnerables de clase media y baja. 

Reconocemos que se presenta algo más complicado el tema económico en el futuro próximo y lejano. Pero eso no significa que el sistema de pensiones no sea sostenible. Algunos duchos en la materia afirman, simplemente, que se tendrá que repartir el dinero entre más personas y la jubilación se demorará unos años. Esta es la ocurrencia de aquellos que ganan cifras desorbitadas, que no dan ejemplo de ´continencia´,  sino de avaricia e hipocresía.

Por ejemplo, P. Hernández de Cos, que dirige el Banco de España –es el gobernador– gana nada menos que 200.000 € al año (o algo más). Y claro,  le parece que es demasiado que otros ciudadanos ganen solo 13.300 € al año. No es una broma o chiste malo del señor De Cos, es una tomadura de pelo y un insulto a los más vulnerables.

Otro jefazo, el del Banco Mundial, David Malpass –metiéndonos el miedo en el cuerpo– nos alerta del riesgo de "estanflación", por la guerra de Ucrania y la crisis económica. El muy tozudo rebaja la previsión  de crecimiento global. Y se queda tan pancho; no hace nada más pero, eso sí, augura: "La guerra en Ucrania, los cierres por la covid-19 en China, los problemas en la cadena de suministros y el riesgo de estanflación están golpeando al crecimiento. Para muchos países, la recesión será difícil de evitar". Este  presidente del dinero mundial, claro, pertenece al Partido Republicano yanqui. Ni Obama antes ni ahora Joe Biden pudieron cambiarlo.

Por cierto, estanflación, señor Malpaas, también implica implica la aceleración de la inflación coexistiendo con tasas de desempleo elevadas.

Hay obscenos beneficios de empresas grandes del Ibex-35 sobre todo. Y eso también sube la inflación, pero ellos siguen pagando menos impuestos por sus ganancias.

Existen datos contundentes que prueban que no son los salarios los que disparan la inflación: se trata de los márgenes empresariales. Muchas de las grandes compañías no solo no están perdiendo, sino que están aumentando sus beneficios. Mientras, los mensajes solo apuntan en una dirección: no se pueden aumentar los salarios. Quizás en las pequeñas pymes y/o autónomos no sea así.

Abundan los grandes agoreros con el tema pensiones, e interesados en que no suban, como por ejemplo, el gobernador del Banco de España, Galán, de Iberdrola entre otros… Y les recordamos que los empresarios deben pagar más a la SS. En los Presupuestos Generales del Estado deben bajarse las partidas de la Casa Real, que tiene un superávit, al igual que la del Ministerio de Defensa y del Interior. Recortar también el mantenimiento de los miles y miles de políticos de todas las Comunidades Autónomas y otras muchas cosas innecesarias y gastos superfluos o edificios públicos, monumentos, aeropuertos… inservibles, etc. Los pensionistas están cansados de que sólo se acuerden de ellos cuando se trata de recortar gastos. Pero las pensiones no son un gasto, las pensiones son un DERECHO, adquirido trabajando toda una vida.

Está claro, nadie va de talibán en esto de las pensiones. Sabemos que para pagar los derechos sociales de los ciudadanos no queda más remedio que elevar la productividad, por un lado, y recaudar más impuestos de los más ricos –sean personas o empresas–, por otro. O sea, equilibrar los impuestos con una recaudación progresista y proporcionada. Cuidart a los más vulnerables, subiéndoles el salario mínimo, por ejemplo. O un plan anticrisis: bono transporte a 10 euros: subida de pensiones no contributivas y garantía de suministros; extender el bono eléctrico y subir las pensiones más bajas, etc. Probablemente los ´expertos´ endurecerán también el criterio de nº de años cotizados, el importe máximo de una pensión, las condiciones para jubilarse antes de la edad estipulada... 

Pero las luchas de los pensionistas están espoleadas también por el inédito encarecimiento del coste de la vida por culpa de la espiral inflacionista desencadenada por los precios de la energía y la guerra en Ucrania. No obstante, las reivindicaciones fundamentales de los movimientos y coordinadoras son la reforma de las pensiones, sus recortes y sus implicaciones para los jubilados presentes y futuros.

Resumiendo, estas son: Rechazo a la privatización de las pensiones públicas y al proyecto de Ley de Regulación para el Impulso de los Planes de Pensiones de Empleo, Revalorización de las pensiones en función del IPC real (el dato interanual de aumento de los precios que se registre a final de cada ejercicio), para así no perder poder adquisitivo.

A algunos ministros sociatas de P. Sánchez, más afines al centro derecha, les gusta meter la tijera por todas partes en los presupuestos generales y hacer falsas promesas después. Cuidadito con esos tijeretazos porque el coste en votos de cada uno de ellos es muy alto.

Hasta ahora solo la derechona pepera y los ultras de Vox no querían que se subiesen los impuestos a los más ricos, porque se enfadarían los banqueros. Tampoco se atrevían a cobrar el IBI a la Iglesia, porque se molestarían los obispos. No ponían tope a los alquileres porque se enfadarían los fondos buitres... Esto parece, más bien, un burdel financiero.

Y como cientos de veces, al PSOE le tiemblan las piernas en los momentos más decisivos en la resolución de la crisis socioeconómica de los españoles y se desmarca del resto de la Izquierda para tumbar el impuesto a los más ticos que proponía Unidas Podemos. El PSOE está –vota con ellos– con los ricos y con la derecha y ultras en temas de fiscalidad. 

Luego se llevan las manos a la cabeza, otra vez, por la catástrofe de la izquierda en las elecciones andaluzas.

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Ángel Lozano Heras es socio de infoLibre

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