La portada de mañana
Ver
Tres lecciones comunes de Galicia y Euskadi: los proyectos a largo plazo tienen premio

Política cultural

¿‘Dedazo’ o concurso? Así se eligen los altos cargos de la cultura pública española

Reunión del Patronato del Museo del Prado.

Los teatros públicos de Madrid han vuelto a levantar la alfombra de uno de los asuntos más delicados de la política cultural: ¿por qué procedimiento se elige a los responsables de los centros públicos, aquellos con más dotación y poder para modelar sus respectivos sectores? El Ayuntamiento de la capital ha convocado un concurso público para elegir al próximo director de las salas del Español y las Naves de Matadero, después de destituir a Juan Carlos Pérez de la Fuente, hasta ahora en el puesto, y criticar el proceso que le llevó hasta ahí.

En la Comunidad, los Teatros del Canal también plantean conflicto: la oposición (PSOE, Podemos y Ciudadanos) se ha unido para pedir que, tras la extinción del contrato de Albert Boadella como gestor, se licite su plaza. El PP, por ahora, se ha negado, alegando que "hay un Gobierno que está gestionando y tiene la confianza de los madrileños". "No entendemos muy bien la posición del Partido Popular, cuando en espacios como el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) o el Reina Sofía se hace", contesta Jazmín Beirak, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid. El primero, dependiente de la Comunidad, instauró el concurso en 2008, bajo Gobierno conservador, y el segundo, dependiente del Ministerio, en 2007, con el socialista César Antonio Molina.  

El debate en torno a los teatros de la región ejemplifica la polarización de los procedimientos de selección. Aunque los centros públicos se van sumando poco a poco a la cultura de los concursos públicos —muy implantada en Europa—, hay algunos tótems de la cultura que siguen instalados en el dedazo. En general, gana el Ministerio de Cultura: los centros dependientes del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) aseguran en sus estatutos la publicidad de sus procedimientos. Más difícil es que esto ocurra si la institución depende de un patronato, como el Museo del Prado o el Teatro Real. Otras administraciones flotan aún en el limbo: han introducido la competencia en sus últimas convocatorias, pero no aseguran esta exigencia en sus estatutos. Ocurre con el Teatro Español, el Museu d'Art Contemporani de Barcelona, el Liceu o el CA2M de la Comunidad de Madrid. 

Los centros del 'dedazo'

Los Teatros del Canal fueron inaugurados por Esperanza Aguirre en 2008, con cuatro años de retraso con respecto a los planes iniciales. Entonces se anunció, a bombo y platillo, la designación de Albert Boadella, fundador de la histórica compañía Els Joglars, como director artístico del centro. El catalán no sabía entonces que poco después la Comunidad externalizaría la gestión de las salas, pagando 17 millones de euros por dos años de gestión a la empresa privada multiservicios Clece, del grupo ACS, propiedad de Florentino Pérez y que en su sección dedicada a la limpieza tienen numerosos contratos con las administraciones madrileñas.

No dio tiempo ni de hacer un estatuto para los teatros, y como resultado de ambas decisiones, Boadella acabó dirigiendo un centro en el que no tiene ni siquiera potestad para contratar: en la práctica, la programación se decide entre la empresa y el artista. Aunque Clece volvió a renovar el contrato en 2015 por una duración mínima de dos años, el de Boadella cumple el próximo 30 de junio. PSOE, Ciudadanos y Podemos estudian todavía cómo introducir su petición en la Asamblea, pero en última instancia la decisión de convocar o no un concurso está en manos del Gobierno conservador. 

El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, dirigido por un consorcio entre el Ayuntamiento y la Diputación, está también en la lista de los que no cumplen con los principios de publicidad y concurrencia. Su actual director, Vicenç Villatoro, fue nombrado en 2014 por el Consorcio, solo un día después de la dimisión de su predecesor, Marçal Sintes. Villatoro había sido diputado de CiU, partido en el Gobierno municipal con Xavier Trias a la cabeza, y la oposición y varios grupos artísticos abanderaron protestas airadas contra el nombramiento "a dedo" del directivo, reclamando la licitación del puesto. 

"Es increíble comprobar cómo para el nombramiento de ciertos cargos menores el proceso de selección es transparente, riguroso y vía concurso, con todo el proceso público, y en estos casos de altos cargos se sigan procedimientos mucho más flexibles, más cercanos al dedazo", critica Eva Belmonte, periodista en la Fundación Civio, que funciona como un observatorio de transparencia. "No tiene sentido que cualquier funcionario que trabaje en una institución cultural tenga que pasar unas oposiciones y que su director sea nombrado directamente por el ministro o por un ayuntamiento", añade.

