A vueltas con la macroeconomía…

Antonio García Gómez

Y con las de la microeconomía también.

Josu Jon Imaz fue un prometedor político vasco que llegó a presidir, de 2.004 a 2.007, el PNV. Luego abandonó la política y se dedicó al eufemismo de llevar a cabo una actividad privada. Su talento y su esfuerzo le han llevado a ser Consejero Delegado en España de Repsol. El año pasado “se subió” el sueldo un 15%. Ya cobra por encima de los 4,2 millones de euros al año. Probablemente, por otra parte, a la altura de algunos de los mejores futboleros de nuestro deporte rey, vamos un pastón con revisión al alza. La subida real, el año pasado, de los sueldos de los trabajadores medios, no sobrepasó en ningún caso el 2.2%. Por su parte Repsol duplicó sus beneficios.

En todo caso y a pesar de las contingencias pavorosas, los nubarrones negros en el panorama internacional, que asustan el futuro inmediato, la economía española avanza y el empleo crece y el desempleo decrece. El paro descendió en el segundo trimestre al 12,5%, el más bajo desde 2.008”, con una creación este mes pasado de 617.000 empleos fijos y tasa de paro del 12,48%.

Y, sin embargo, en su declaración de final de curso, sin preguntas de los periodistas, el inefable líder de la oposición declaró que, prácticamente, España está en recesión y que sólo su partido lograría enderezar el rumbo a mejor.

Al mismo tiempo que las grandes empresas, concretamente, “energéticas y bancos”, declaran muy satisfechos sus millonarios beneficios, imparables y sustanciosos.

A la vez que ya muestran su incomodidad, estas mismas empresas, ante la posible subida, pírrica por otra parte, de impuestos, de contribución fiscal. Especialistas en aconsejar a los demás cómo deben contribuir al esfuerzo común, en cuanto les toca a ellas la cosa ya no pinta igual. ¿Se acuerdan de cuando nos acusaban de “vivir por encima de nuestras posibilidades”? A ver si ahora va a resultar que “¿ahora son ellas, las grandes empresas, las que están ganando por encima de sus posibilidades?”

Se recuerda, por ejemplo, la presión, con amenaza de huelga incluida, de los dueños de las casetas en la feria de abril de Sevilla pasada, ante la simple insinuación de posibles inspecciones para asegurar que la Ley laboral se cumpliera. Por cierto, este año, se superaron todas las expectativas de buen negocio, a pesar de la amenaza de huelga. Paradójicamente, España es el país con una tercera parte de inspectores respecto a la media europea.

Por lo que junto al crecimiento del empleo en general y en titulares, el subempleo sigue presente, la explotación del asalariado de igual manera, achuchando y cicateando el salario y las condiciones. Como si fuera poco honorable tratar y pagar bien al trabajador que, a la postre, es quien levanta la empresa, quien se deja el alma y el cuerpo, el que recibe un magro sueldo y el que habrá de consumir, al precio que se lo pongan manteniendo el sistema de la desigualdad en auge.

Cuando en consecuencia, a lo que se aspira que se aspira es al descontrol que favorezca a los de arriba, en nombre de una “libertad” manoseada y prostituida por quienes saben cuáles son las mejores tajadas y cuáles las migajas. Por mucho que exhiban su patriotismo en las pulseras de sus muñecas.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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