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Documentales

Derrumbe entre las ruinas

Jorge busca su tesoro en el Hotel Nueva Isla, con el Capitolio de La Habana de fondo.

Un hombre en ruinas habita un hotel en ruinas. Se llama Jorge y dejó sus sueños de juventud en la revolución, hoy marchita como él. Esplendoroso en su tiempo, el edificio Nueva Isla alberga ahora a individuos y familias que no tienen dónde vivir. Espacio y ser, fusionados en uno en una Cuba en proceso de transición. Obsesionado con encontrar los tesoros que supuestamente habrían escondido los antiguos moradores del hotel entre sus muros, bajo sus suelos, el viejo pasa los días escarbando y escribiendo poemas en las desconchadas paredes.

No es la única persona perdida entre los seis pisos de la torre, pero sí es en la que se concentra el objetivo de Irene Gutiérrez en Hotel Nueva Isla, un documental de ficción que condensa de manera poética y simbólica “una franja de tiempo”, la que coincidió —azares del destino— con el último año de vida del hotel y del propio Jorge, y que remite a un final de una época en aquel país. La película se puede ver entre los días 5 y 7 de junio en la Cineteca del Matadero de Madrid y el viernes 5 en el Espacio de las Artes de Tenerife.

Aunque es ceutí (1977), Cuba es para Gutiérrez, “un segundo hogar”. Estudió en la escuela internacional de cine y televisión de San Antonio de los Baños para después pasar a trabajar allí como profesora eventual. De madrugada, se dedicaba en esa época a pasear por las calles de La Habana con Javier Labrador, codirector de la película. En una de estas salidas nocturnas, se toparon con el hotel. “Nos impresionó el edificio”, recuerda. “Allí estaba Jorge, leyendo, y nos invitó a subir”.

Taciturno y esquivo, se encontraron con que aquel hombre había hecho del desmantelado inmueble, siempre encerrado en él, “su prisión y su palacio”. “Al principio íbamos a incluir a más personajes en la película, pero poco a poco nos fuimos decantando por trabajar solo con Jorge, porque nos enamoró su historia”, que de algún modo simboliza a toda una generación: “la que echó los mejores años en la revolución”. “Aunque ahora él rehusaba el mundo exterior”, explica la directora, “poco a poco nos fuimos convirtiendo en sus cómplices”.

Jorge también cuenta con otros compañeros: Waldo, algo así como un amigo, o La Flaca, quien le ofrece su amor. Por sus breves pero muy íntimas conversaciones sabemos que Jorge tuvo mujer(es) e hijos, que ahora reniegan de él. Detrás de sus muchos silencios, de sus imposibles búsquedas de un tesoro que solo existe en su cabeza, de sus bailes con Josefina, la película habla de la soledad, de la vejez, del amor, de la muerte, esta entendida como la extinción personal o la de un modo de vida.

De hecho, como cuenta Gutiérrez, el Hotel Nueva Isla ha sido finalmente clausurado y Jorge murió cuando ellos estaban editando la película, un proceso que fue tanto o más laborioso y complejo que el propio rodaje, que se prolongó un año. Antes de grabar, ella y Labrador se autoimpusieron tres reglas: “No salir del hotel, usar solo un tipo de óptica que favoreciera ver los rostros pero sin perder el edificio, y trabajar en plano secuencia”.

El resultado, puntilloso y lírico, sin música pero con una cuidadísima edición de sonido, deja de regusto una sensación que Gutiérrez define perfectamente: “Que el hotel y Jorge son dos caras de una misma moneda”. Una noción que tiene mucho de las tesis que Gaston Bachelard vertió en La poética del espacio sobre el papel de la casa en la conformación de la cosmovisión y viceversa; y una técnica cinematográfica que bebe del director portugués Pedro Costa y su Trilogía de Fontainhas, con la que dio forma a una renovada ficción documental.

Lenta en muchos tramos como el transcurrir de la historia cubana, a fogonazos otras veces, como se urde el día a día de las muchas personas que tienen que buscarse la vida como pueden en el país caribeño, la película es una suerte de testamento de un momento y un lugar. Sobre Cuba versará igualmente el próximo proyecto que la cineasta ya tiene en preparación, una película en la que retratará “el retorno al hogar de un soldado cubano que viene de la guerra de Angola y busca a su hijo, que en el fondo es el mismo tema de Hotel nueva Isla: el proyecto fallido del nuevo hombre latinoamericano”.

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