El peso de los patronos

Los centros dependientes de administraciones estatales tampoco se libran de la lacra. El Teatro Real y el Museo del Prado comparten senda: ambos están regidos por patronatos regidos por instituciones públicas, ambos tienen procedimientos opacos. El núcleo operístico madrileño depende de un patronato conformado, en su mayor parte, por la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Cultura. Sus Estatutos recogen que la Comisión Ejecutiva decide los nombramientos de todos los directores, y no exige que sea por licitación. El último nombramiento se vio inmerso en la polémica precisamente por esto: el actual director, Joan Matabosch, sustituyó a Gerard Mortier después de que este fuera diagnosticado de cáncer (fallecería meses más tarde). Mortier defendió la necesidad de convocar un concurso, pero la administración, según él, desoyó su propuesta. El nombre de Matabosch, según Mortier, llegaba directamente del Ministerio.

El Museo del Prado funciona por el mismo procedimiento. En 2004 se aprobó un nuevo régimen jurídico que daba más poder al Patronato. A partir de entonces, tenía la potestad de proponer el nombre del director, que confirmaría más tarde. Como denunciaba la Fundación Civio, este organismo se ha ido llenando paulatinamente de cargos políticos y empresarios. Entre sus patronos figuran, además de las administraciones públicas representadas (el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid...),  Javier Solana (exministro socialista), Pilar del Castillo (exministra del PP), César Alierta (presidente de Telefónica hasta el pasazo abril) y Alicia Koplowitz (una de las mayores fortunas del país). 

"Que los museos tienen que buscar formas de financiación, como el mecenazgo, es evidente. Lo que no es tanto es que ese mecenazgo sea a cambio de un sillón en el patronato de esos museos, organismos que oficialmente tienen que decidir sobre las líneas generales, las cuentas…", razona Eva Belmonte. "Ahora mismo, la mitad o más de los patronos de los grandes museos como El Prado o el Reina Sofía no tienen experiencia en arte ni en museística. Simplemente representan a las grandes firmas que pagan ese sillón a cambio de donaciones. Y, lo más importante, el presidente de esos museos tampoco es un experto en arte".

Curiosamente, el Museo Reina Sofía, que también adolece de este problema —comparte a Alierta con el Prado, por ejemplo, e incluye a Isidro Fainé (presidente de La Caixa) entre sus patronos— sí recoge en sus estatutos que el nombramiento de su director debe hacerse mediante concurso público. Lo hace, además, de forma bastante detallada: "Se acudirá a un sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia, que asegure la participación del Real Patronato, con el asesoramiento de un comité de expertos y profesionales del mundo de la cultura y de su gestión". Su actual director, Manuel Borja-Villel, fue designado por este método antes incluso de la aprobación de esta normativa en 2011.

Propósito de enmienda

La tendencia hacia la licitación de los contratos de dirección artística es reciente. El código de buenas prácticas del INAEM publicado en diciembre de 2008, que afecta a organismos como el Centro Dramático Nacional, la Zarzuela o el Ballet Nacional, recoge que "la selección de los candidatos atenderá a principios de mérito y capacidad y a criterios de idoneidad, y se llevará a cabo mediante procedimientos que garanticen la publicidad y concurrencia". Las normas de funcionamiento de los distintos centros recoge desde entonces este mandato, y los gerentes se fueron eligiendo a partir de ese momento bajo esos criterios. 

Guillermo Solana: "El Thyssen es un museo público, no es el museo de Tita"

Guillermo Solana: "El Thyssen es un museo público, no es el museo de Tita"

Otros han aprendido a base de escarmientos. El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) eligió a su actual director, José Miguel García Cortés, mediante concurso público, y recogió oficialmente en un decreto de 2015 que para el nombramiento de este cargo "se acudirá a un sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia". La experiencia anterior era completamente opuesta. Consuelo Ciscar, histórica del PP valenciano, entró a dedo en la entidad en 2004 y continuó hasta 2014. Está imputada por presuntos delitos de malversación, prevaricación y falsedad por su década de gestión en el museo.

Otros cambios han sido más polémicos. Ana Botella designó al último director del Teatro Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, mediante concurso público. Este tenía una particularidad: el jurado proponía una terna de tres finalistas, entre los que la alcaldesa elegía a uno. Pérez de la Fuente fue el menos votado de los tres, y aún así fue seleccionado, provocando en su día el enfado de la oposición. El actual Gobierno de Ahora Madrid esgrime ese truco —además de la "arrogancia personal" del director de escena, en palabras de Santiago Eraso, gestor de Madrid Destino, la empresa municipal responsable de la cultura del consistorio— para relevarle del cargo y convocar un nuevo concurso.

La oposición no ha criticado tanto la convocatoria como el hecho de que se rescindiera el contraro de Pérez de la Fuente dos años antes de la fecha prevista. Donde el Ayuntamiento ve "transparencia y publicidad", otros (Isabel Rosell, portavoz conservadora del área) ven una "cacicada". El pleno del Ayuntamiento, con los votos a favor de PP y Ciudadanos y la abstención del PSOE, ha censurado la destitución del ya exdirector. El debate sigue abierto, y tendrá un nuevo capítulo en verano. 

Más sobre este tema
stats