Diseño y artes gráficas

Alberto Corazón: una historia gráfica de España

Alberto Corazón, en la presentación de la muestra.

Está en el teléfono que utilizan miles de personas en España, en el Cercanías al que suben cada día más de 800.000 madrileños, en el logo de la ONCE, el de la Sgae, el de la Biblioteca Nacional. El diseñador Alberto CorazónAlberto Corazón ha fraguado con sus creaciones gráficas el imaginario colectivo español, junto a artistas como Javier Mariscal, Óscar Mariné o Isidro Ferrer. Los que estudiaron EGB recuerdan sus portadas para Anaya, la editorial Visor aún conserva el fondo negro que él concibió. Todos esos hitos del diseño convivirán en la exposición Alberto Corazón. Diseño: la energía del pensamiento gráfico. 1965-2015Alberto Corazón. Diseño: la energía del pensamiento gráfico. 1965-2015, del 16 de julio al 4 de octubre en la Fundación Telefónica de Madrid. 

"El diseño siempre está reflejando la realidad social, política y cultural en la que se encuentra", aseguraba Corazón en la presentación de la muestra el pasado miércoles. Ana Arambarri, la comisaria y encargada de seleccionar los 132 carteles, 115 imágenes y bocetos y 145 logos, además de libros, objetos y maquetas, incidía en esta idea: "La exposición es temática, pero si se miran las fechas, ahí está la historia de España". La revista comunista Nuestra BanderaNuestra Bandera, que gracias al diseño gráfico conseguía camuflar retratos de Marx en su portada. La renovación de la intelectualidad a través del cambio en el mundo editorial en los sesenta y setenta. El cambio de imagen del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, el primero en someterse a una reforma profunda de su identidad. Los vistosos carteles del Festival de Otoño, que participaron en la iluminación social y cultural de Madrid en los ochenta.  

Corazón lo ha tenido claro desde el principio: "La estética es una parte pequeña del trabajo. El diseño es una herramienta al servicio de la comunidad". Por eso no se cansa de criticar lo que ve como "mediocridad" del sector, porque ese defecto es signo de la sociedad que lo produce. "Una tormenta perfecta entre la codicia y la mediocridad. Eso es lo que ha pasado en los últimos años y lo que me ha llevado a retirarme, o a pedirme una excedencia". Preguntado por el cacareado nuevo logo del PP, el diseñador no se muerde la lengua: "Es un ejemplo de lo que decía. Es un prodigio de la mediocridad. Parece que alguien dijera: '¿Es esto lo suficientemente mediocre para nuestro público?¿Sí? Saquémoslo". No descarta, después de un breve retiro de los pinceles (sí los ha seguido usando para la pintura), volver al trabajo: "Parece que entramos en una nueva etapa en muchos sentidos y, como diseñador, estoy muy ilusionado". 

Si Corazón participa en la configuración de una hipotética nueva identidad (de partido, empresarial, social), sus obras se sumarán a un extenso legado. Arambarri cuenta que se propuso indexar sus creaciones, pero lo descartó al descubrir, sin haber buscado demasiado entre los archivos, más de 1.600 en 25 años. Su firma está, además, en encargos de todo tipo. Del logo de la Junta de Andalucía a la imagen gráfica de un restaurante. Del mobiliario urbano del Cercanías a las cajas de un productor de mazapán en Toledo. Todo, asegura Arambarri ante un Corazón que se resiste a la autocomplacencia, con la misma dedicación, que le lleva a estudiar en profundidad el carácter y las necesidades del contratante.

Dan fe de su gusto por el detalle los bocetos para el desarrollo del teléfono DOMO. En uno se ven dos manos dibujadas, una recoge la posición en la que se coloca al coger el teléfono estando de pie, la otra al estar sentado. Otro ejemplo: el nombre de DOMO viene por el acanalado de la parte de atrás del aparato, que recuerda a un domus romano. Y un acabado estético que nunca llegó a realizarse: el teléfono estaba pensado en varios colores, que el usuario podía combinar a su gusto. 

Boceto para el teléfono DOMO. / Fundación Telefónica

Corazón ve al diseñador como "antropólogo que ve los objetos, simultáneamente, útiles y simbólicos" frente a los que lo consideran un "esteta de la modernidad". No defiende su oficio asimilándolo al arte: "El diseño trata de sacar y defender un encargo, a diferencia de la creación artística, que no debe supeditarse a ningún encargo". Ni siquiera su nombramiento como miembro de la Academia de Bellas Artes en 2006, que se tomó como "un reconocimiento" al sector, le ha hecho cambiar de opinión. Se plantea, incluso, dejar de usar la palabra "diseño" ("Está en todas partes, se diseñan políticas, alineaciones de fútbol...") y adoptar el concepto "comunicación gráfica".

No pierde la ocasión, tampoco, para lanzar un dardo a sus compañeros de oficio: "En los noventa escribí un artículo muy polémico llamado '¿Hay en el diseño vida inteligente?'". Dos décadas después, cuando la profesión ha ganado en prestigio e institucionalización, la respuesta es aún más ácida: "La hay, pero parece estar siempre supeditada a la estética". 

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