Vivir del cuento

Verónica barcina

La expresión “vivir del cuento” define el modo de vida de quienes subsisten sin trabajar, sin esforzarse, valiéndose de engaños, de triquiñuelas o de terceros (familiares o amistades), y llevan una vida parásita como la cigarra de la fábula de Esopo. Se trata de una aspiración de quienes buscan una salida rápida de una realidad que les impide acceder a todo lo que los mercados ofrecen y su situación económica les niega. Otros viven del cuento por herencia, linaje u otras circunstancias. Son formas de vida propias del género picaresco.

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La picaresca mantiene en el siglo XXI muchos rasgos que despuntaron en el siglo de Oro como propios del antihéroe de baja estofa (Lázaro de Tormes o Guzmán de Alfarache) que se valía del ingenio y de la astucia para sobrevivir en una sociedad hipócrita y corrupta. Los siglos XVI y XVII vivieron la decadencia de la hidalguía y de valores como el honor, circunstancia reflejada en el tercer amo de Lázaro que, simulando nobleza y riqueza, vestía elegante y cuidaba su aspecto a pesar de vivir en una miseria extrema, manteniendo las apariencias y prefiriendo con orgullo clasista morir de hambre a la deshonra de trabajar.

Observen a quienes viven del cuento con maestría, aparentando valía para desempeños por encima de sus posibilidades y más allá de un talento por lo común escaso

Hay pícaros en todos los estamentos sociales de esta España hipócrita y corrupta que reclaman como virtudes propias lo que no son sino vicios, delitos y pecados cuando son otros quienes los practican. La decadencia de la patria, de sus gentes y sus valores, reproduce un ambiente de patio de Monipodio donde medran rufianes y bribones, políticos y desafectos, currantes y patrones, palurdos e ilustrados, inopes y ricachones, plebeyos y borbones, con la complicidad de alguaciles, la anuencia de justicias, la bendición del clero, el aplauso de voceros y la algarabía de pregoneros. Patio de Monipodio corrupto y podrido.

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Diera la impresión de que el político es el ámbito con mayor concentración de pícaros y bribones. Soto del Real pudiera ser prueba de que funciona el Estado de Derecho si no quedase fuera el grueso de la pillería y si quienes entran lo hiciesen sin ventajas. Pero dejen a un lado a reos, convictos y penados y observen a quienes viven del cuento con maestría, aparentando valía para desempeños por encima de sus posibilidades y más allá de un talento por lo común escaso. Son modelos y ejemplos de ello Abascal y Ayuso.

El primero llegó al PP con 18 años, comenzando sus andanzas como concejal y procurador de las Juntas de Álava hasta ascender a diputado del Parlamento Vasco en sustitución de compañeros. Tras breve aprendizaje, desempeñó cargos en el partido que le llevaron al de director gerente en un chiringuito de Aguirre hasta que fundó Vox, invento de FAES para forzar la derecha sin complejos exigida por Aznar, donde vive del cuento este caudillo de limitadas mientes manejando las opacas cuentas del partido, purgando a su militancia díscola y ofreciendo una panoplia de odios sectarios como único y violento programa.

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Ayuso llegó al PP en 2005. Su carrera política y los pelotazos en sus entornos cercanos han sido fulgurantes. Vive del cuento en el PP madrileño donde la han usado lo mismo para llevar el área virtual del partido que el Twitter del perro de Aguirre. Candidata por descarte, una carambola electoral a tres bandas la hizo presidenta de una institución con acreditada tradición en corrupción. Sabedores en Génova 13 de su incompetencia para elaborar discursos y atender a la prensa sin chuletas, le han puesto una dipsómana niñera de canosa barba y colmillos retorcidos. Como Monipodio, a la pícara de Chamberí le gusta rodearse de vividores del cuento como un tal González Amador, Nacho Cano o Toni Cantó.

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Verónica Barcina es socia de infoLibre.

La expresión “vivir del cuento” define el modo de vida de quienes subsisten sin trabajar, sin esforzarse, valiéndose de engaños, de triquiñuelas o de terceros (familiares o amistades), y llevan una vida parásita como la cigarra de la fábula de Esopo. Se trata de una aspiración de quienes buscan una salida rápida de una realidad que les impide acceder a todo lo que los mercados ofrecen y su situación económica les niega. Otros viven del cuento por herencia, linaje u otras circunstancias. Son formas de vida propias del género picaresco.

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