Zohran Mamdani debería de ser español
No es nada nuevo, desde hace mucho tiempo el clima político en España está cargado, muy cargado y a veces resulta exasperante. Lo bonito que sería cara al presente año 2026 que pudiéramos tener y desarrollar una teoría política potente, radical y democrática, inspirada en figuras como Zohran Mamdani, que vaya justo al corazón de los problemas. Necesitamos unos cuantos Mamdani en la política española.
Vamos a intentar no dar ningún nombre propio más, vamos a señalar un ecosistema político-mediático que se reproduce aunque cambien las caras.
Mamdani, a quien los republicanos consideran casi un comunista o un liberal empedernido y algunos demócratas lo consideran demasiado izquierdista, gana porque habla de cosas muy concretas y ha prometido grandes cambios: alquileres asequibles, guarderías gratuitas, transporte gratuito, sanidad para todos, apoyo a los migrantes, mejorar el tiempo de vida de los trabajadores, de salarios dignos...
No dice “ellos son malos”, dice: “Mientras ellos hablan de banderas, tú pagas 900 dólares por una habitación”. Y así, muchas, muchas cosas más, porque todo esto desarma mucho más que los insultos. No hace falta "acabar con nadie". Hace falta hacer irrelevantes ciertos discursos porque ya no explican la vida de la gente. Eso es mucho más eficaz, mucho más duradero y, además, no convierte al adversario en mártir. Si atacamos solo a las figuras, el sistema se defiende regenerándolas, uno se va y aparece otro igual o peor. Mientras tanto, nos azuzan con banderas que lucen en sus muñecas y balcones, con okupas imaginarios, con la ETA y otras nostalgias varias.
Ahora trabajar no garantiza que se pueda vivir con dignidad, alquilar se ha convertido en ruleta rusa, enfermar cuesta tiempo, dinero y dignidad.
No es un fallo del sistema, el problema no es que falte mérito, es que sobran otras cosas y no vivimos peor porque la gente se esfuerce menos, vivimos peor porque una minoría especula y se aprovecha de todo para beneficio propio: se aprovecha de la vivienda, de la salud, del trabajo, de la energía, de los cuidados, del tiempo de ocio...
Ahora trabajar no garantiza que se pueda vivir con dignidad, alquilar se ha convertido en ruleta rusa, enfermar cuesta tiempo, dinero y dignidad
Nos intentan engañar señalando como culpables a los que llegan muy justos a fin de mes o a los que vienen de otros países a buscarse la vida. Pero habría que señalar al que cobra sin producir, al que vive de rentas, al que no paga salarios dignos, al que manda sin rendir cuentas y se victimiza desde arriba, al que defrauda, al que miente...
El “ellos contra nosotros” es un negocio antiguo y la propuesta que solucionaría esto es peligrosa para los poderosos: "Que la gente distinta pero con problemas comunes se una". Quienes trabajan, los que cuidan, los que viven de alquiler, o esperan cita médica, los que a pesar de tener poco declaran a Hacienda, los honrados,... Todos estos ya están en el mismo bando, aunque voten distinto.
Lo que necesitamos son: Barrios organizados y politizados, servicios públicos fuertes, sindicatos vivos, instituciones que no pidan perdón por intervenir o denunciar cuando es preciso, empresarios ocupados de sus trabajadores, pelear en las redes sociales, medios alternativos con narrativa potente, etc.
No hace falta odiar a nadie, hace falta cambiar las ideas que parecen mandar. Cuando la política vuelve a la vida real, muchos discursos se quedan sin oxígeno y entonces, simplemente, dejan de importar.
No nos debe molestar que a alguien le vaya bien en la vida, lo que nos debe molestar es que algunos se forren haciendo trampas, defraudando, especulando o viviendo de contratos públicos sin control. Cuando el beneficio privado depende del sufrimiento ajeno, deja de ser negocio y pasa a ser un abuso.
El fraude fiscal no es una picaresca simpática. Eso significa: menos médicos, menos profesores, menos cuidados, menos de muchas cosas... Defraudar es quitarle tiempo de vida a la gente que sí cumple. Y mientras tanto, en la cumbre del mérito de alguna Comunidad Autónoma, el amor florece entre cheques, concesiones y sonrisas institucionales. Nada simboliza mejor la “libertad” que un presidente o una presidenta enamorada del sector privado y un empresario o empresaria profundamente comprometido con lo público, sobre todo cuando lo público factura. No, no es una historia personal, es una metáfora.
Pero cuando el poder gobierna para los suyos, hasta el romanticismo acaba saliendo a concurso. Y con todo este jaleo, los partidos de izquierdas siguen a lo suyo, cada uno por su lado, siguen los malos rollos y los vetos cruzados.
Yo ya soñaba –dada mi edad– que no vería de nuevo a ningún fascista en el poder, pero no sé... Tengo intención de vivir unos cuantos años todavía y por lo tanto, según están las cosas, ese sueño parece que va a ser difícil que se cumpla. Pero resulta que puede ser que la esperanza haya vuelto y, desde el otro lado del Atlántico, hay alguien que nos está enseñando el camino.
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Alfonso Donnay Gómez de Segura es socio de infoLibre.