Literatura

La Feria de las necesidades

La Feria de las necesidades

El mundo editorial en España, es sabido, tiene dos citas que relucen más que el sol: el Día del Libro-Sant Jordi, momento importante de ventas en toda España y fundamental para el devenir del negocio librero en Cataluña, y laFeria del Libro de MadridFeria del Libro de Madrid, similar en su formato a otras muchas que se celebran a lo largo y ancho de este país de pocos y no muy entusiastas lectores, pero mucho más relevante por su repercusión mediática y económica.

De la primera cita hablamos, y mucho, en su fecha, abril estaba siendo un mes malo de solemnidad y el pico de ventas del 23 apenas supuso un alivio pasajero... antes de caer de nuevo en el agujero.

De ahí que el sector espere la Feria como agua de (por los pelos, ya que abre sus puertas el día 30) mayo. En algo más de dos semanas, hasta el 15 de junio, muchos se juegan el año y algunos, la supervivencia.

"Sí tengo esa misma sensación", confirma Teodoro Sacristán, director del evento, quien consulta también un calendario lleno de días negros ("mayo ha sido canallesco, los libreros ya venían de un abril malo, ha sido un varapalo muy fuerte") y si acaso se encomienda a las ganas de gastar y las posibilidades de quienes van a la Feria pensando en hacer provisión de fondos... editoriales. "En la Feria se concentran las compras del público con vistas al verano bastante más que antes —dice—. El año pasado se notó mucho, era palpable". Incluso hubo quien, me cuenta, dijo que estaba acumulando regalos para Navidad.

Es en efecto habitual que los lectores acudan provistos de listas de libros que han completado a lo largo de los meses, pensando en los deseos propios y en los compromisos cercanos, pensando sobre todo en el sustancial descuento que la celebración conlleva. Y ese acumular, un clásico, es cada vez más habitual: los libreros andan de capa caída por la crisis, y sus clientes no están mucho mejor.

Tabla de salvación

Así están las cosas. Los feriantes miran al cielo ("que no llueva, que haga bueno"), porque el tiempo es factor determinante para un evento que se celebra al aire libre; consultan el calendario laboral ("Con un poco de suerte, la gente habrá cobrado y el primer fin de semana habrá alegría. Y eso, quieras que no, ayuda"); y visitan también la web de la FIFA para cerciorarse ("¡uf, por poco!") de que los primeros partidos del Mundial de Fútbol no van a afectarles demasiado.

Porque no están para librar grandes batallas. "La situación de las librerías es muy complicada, esta crisis está durando ya demasiado—corrobora Fernando Valverde, secretario del Gremio de Libreros de Madrid y de la Comisión Organizadora de la Feria—. Hasta ahora, con todas las dificultades, se notaba que la gente estaba aguantando en exceso, nos parecía milagroso que siguieran, sobre todo cuando contrastas datos de cadenas como Librerías L, donde hay muchas librerías independientes, y la gente sigue aguantando con sus compromisos de pago. Y en los propios gremios. Ha sido este año cuando hemos empezado a notar situaciones agónicas en algunos gremios, en algunas librerías. Se está haciendo largo, largo."

En el sector enumeran los problemas: la crisis económica general, la particular del sector, los recortes ("no hay compra pública"), la piratería, y a estas alturas de curso, apunta Valverde, "que todo lo que se mueve en torno a la escuela y la universidad entra en su recta final".

El caso es que las ventas están muy contraídas y siguen siendo meses muy complicados.

Y en esto llega, como todos los años, la Feria, a la que el público acude para comprar libros, para saludar a los autores o simplemente para un garbeo. A cada cual según su necesidad. "El atractivo principal es el espacio, pasear por la Feria del Libro —asegura Sacristán—, y luego también notamos que viene bastante púbico de fuera, quieren ver el modelo de negocio y aprender. Yo lo repito como un mantra: es el único espacio en el que está todo el fondo editorial y eso es una ventaja para el público y para el que quiere hablar con el editor, tocar el libro físico".

Este año habrá más expositores, en particular, más editores, "ya sabes que crecen como setas. Las librerías siguen siendo las mismas o menos, pero no las editoriales... Sigue siendo una feria de libreros, pero las editoriales cada vez copan mas espacio, por lógica, porque hay muchas. También es cierto que las librerías son de Madrid y las editoriales vienen de toda España".

Para dar cabida a tanto editor, incluso a los que no cumplen con la normativa y en rigor no podrían estar ahí, se ha fomentado el modelo asociativo; varios editores en una sola caseta. La cuestión es que todos tengan su espacio... y, de paso, ahorrar algo de dinero.

