Cultura

"Un día, regresaré a casa"

La Enciclopedia de los Migrantes.

"¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños y algunos idiotas nos decían 'volved a vuestro país'?". Escribe Natália de Almeida, que abandonó Albertville (Francia) para vivir en Oporto (Portugal). La frase, ese desprecio, es ya un cliché xenófobo. La historia de Natália podría parecer como las demás. No lo es: sus padres dejaron Portugal para ir a los Alpes, y ella hizo el viaje de vuelta ya de adulta, buscando prados más verdes. Su historia forma parte ahora de La Enciclopedia de los Migrantes, un proyecto que pretende crear un mosaico de los desplazamientos hacia y desde Europa a través de las experiencias de sus protagonistas. Ninguna es una historia como las demás. Y con sus desconocidos compañeros de fatigas comparte De Almeida las dos últimas frases de su carta: "Un día he de volver... un día, regresaré a casa". 

Son 400 cartas en 74 lenguas maternas las que componen este extraño documento que hace solo un año estaba aún lejos de materializarse. Han trabajado en él hasta 700 personas durante tres años, ha abarcado 8 ciudades de cuatro países, ha costado 600.000 euros subvencionados en gran parte por la Comisión Europea. El resultado, hoy, tiene su propio peso. Literal. 15 kilos de cartas, en tres tomos de 1782 páginas en total. Pero el saber contenido en ellas, todos esos lamentos, dolores y ruegos, no tiene afán completista ni científico. Esto es una antienciclopedia (ilustrada, con 400 retratos y las cartas originales), pero también un retrato generoso y útil de la Europa que se resiste a ser reducida a una sola identidad.

 

Héba Cornillet Emam, una de las protagonistas de La Enciclopedia de los Migrantes, nacida en El Cairo (Egipto) y residente en Rennes (Francia). / BERTRAND COUSSEAU

El proyecto nació del desvarío de Paloma Fernández Sobrino, artista, directora de escena y ella misma emigrada a Francia desde 2004. ¿Y si recopilaban las experiencias de los desplazados, en forma de cartas dirigidas a personas queridas que hubieran quedado en los países de origen? ¿Y si eso fuera un lazo entre la experiencia íntima de la migración y su gigantesco reflejo políticosocial? El "¿Y si...?" se convirtió pronto en un proyecto que superó a la propia asociación que lo organizaba, la francesa L'âge de la tortue. "Ha sido titánico, un desafío, una locura", dice por teléfono la creadora, entre el entusiasmo y el agotamiento. El resultado: las ocho ciudades participantes en el proyecto —Brest, Rennes, Nantes, Gijón, Oporto, Lisboa, Cádiz y Gibraltar— tienen ya esta Enciclopedia de la que solo existen ocho ejemplares físicos y una vasta versión online que permite buscar por origen, destino, idioma, sexo y fecha de llegada.

En ella, están, entre otras, las palabras de Ahmed Benabdallah, procedente de Maghnia (Argelia) y residente en Brest (Francia) desde 1968. Le escribe a su hermano El Habri: “Mi vida, en retrospectiva, si tuviera que elegir ahora, quizás habría preferido vivirla allá, en casa, en Maghnia, antes que vivirla aquí en Francia. Considero que he perdido la mitad de ella. (...) Un año ha dado paso a otro… y a otro más… La vida pasa. Y, al final, la vida ha pasado”. Testimonios como este estarán también recogidos en la Casa de Europa, el museo que el Parlamento Europeo inauguró el pasado mayo. Fernández Sobrino querría que el proyecto no terminara aquí, con la impresión y publicación de los resultados: “Espero que sea infinito”. Y por ahora lo están consiguiendo: proyecciones del documental que han realizado durante el proyecto, de los retratos de los migrantes, de las cartas manuscritas, e incluso un proyecto escénico y otro académico a partir de los testimonios recabados. “Es nuestro grano de arena para rehumanizar Europa, para volver a pensar en las personas y dejar un poco de lado estas representaciones cuantitativas”, dice la artista.

