Las guerras cognitivas y las batallas del sí Víctor Guillot
Hay poderes que no necesitan ocupar el Estado, les basta con encontrar una rendija por la que colarse para colonizar sus sistemas. Esa rendija puede ser la necesidad de ordenar mejor la información, o de herramientas que permitan al propio Estado decidir qué merece prioridad y qué cuestiones pueden quedarse al final de la lista, esperando tiempos mejores. A ese tipo de poderes no les hace falta tomar el palacio, sólo necesitan hacerse con el control de la puerta, desde la que son capaces de trabajar con gran éxito para convertirse en imprescindibles.
En estos últimos días, uno de estos poderes, la megacompañía tecnológica estadounidense Palantir, ha presentado públicamente su carta de intenciones en forma de un manifiesto que no tiene desperdicio. Hay que agradecerle que no se haya dejado nada en el tintero en este primer programa político de una empresa tecnológica: la deuda moral de la élite de Silicon Valley con la defensa de la nación; la necesidad de mano dura (en forma de software) para que las sociedades democráticas prevalezcan; la mili obligatoria; la supremacía religiosa; el desprecio al pluralismo… Ahora ya no queda duda de por dónde van sus tiros y nadie podrá decirnos que no estábamos avisados.
No estamos hablando de una empresa más de Silicon Valley, sino de una compañía que lleva años creciendo allí donde el poder público se vuelve operativo: seguridad, defensa, sanidad, policía. Hace tiempo que su negocio no consiste sólo en vender software, sino en ofrecer a los gobiernos su propia fórmula para reunir datos, procesarlos y convertirlos en decisiones. Ya trabaja con la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU y su responsable de tecnología tiene despacho propio en el Pentágono. Ha extendido sus tentáculos a casi todas las formas perversas de autoridad, como el ICE de Trump o el Ejército de Netanyahu.
Londres está a un paso de externalizar una parte importante de sus decisiones estratégicas en manos de la compañía fundada por Peter Thiel, uno de los millonarios que financiaron la campaña de Trump
¿Y por qué traigo hoy a Palantir al Cuarto de máquinas? Porque su tecnología con inteligencia artificial ha puesto el ojo en Europa una vez que ha colonizado el corazón mismo del Estado estadounidense. La puerta de entrada ha sido el Reino Unido, donde ha firmado contratos con el Sistema Nacional de Salud británico, el Ministerio de Defensa, distintos ayuntamientos y cuerpos policiales menores. Y ahora negocia un contrato multimillonario con Scotland Yard que podría darle acceso a datos sensibles de víctimas de delitos en el Reino Unido.
Palantir ha encontrado ya la rendija por la que colarse en Europa y aquí el problema no es la innovación, es quién entra en la cocina de las decisiones públicas más importantes, quién organiza la información con la que se toman las decisiones y cuál es su agenda. Porque ahora, manifiesto mediante, ya sabemos que la tiene. Londres está a un paso de externalizar una parte importante de sus decisiones estratégicas y de dejarlas en manos de una compañía fundada por el estratega político e inversor Peter Thiel, uno de los millonarios que financiaron la campaña de Trump.
Y Thiel, al igual que la empresa que ha fundado, tampoco esconde sus ideas conspiranoicas. A la vanguardia del conservadurismo estadounidense, se define como un cristiano ortodoxo y se sabe de él que vive preocupado por el anticristo y la llegada del Armagedón, que podría acelerarse por los límites impuestos a la tecnología, las agencias internacionales o el ecologismo. Lleva más de una década en el círculo cercano a Trump y es uno de los impulsores de la carrera de JD Vance. El epítome de la oligarquía tecnológica. Hizo su primera fortuna como cofundador de Paypal y desde ese momento ha sumado miles de millones de dólares a su cuenta invirtiendo en Facebook, SpaceX, OpenAI y otras compañías tecnológicas. En resumen, la mezcla perfecta de dinero, tecnología y buenas relaciones políticas.
La incursión de la élite de Silicon Valley en el corazón del Estado británico no ha pasado inadvertida en las islas. Seguramente han ayudado los focos mediáticos sobre el manifiesto con las ambiciones reales de Palantir. Esta semana, más de 200.000 personas han pedido al Gobierno británico que rompa los acuerdos ya firmados. Algo más que lógico, si se tiene en cuenta que ahora sabemos el tipo de sociedad al que aspira el gigante tecnológico. Hay cesiones que no necesitan de una ley para convertirse en realidad, y parece que cada vez son más los ciudadanos que no están dispuestos a firmar ese contrato.
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