Es caro ser feriante

Porque participar en la Feria cuesta una pasta: en torno a 1.500 euros que los libreros han de apoquinar a tocateja. "Este año ha bajado, pero sigue siendo una tarifa alta, es verdad. Somos conscientes de que es así, es una feria cara", admite Valverde, quien no obstante señala que la Feria este año ha bajado las cuotas de los libreros y que el Gremio de Libreros de Madrid tiene congeladas las cuotas de las librerías desde hace 6 años.

Hay que señalar, además, que el de las librerías es el único colectivo que participa en la Feria perdiendo margen de ganancias, "mientras los editores y los distribuidores van doblando o triplicando su beneficio porque eso es lo que sucede, sobre todo en los medianos-pequeños". Explicación: los libreros aplican el descuento ferial en su tramo, y por lo tanto ganan menos en cada libro (aunque venden muchos más ejemplares), en tanto que los distribuidores y libreros obtienen más porque, por una vez, venden sus productos directamente al público, sin intermediarios, pero al mismo precio al que se venderían si pasaran por la librería.

"Por eso —añade Valverde— nosotros seguimos impulsando la posibilidad de que se convierta en una Fundación."

La Feria del Libro de Madrid una Fundación. No es un asunto que suscite unanimidades, de hecho, colea desde hace más de 10 años. Estado de la cuestión: el grupo de trabajo correspondiente entregó sus propuestas en diciembre, y todo está a la espera de la convocatoria de una asamblea en la que se discuta el proyecto. "Tendrá sus detractores —avanza Valverde—, pero yo creo que en general la gente está a favor de esta historia y nosotros creemos que si eso viene acompañado de una ley de mecenazgo sensata, que también está en la cartera del gobierno pero no sabemos si va a salir o no, podría dar alas a que una Fundación estabilizara sus cuentas mejor y eso podría revertir en que sobre todo las cuotas de las librerías bajaran sensiblemente".

Pido a Valverde que me explique más detalladamente la relación entre Conversión-de-la-Feria-en-Fundación y el Descenso-de-las-Cuotas-de-los-Libreros. "No hay una correspondencia directa entre fundación y bajada de cuotas —precisa—, lo planteo como una posibilidad. Una fundación hace que los posibles patrocinadores de un evento como la Feria del Libro, es decir, las empresas públicas o privadas, sobre todo las privadas, que aportan dinero [disfruten de una] fiscalidad muy favorable, de manera que hay casi patrocinios directos a actividades culturales. Sería mas fácil para la Feria negociar un patrocinio con la banca, con empresas de la energía o del automóvil, porque sabrían que la fiscalidad para ellos sería muy beneficiosa, desgravarían prácticamente toda la cuota que entregaran a un fin de este tipo. Eso tendría, siempre hablamos en teoría, un efecto más recaudatorio para la Feria que haría que el peso de las cuotas de los que participaran en ella bajaran sensiblemente."

Porque lo cierto es que los organizadores de la Feria, un acontecimiento cultural extraordinario, de éxito y repercusión mediática garantizados, ha de empezar cada año desde cero, buscar de nuevo patrocinadores, repetir una y otra vez la misma historia... "Es increíble —lamenta Valverde— que una Feria de este calibre tenga que estar casi mendigando año a año el patrocinio, es tremendo".

Y este año qué

La programación oficial se desvela este lunes 26 de mayo. Pero Teodoro Sacristán nos adelanta algunas citas: "La Feria la inaugura la infanta doña Elena, que es una habitual. El Pabellón Infantil va a acoger una exposición bonita, hemos organizado coloquios sobre la Primera Guerra Mundial, cuyo centenario conmemoramos, y tanto la embajada alemana como la italiana y la francesa traen a autores para participar. Y habrá una rueda de prensa para presentar la primera reunión sobre distribuidores europeos digitales, actividad que se hará en la Casa del Lector pero que se presenta en el recinto ferial porque han pedido visitarlo".

Como ya ocurriera ya el año pasado, la Feria se expande, y ocupa espacios tanto del Parque del Retiro (Casa de Vacas, Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías en la Casa de Fieras) como fuera. "Funcionó muy bien", asegura Sacristán.

Hace ahora un año, al término de la edición anterior, los feriantes parecían razonablemente satisfechos. Oficialmente, lograron frenar la caída en sus ventas desde 2008, que había llegado al 43%, gracias a un aumento del 9,3%, que representaba unos ingresos de 7,1 millones de euros.

Muchos se darían con un canto en los dientes por repetir balance. La respuesta, el 16 de junio.

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