¿Qué podemos hacer?
Si aceptamos que la situación actual no es fruto del azar, sino el resultado de décadas de dejación, fragmentación y manipulación, también debemos aceptar que no existe una solución mágica ni inmediata. Pero eso no nos exime de responsabilidad. Al contrario: nos obliga.
Si queremos que las cosas cambien, cada individuo y cada colectivo debe actuar desde su ámbito, con las pequeñas o grandes medidas que estén a su alcance. No hacerlo es, de hecho, una forma de complicidad.
1. Recuperar la responsabilidad individual
La primera trampa del sistema actual es hacernos creer que nada depende de nosotros. Es mentira.
Cada acto cuenta: cómo hablamos, qué compartimos, qué toleramos, a quién votamos, qué callamos.
- Pensar antes de opinar.
- Informarse fuera de las redes.
- No difundir odio, bulos ni simplificaciones.
- Asumir que la libertad exige disciplina intelectual.
La democracia no se degrada solo por los poderosos, sino también por ciudadanos perezosos.
2. Volver a hablar cara a cara
Las redes han sustituido la conversación por el exabrupto y el matiz por el insulto.
Debemos:
- Recuperar el diálogo personal.
- Escuchar sin interrumpir.
- Discutir ideas sin deshumanizar al otro.
Hablar crea comunidad. El aislamiento crea súbditos.
3. Reeducarnos políticamente
La política no es un espectáculo ni un concurso de pureza ideológica.
Hay que:
- Aceptar el pacto como virtud democrática.
- Entender que el adversario no es el enemigo.
- Priorizar lo común sobre lo identitario.
La izquierda —y los demócratas en general— deben dejar de confundir la coherencia con la autodestrucción.
4. Exigir unidad en lo esencial
La fragmentación solo beneficia a quienes desean desmantelar derechos.
No se trata de renunciar a principios, sino de:
- Identificar mínimos compartidos.
- Defender el Estado social.
- Blindar derechos básicos: educación, sanidad, vivienda, trabajo digno.
Quien antepone siglas, egos o matices estériles a estos mínimos está trabajando —consciente o inconscientemente— para el adversario.
5. Reivindicar la ética sin complejos
La izquierda ha abandonado demasiado a menudo el terreno moral, dejándolo en manos de hipócritas.
Es urgente:
- Recuperar la ética del bien común.
- Hablar de deberes además de derechos.
- Defender la dignidad humana sin excepciones.
La moral no es patrimonio de la derecha ni de la religión institucional. Es una exigencia humana básica.
La historia no avanza sola ni siempre hacia adelante. A veces retrocede porque demasiados miran hacia otro lado
6. Educar en el esfuerzo y el límite
La promesa de crecimiento infinito y felicidad inmediata es una estafa.
Debemos:
- Reivindicar el esfuerzo.
- Aceptar límites.
- Valorar la sobriedad frente al consumo compulsivo.
Sin límites no hay libertad; solo adicción.
7. Combatir la idiotez digital
No se trata de demonizar la tecnología, sino de ponerla en su sitio.
Eso implica:
- Reducir el tiempo en redes.
- Enseñar pensamiento crítico.
- Denunciar la manipulación algorítmica.
Una ciudadanía distraída es una ciudadanía dócil.
8. Cuidar los espacios colectivos
Asociaciones, ateneos, sindicatos, cooperativas, parroquias comprometidas, movimientos vecinales.
Ahí se aprende democracia real:
- Participando.
- Asumiendo responsabilidades.
- Resolviendo conflictos sin huir.
Sin tejido social no hay democracia, solo administración del descontento.
¿Qué debemos evitar?
Tan importante como actuar es no caer en trampas:
- El cinismo (“todos son iguales”).
- La abstención como protesta.
- El insulto como argumento.
- La nostalgia paralizante.
- La superioridad moral estéril.
Nada de eso cambia nada. Solo nos vuelve irrelevantes.
Para terminar
No somos héroes ni salvadores. Pero tampoco somos espectadores.
La historia no avanza sola ni siempre hacia adelante. A veces retrocede porque demasiados miran hacia otro lado. Si algo hemos aprendido quienes hemos vivido dictaduras, transiciones y gobiernos municipales con pocos medios pero mucha convicción, es que la democracia se cuida cada día o se pierde.
No sabemos si llegaremos a ver los frutos. Pero sí sabemos algo con certeza:
si no hacemos nada, los frutos serán amargos.
Algo tendremos que hacer.
Y esta vez, hacerlo de verdad.
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Joaquim Canadell Casanova es socio de infoLibre.