Teatro

Los 'capillitas' también saben reírse de la Virgen

Lola, la camarera (Charo Urbano), y Macu, la Virgen (Lola Marmolejo), en un instante de la representación de 'Estrella Sublime'.

Aparte de un buen rato de cachondeo, una cierta parodia del mundillo cofrade sevillano y un subtexto feminista entreverado de golpes de humor, Estrella Sublime depara también elementos para la reflexión. ¿Cuándo empieza, y quién, una polémica? ¿Con qué materiales se arma de verdad un escandalera, una tormenta de papel sobre esta o aquella transgresión? ¿Quién se ofende realmente cuando damos por ofendido a un colectivo?

Veamos la sinopsis de la obra. Una camarera, harta de borrachos, magreos y precariedad, lanza un "me cago en la Virgen santísima y el copón divino" mientras recoge el bar a última hora. Y entonces María Inmaculada, Macu, se aparece al fondo del antro: "¡Vaya boquita tienes!". Las dos mujeres –las dos solas, incomprendidas y delirantes, las dos frustradas– arman entre copas y cigarros una amistad que alcanza la catarsis con un beso liberador, los ropajes virginales de María caídos al suelo. Y todo eso representado en Sevilla, cuna de capillitas, bastión del ABC, allí donde la Esperanza de Triana y la Macarena rivalizan en los corazones populares como el Sevilla y el Betis. Allí donde muchos supondrán que bromas con la madre de Dios, las justitas. Pues no. Estrella Sublime es un cañón. Un triunfazo. Lleva 17 años de éxito popular y nadie se rasga las vestiduras.

"No es normal, la verdad. Esto ha sido una sorpresa para todos. Y cuando digo todos quiero decir las tres patas: la compañía, la sala y los espectadores. Después de tantos años, alguien tendría que analizar a qué se debe este fenómeno", explica Ángel López, director de programación de la Sala Cero, privada e independiente. A López le llegó la obra a su mesa hace 17 años, de manos de la compañía Bastarda Española. "Claro, no sabíamos cómo iba a reaccionar la gente, había cierto miedo porque era arriesgado, para qué nos vamos a engañar. Pero desde el principio funcionó. Es más, buena parte del público son lo que llamaríamos capillitas", cuenta López, a la par fascinado y encantado con el fenómeno.

Ángel López, al filo de los 50, es de los que piensan que la forma de vivir en Sevilla es vivir Sevilla. Lo que te gusta y lo que no. Adaptarte a la ciudad es la mejor forma de adaptarla a ti. Un buen enfoque para el director de una sala de teatro a contracorriente. "Hemos tenido quejas, pero la mayoría anónimas. En realidad creo que de gente que no ha visto el espectáculo. Además pasa algo curioso. Se produce una mezcla de muchos tipos de público. El nuestro suele tener un perfil más o menos determinado, con una tendencia al consumo de cultura, pero con esta obra se da un fenómeno muy popular. Arrastra a gente que habitualmente no va al teatro. Vienen autobuses de los pueblos. De Coria del Río, de Carmona, de Los Molares...", añade. El director de programación de la Sala Cero hace un cálculo sencillo, con poco margen de error porque la función suma lleno tras lleno: 30 funciones y 5.200 espectadores al año, por 17 temporadas: casi 90.000 espectadores en total. No hay fenómeno teatral parecido en Sevilla.

No hay dedo acusador

Suele ocurrir en Sevilla que las polémicas culturales se arman a medias entre campañas y titulares encizañadores y gente que no ha visto aquello por lo que se escandaliza. Si hay medios que se empeñan en trasladar la idea de que la Virgen está siendo atacada, se suelen producir reacciones populares. Si nadie lanza el dedo acusador desde alguna peana, no pasa nada. El caso de la procesión del coño insumiso, por ejemplo. Las tres mujeres que irán a juicio por ofensa a los sentimientos religiosos coinciden en que el día de la manifestación la cosa transcurrió dentro de la normalidad. Alguna mirada torcida y poco más. Ningún aquelarre. Pero entonces llegó una asociación de abogados cristianos de Valladolid y presentó una demanda. Y a partir de ahí viene todo el lío judicial.

El sometimiento a la tensión humorística de ciertos emblemas católicos siempre implica el riesgo de herir susceptibilidades. La receta de Estrella Sublime es hacerlo con un punto de complicidad con el público en el manejo de los códigos de la religiosidad popular. Ciertos gags de la obra sobre la Semana Santa exigen, para entenderlos, saber de qué va la cosa. Como cuando Macu dice que tenía que haber ido al bar "como la Virgen de los Reyes", conocida por procesionar sentada. El resultado es que los espectadores acaban percibiendo que las bromas vienen de alguien de los nuestros, que sabe de lo que habla. Es humor sevillano, por así decirlo. Ahí podría estar una de las claves.

Los límites del cachondeo

El día que este periodista acude a la función abundan señoras mayores, con sus abanicos, riéndose ya antes de entrar y a carcajada limpia dentro. Cuando los puntos cómicos apuntan directamente a Cristo, por ejemplo, se escucha un "ay, ay, ay" no muy convencido. Poco más. Sin sobreactuaciones, sin boutades, sin convertir los elementos corrosivos de la obra en su carta de presentación, Estrella Sublime se ha hecho muy conocida en Sevilla boca a boca. Nadie entiende que cuando Lola, la camarera, le explica a la Virgen qué siente cuando la tocan y la Virgen se va acelerando por momentos al escucharla, hay un "escarnio al dogma de la virgnidad de María", como se recoge en el auto de la Audiencia Provincial sobre el coño insumiso. La codificación reconocible del humor disuelve ese hipotético "escarnio" como un azucarillo en un vaso de agua.

