Música

El disco en directo que Kiko Veneno no pudo tener

El cantante Kiko Veneno, en un concierto.

Doble vivo, el nuevo trabajo de Kiko Veneno que aúna dos CD con dos conciertos grabados en 2013 y 2014 —uno en solitario y otro con la orquesta Cordes del Món—, se anuncia como el primer disco en directo del artista. La sorpresa es obvia: ¿En casi 40 años de carrera no había editado ninguno?¿Cómo es posible? En medio de una jornada de promoción en Madrid, José María López Sanfeliu (ese nombre por el que no le conoce nadie) toma carrerilla: "Los conciertos en directo, en su forma clásica del rock —una forma cultural en total decadencia— tenían lugar cuando se encadenaban dos o tres discos de mucho éxito, para reposar y coger fuerzas. Esto nunca se ha producido, porque yo nunca he encadenado varios discos de ese tipo". Un momento: Échate un cantecito (1992) fue su primer triunfo comercial con temas como "Lobo López" o "Echo de menos", y tres años después editó Está muy bien eso del cariño, con "Veneno" y "Estaba lloviendo". "Vaya", responde el músico, "si te pones así, te voy a tener que contar la verdad". 

Y la verdad es que achaca el retraso a su antigua casa de discos, Ariola-BMG, a la que estuvo ligado hasta el recopilatorio Un ratito de gloria (2001). "Yo triunfé con el Cantecito a la contra de mi compañía. Tuve éxito porque Santiago Auserón, que estaba triunfando como una bestia con Radio Futura, me produjo y  me ayudó. El que lo incrustó, como se incrustan los delanteros en la defensa rival, en la compañía Ariola", recuerda. Pero su desencuentro con José María Cámara (entonces gerente de la firma y que llegaría a dirigir Sony), para quien solo tiene palabras amargas, fue inmediato: "No le caía bien. Yo no soy una persona aduladora. Defiendo mucho a la gente de abajo, y no soy conciliador ni capaz de ocultar lo que pienso". A eso achaca que su música no fuera convenientemente distribuida en Latinoamérica, y que nunca se produjese el dichoso disco en directo. 

Hubo un intento, en 1998, que se quedó en eso: Puro veneno. "Fue poco después del que grabó Ketama [De akí a Ketama, 1995], que fue un pelotazo. Pero la compañía se metió por medio y torció la idea: hicimos un disco en directo, sí, pero sin público y con cada músico con auriculares en una sala distinta". Tuvo que esperar a ser su "propio jefe" para lograrlo. Lo hizo, de hecho, casi por casualidad. En 2013 y 2014 decidió levantar dos proyectos casi opuestos. Por un lado, el ciclo de conciertos +solo que la una+solo que la una, en el que el músico se subía al escenario con la guitarra como única compañía, un formato que aún sigue practicando. Por otro, comenzó una colaboración con la orquesta Cordes del Món, un conjunto de cuerdas de Parets del Vallés (Barcelona). "Los grabé por ver qué pasaba, por precaución, con medios muy limitados", admite. 

Eso ha obligado a descartar algunas de las canciones más coreadas del músico, como "Volando voy" por "problemas en la grabación" o "Lobo López" porque "no salió bien". Es la misma "falta de previsión" (él mismo lo admite) que hace que se repitan tres temas en los discos que forman Doble vivo: "Dice la gente", "Los planetas" y "Veneno". Aun así, hay canciones de cada uno de los diez trabajos que el músicos ha publicado desde 1981, incluidos los últimos con canciones originales, Dice la gente y Sensación térmica... aunque sus favoritos sigan siendo el trío "Veneno, el Cantecito y Está muy bien eso del cariño"."Veneno, Cantecito Está muy bien eso del cariño" "También me reencuentro con temas más clásicos como 'Un catalán fino', 'Mi morena', 'Ratitas divinas', 'San José de Arimatea'... Les encontré mucha vitalidad", dice el cantautor. 

Paradójicamente, el directo ha dado más de un dolor de cabeza a Kiko Veneno en los últimos tiempos. El pasado fin de semana, abandonó su actuación en el festival SOS 4.8 en Murcia, indignado porque la prueba de sonido de Amaral sofocaba el sonido de su concierto. La experiencia en su penúltimo festival de multitudes, el Viña Rock, donde tocó en 2015, no fue mejor: "No voy más en mi vida. Es una agresión al público y al pueblo: 18 millones de decibelios, miles de personas meando al aire libre, dejan todo lleno de mierda… ¡Literalmente! Eso no es la música y eso no es el rock".

Hay algo de amargura en su forma de hablar del público. "Los conciertos serán masivos, pero si quitas la gente que va a emborracharse, a hacerse fotos y charlas con los amigos (actividades que ma parecen muy lícitas), el público se ha dividido por 20. Los cines están vacíos también...", se queja. Él, eso sí, sigue encontrando sus seguidores, reuniendo a 1.000 o 2.000 personas con relativa facilidad. "Como yo nunca he sido mayoritario, de llenar estadios, pues me sigo manteniendo bien", argumenta. Por mucho que sea una de las figuras más relevantes del pop español, por mucho que un crítico como Diego A. Manrique le considere una "figura mayor" por mucho que recibiera el Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2012, se sigue considerando un artista ajeno a la industria y al gran público. 

Reafirmó esta idea en su último disco en solitario, Sensación térmica, donde contó con el vanguardista Raül Fernández, Refree (conocido, entre otras cosas, por su disco granada con Silvia Pérez Cruz), para los arreglos. El músico, que ha elegido desde siempre recorrer caminos poco transitados —estuvo en La leyenda del tiempo con Camarón y Paco de Lucía, estuvo a las letras de Martirio— se aliaba con el guitarrista para parir un disco en el cabían incluso tintes electrónicos. Piensa seguir por ese camino (aunque suavizado) en su próximo trabajo, ya en proceso de composición: "Quiero investigar, que ya lo estoy haciendo en mi casa. Quiero un sonido menos indie, vanguardista, pero más clásico, comercial y luminoso. Quiero meter violines, como hacían los Beatles, y hacer colaboraciones muy especiales, algunas cosas flamencas, algo techno…". Pero antes prepara el concierto de presentación de Doble vivoDoble vivo, el 27 de mayo en el teatro Nuevo Apolo, acompañado del Cuarteto Bético a las cuerdas, dirigido por Michael Thomas, y de su banda habitual, Los Notas del Retumbe.

¿Cómo se explica esta ilusión en alguien desencantado con la industria y con el público mayoritario? "Porque soy persistente, como ciertas manchas. Soy resistente". Y este autodenominado "pesimista filosófico" saca a pasear a su "optimista hormonal": "Y porque me gusta mucho la música, porque tengo una familia que me quiere mucho, y amigos, y porque disfruto de la playa, del campo... Sí, para disfrutar de un mundo tan decadente como el que se ha convertido la cultura, hay que ser un optimista hormonal".

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