 

Aunque quizás la versión en línea vaya a ser la más útil tanto para los investigadores tanto como para el público –la lectura de las cartas, ofrecidas aleatoriamente, resulta emocionante–, esta no iguala el potencial simbólico de la versión en papel, con su peso material, su parecido con las enciclopedias reales, esas que se veneraban en los hogares como dioses modernos. La directora del proyecto recuerda la presentación del proyecto en Brest. Al ver su cara y su carta en el volumen, uno de los autores soltó, incrédulo: “Pero estos libros van a formar parte de la historia”. “Claro, eso era”, dice Fernández Sobrino, “esto queda para las generaciones que vienen, para que entiendan lo que ha pasado. ‘¿Yo voy a formar parte de la historia?’, preguntaba como para sí mismo. Pues sí”.

Es David Dueñas Cid, el coordinador del proyecto en España y sociólogo especializado en comunicación a través de Internet, quien apunta: “Claro que el escribir las cartas a mano ha tenido un peso. Muchos decían: ‘No recuerdo la última vez que escribí una carta’. Y por este medio se cuentan otras cosas, hay espacio para la confidencia”. “Mira, hijo, quiero escribirte esta carta para poder explicarte nuestro desencuentro de tantos años. Sabes que la vida no es… A veces es buena, pero a veces es mala. Según tu suerte”, escribe António Macedo, nacido en Praia (Cabo Verde) y residente en Lisboa (Portugal), a su hijo Carlos Júnior. Hay mucha nostalgia en estos mensajes desde el otro mundo, mucho remordimiento, y también mucha lucha. “He conocido a gente maravillosa que me ha prestado muchísima ayuda para vencer estas dificultades. Me han ayudado a integrarme en este gran país, pionero de los derechos humanos y que posee el más hermoso de los lemas: ‘Libertad, Igualdad, Fraternidad”, escribe Arlete Numa-Corre, desde Brest, a su madre, en Angola.

 

Giuseppe Lagomarsino, uno de los protagonistas de La Enciclopedia de los Migrantes, nacido en Buenos Aires (Argentina) y residente en Cádiz.

La recogida de testimonios era, ciertamente un desafío. Las organizaciones locales con las que han trabajado tenían que reunir un grupo nutrido (50 personas por ciudad) que fuera también representativo de la migración de la zona. Las cartas debían escribirse en la lengua materna de su autor, lo que a veces planteaba ciertas complicaciones: “Pasaba que igual esa lengua no la conocía nadie más en la ciudad”, apunta Dueñas. “En ese caso, la traducción se hacía junto con la persona. No deja de ser una metáfora del mismo proyecto y del hecho de tener una sociedad rica y diversa”. Quien se asome a la Enciclopedia encontrará textos en criollo de cuatro zonas distintas, en chichewa (Malaui), en kurdo, en nepalí, en urdu (Pakistán e India)... Otra de las discusiones académicas básicas tenía que ver con el concepto mismo de migrante. ¿Es igual de migrante quien se mueve por amor y quien se mueve por dinero? ¿Quien viaja por seis meses y por 30 años? Después de mucha discusión en el barrio de Rennes donde nació el proyecto, el primer grupo de discusión –formado por 30 personas con una gran representación de migrantes– decidió que lo que define al emigrado es que no tiene fecha de vuelta. Frente a esa evidencia, todo lo demás es secundario.

De aquellos primeros días de 2014 en los que un proyecto de esta envergadura parecía imposible, a estos días de 2017 llenos de celebración. “Tenía la intuición de que el hecho de trabajar con cartas iba a ser importante: lo que es íntimo, es político”, recuerda Fernández Sobrino. “Y una manera de hablar de lo político suele ser a través del ser humano, de lo que es íntimo, de la persona, de hablar de sí mismos sin tabús”. Dueñas es consciente de las limitaciones de la iniciativa, porque “la migración no es solo las personas que migran, sino las políticas, las condiciones económicas y sociales de su partida, y nosotros no reflejamos eso”. Pero sí ve en ella una “materialización” de las grandes teorías sobre migración que ayudan a entenderlas: “Tiene un poder educativo y pedagógico brutal”. Fernández Sobrino duda, pero al final se permite ponerse “cursi” (son sus palabras) de la mano del filósofo francés Alain Badiou: “En su libro Elogio al amor habla justamente de conocer, amar y aceptar al otro dentro de ti. Es el gran desafío del hombre. Si eres capaz de aceptar al otro en sus diferencias y de hacer que viva dentro de ti, el mundo es posible de alguna manera”. Leyendo la Enciclopedia de los migrantes, el mundo parece posible.

 

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