Estrella Sublime constituye finalmente una enmienda a la sola idea de que un juez se ponga a husmear en una representación o manifestación para buscar dónde acaban los límites de la libertad de expresión –en su vertiente humorística o festiva o reivindicativa– y dónde empieza el terreno sagrado del "sentimiento religioso" como bien jurídico a proteger. La obra evidencia el ridículo de que un político se erija en defensor del respeto a su ciudad cuando alguien monta un cachondeo con sus símbolos. ¿Resulta que si los chistes sí hacen gracia, si son de aquí, son aceptables? ¿Resulta que una obra que se ríe de/con la Virgen es pasable sólo si a la gente del lugar le divierte? Aquí se pude recordar que el musical de Mongolia en Sevilla era noticia y motivo de escandalera –¿quién estaba escandalizado, en realidad?– antes de representarse: "Una revista satírica utiliza la imagen de la Virgen para publicitarse", decía el titular de ABC. El entonces alcalde, Juan Ignacio Zoido, hoy ministro del Interior, afirmó que el cartel era "una falta de respeto".

"Respeto" y "cariño"

Tanto Ángel López como la gente de Bastarda Española saben el delicado terreno que pisan y contribuyen con su manera de explicar la obra a que siga año tras año siendo sólo lo que debe ser: una obra de teatro de éxito. Hablan de "respeto", de humor "con cariño". La actriz y coautora, Lola Marmolejo, que lleva los 17 años interpretando a la Virgen, incide en la clave fundamental. ¿Por qué funciona? ¿Por qué agrada? "La gente se lo pasa bien", resume. "Mira, te cuento un caso que conozco de primera mano. El párroco de Pino Montano ha venido a verla dos veces. Y de capillitas ni te cuento. Nazarenos, costaleros, hermanos mayores... Y es porque esa parte transgresora se hace desde el humor y sin ánimo de herir", afirma. La actriz recuerda, antes del primer estreno, los ensayos ante personas vinculadas a la Semana Santa para ver por dónde respiraba el público potencialmente más susceptible. "También la vio mi madre, que es lo más católico, apostólico y romano", cuenta entre risas. La impresión fue tranquilizadora. Y en cuanto la obra aterrizó en la sala, sólo hubo llenos y más llenos.

"Fue un boom. La sala se nos quedaba pequeña", recuerda Lola Marmolejo, de 54 años, menuda e inspirada en su papel, con una voz aguda que en la obra pone al servicio tanto de reflexiones cómicas como de expresiones típicamente marujas. No es exagerado decir que hay tramos de la obra en los que cada gesto, cada palabra suya desata una risotada. El papel de la camarera ha venido siendo desempeñado por varias actrices –actualmente Charo Urbano, tan protagonista como la Virgen–, pero Lola Marmolejo lleva desde el principio encarnando a Macu.

Una censura en Écija

Son más más de 700 funciones en total. Además de en Sevilla, Estrella Sublime ha estado en numerosos pueblos de la provincia. A veces, con sesiones dobles. También ha viajado a la mayoría de capitales andaluzas y a Madrid, Barcelona, Valencia... El texto se va adaptando al lugar de representación. ¿Qué ciudad no tiene una patrona? "Hacemos que la gente la identifique con su localidad, o con su romería", explica Lola Marmolejo. Los problemas –ay– han venido no cuando la gente ha visto la obra, sino cuando no la ha visto. Lo de siempre.

Écija, 2013. Estrella Sublime ya está programada, con los carteles en la calle y la Virgen en los carteles. El alcalde, Ricardo Gil-Toresano (PP), y el concejal de Cultura, Fernando Reina (Partido Andalucista), empiezan a recibir cartas y presiones de todo tipo del "mundo cofrade y eclesiástico", según reveló este último entonces. Y cedieron. La obra se canceló. Una censura de libro. El director de programación del teatro dimitió como protesta por la censura. La beatería se acabó volviendo en contra del Gobierno local, que la acabó reprogramando y quizás contribuyó con aquel lío a su éxito en Écija. "Cuando todo se aclaró, se vio que la decisión no tenía consistencia. Era un tema político absurdo, de un desconocimiento total de la obra", afirma Lola Marmolejo.

La actriz y coautora está convencida de que la obra mejora con el tiempo. El coordinador, Juanma Buzón, siempre está ojo avizor para ver qué funciona, qué no, qué se puede mejorar, qué hay que acortar, qué elemento de actualidad se puede incorporar. Pero esa mejora que observa Lola Marmolejo no se debe sólo a que cada año se van puliendo aspectos, sino a que la obra, por el tema que aborda, se va adaptando cada vez mejor a los cambios en la mirada de la sociedad. "Una profesora de inglés que ya la había visto la ha vuelto a ver ahora y nos ha dicho que se había divertido más", explica. Ahí está: una actriz satisfecha con la reacción del público. Un público que se lo pasa bomba. La ecuación funciona. Lo demás –¿por qué se ríe, de qué se ríe?– es secundario. El director de programación de la Sala Cero, Ángel López, tiene clarísimo que habrá 18ª temporada. Si a alguien no le agrada la idea, siempre tiene la opción de no ir a verla.

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