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Autoedición: porque quiero y porque puedo

Autoedición: porque quiero y porque puedo

Los próximos días 24 y 25 de septiembre de 2015 se celebrará en Sevilla el I Congreso de la Autoedición, una cita inimaginable hace unos años, que nace con la vocación de convertirse en anual y viene a consagrar un fenómeno imparable.

Esa convocatoria, sumada al anuncio de que la Federación de Gremios de Editores de España ha organizado una sesión especial en Liber 2015 dedicada a la autoedición, demuestra la importancia que el sector editorial da a un fenómeno cuya trascendencia hasta hace nada despreciaban, o como mínimo no entendían.

Nada nuevo bajo el sol 

"Desde que existe la industria del libro se han autoeditado publicaciones —dicen los organizadores, en busca de pedigrí—. Las ediciones por cuenta del autor siempre han existido en el sector (de hecho, era muy habitual hasta el siglo XIX cuando se produjo la popularización de la edición) y la historia del libro cuenta con numerosos títulos que comenzaron así su andadura. Incluso algunos grandes autores, auténticos gigantes reconocidos por todos, recurrieron a este modelo para que sus libros llegasen al público".

En años más recientes, años de lucha o de cabreo, la autoedición fue uno de los refugios (junto al fanzine y algunas editoriales independientesfanzine) para autores que desconfiaban de lo que Vicente Luis Mora llamó "el sistema literario central", autores que escribían como quien da puñetazos y aprovechaban "el potencial de libertad que confiere Internet, especialmente las redes sociales".

Pero pronto, muy pronto, la autoedición en sus muchas vertientes pasó a ser la opción preferida de aquellos que, incluso escribiendo literatura de vocación comercial, no encontraban acomodo (por falta de calidad o de suerte) en las editoriales sistémicas, los Juan Palomo del mundo editorial, que se sumaron al grito de la jotera posmoderna Carmen París: porque quiero y porque puedo. Y porque me da la gana.

Así, se hizo en parte realidad la predicción de Manuel Azaña: "Ya hay máquinas que reproducen escrita la palabra hablada —escribió en 1922—. En cuanto se dé con el modo de multiplicar con igual sentido las pruebas, podrá uno editarse en casa, y el libro perderá el valor comercial que hoy se le da por los capitales y los brazos que se juntan para fabricarlo" (Gentes de mi tiempo, Reino de Cordelia, 2015). Más bien al contrario: como la experiencia aprovechó a muchos, las editoriales establecidas decidieron aprovecharse del deseo de tantos escritores de dejar de ser inéditos.

El resultado, en España y en el mundo, está ante nuestros ojos.

Según datos que proporciona el propio congreso, las últimas cifras de Estados Unidos demuestran el enorme potencial de este mercado. Bowker (la agencia estadounidense del ISBN), certifica que en 2013, en EEUU se autoeditaron 458.564 títulos, lo que supone un crecimiento del 17% frente a las cifras de 2012 y del 437% frente a las de 2008.

¿Y en España? El informe El sector del libro en España, publicado en abril por el Ministerio de Cultura, asegura que los libros autoeditados suponen ya el 6,6% de la edición privada, y registra en 2014 un ascenso en el número de ISBN de autor-editor del +8,4% respecto a 2013.

Dos consideraciones. Una, si ampliamos el periodo analizado las cifras dibujan una curva bien distinta: 2010, 8.730; 2011, 8.804; 2012, 5.948; 2013, 5.020; y 2014 5.443. Otra, las cifras de ese informe recogen los libros publicados con número de ISBN (International Standard Book Number, un identificador de libros pensado para uso comercial), que no son todos los publicados porque no todos se comercializan. Además, desde 2012 el registro es de pago, lo cual explica el bajón registrado ese año.

La tarta y su reparto

De todo ello se colige que la autoedición es ya una competencia seria para los editores tradicionales. Arantxa Mellado, directora de Actualidad Editorial y The Spanish Digital Link, cree que los autores independientes serán competencia, "por una parte porque el enorme volumen de títulos autopublicados a la venta resta visibilidad a los libros de los editores en las librerías online; por otra, porque va a haber cada vez más autores profesionales y semiprofesionales que prescindan del editor y publiquen directamente, sobre todo entre aquellos que tienen ya una comunidad fiel de lectores o un nicho de mercado muy delimitado".

Digamos cuanto antes que los grandes conglomerados no se quedaron quietos esperando que el mundo se (les) acabara. No sólo no rehuyeron la batalla, sino que decidieron librarla en el mismo terreno.

Así, y es sólo un ejemplo, Penguin Random House Grupo Editorial puso en marcha una plataforma, megustaescribir, cuya imprint manager Mireia Sanz decía que era "una plataforma independiente [del grupo] porque no responde al modelo tradicional de publicación", pero también admitía que la editorial "está atenta a nuevas voces y megustaescribir es otra herramienta que le permite descubrirlas". Por un lado, mediante la red social de escritores y lectores (www.megustaescribir.com); por otro, mediante la plataforma de autopublicación asistida (www.megustaescribirlibros.com), que da esta oportunidad a las obras validadas por el Programa de Reconocimiento, al que acceden "todas las que hayan pasado por un filtro editorial que las valore de forma positiva. Medimos la calidad mediante una Evaluación o Informe Editorial, donde el/la editor/a de megustaescribir recomienda mejoras en el manuscrito y luego lo revisa tras los cambios". Cobrando, claro.

Y eso es importante en esta nueva etapa de la autoedición. "No hay que confundir la publicación con la edición. Poner a la venta un texto está hoy al alcance de cualquiera. Pero la edición requiere oficio —recuerda Arantxa Mellado—. Por eso son necesarios los editores, para hacer una selección entre las obras y para presentarlas al lector limpias de errores y faltas. La mayoría de los autores, incluso los grandes, necesitan la labor de un editor que acabe de pulir sus textos. El editor es o debería ser una garantía de calidad para el lector."

El reto tecnológico

No sé si hemos insistido lo suficiente en un dato fundamental: todo lo que contamos ha sido posible gracias a la evolución tecnológica, que ha dejado expeditas vías antes inimaginables.

Por ejemplo, el 1x1. "La impresión de libros 1x1 es la posibilidad que se ofrece al usuario final para imprimir un solo ejemplar de un libro, abriendo nuevas posibilidades a libreros, editores y distribuidoras", explica Gabriel Losada, Director de producción de Líberis, un servicio de edición que incluye esta modalidad, además de la impresión bajo demanda. 

Losada sintetiza las ventajas: ahorro en espacio de almacenamiento, posibilidad de poner en valor libros descatalogados o sin existencias… y describe el cambio de mentalidad: "La consecuencia de todo esto es que el libro ya no es un producto que se oferta al lector, sino un producto que demanda el lector. No me cabe duda que la librería o la distribuidora del futuro necesitará de este sistema para sobrevivir".

Tanto, que empieza a parecerle obsoleta una escena ahora mismo habitual: "Hasta hace poco tiempo una persona iba a una librería y sólo podía comprar lo que veía expuesto o lo que el librero tuviera en su almacén. Si no había existencias o el libro estaba descatalogado, el cliente se marchaba sin su libro". En el futuro, "las librerías demandarán la fabricación de ese ejemplar y tenemos que estar listos para poder servirlo con rapidez".

¿Habrá sorpasso?

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Ya que estamos mirando a los ojos al futuro, volvamos al asunto principal, a la competencia en marcha. ¿Superará la autoedición a la edición?

Cedo la palabra a Arantxa Mellado, que se atreve a hacer un vaticinio: "Llegará un momento en el que la suma de libros autoeditados sobrepase o iguale a la de libros de publicados por editoriales. Muchos le restarán lectores y ventas al editor. Pero la mayoría irán destinados a nichos pequeños de compradores que no son clientes habituales de las editoriales. Nos encontraremos con independientes superventas que competirán directamente con los títulos de editoriales, y aunque el editor tendrá que esforzarse mucho por ser visible en las librerías, creo que la calidad y la buena selección seguirán imponiéndose a la publicación indiscriminada."

El mundo de la edición habrá dejado de ser completamente vertical quizá sin llegar a ser plenamente horizontal. Juan Palomo tiene tarea.

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