Cultura

Fernando Navarro: "El trumpismo cañí convierte la cultura en ocio"

El periodista y escritor Fernando Navarro.

La cultura ha resistido de milagro durante todo este tiempo de cerrojazo forzado. Sigue resistiendo, de hecho, aferrándose a la esperanza de recuperación durante la reapertura. Porque el peligro sigue ahí y bien lo saben en Cuervo Store, la emblemática tienda de discos y estudio de grabación que intentó sobrevivir vendiendo pizzas en el epicentro de Malasaña pero que acaba de anunciar su cierre. Y así, de repente, pierde Madrid otro pequeño punto cultural, otro poquito de su personalidad.

"La cultura es resistencia y trinchera". Esta convicción llevó al periodista Fernando Navarro (Madrid, 1981) a recorrer desde hace un año diferentes lugares culturales de la capital para saber cómo habían vivido todo este tiempo. Y lo más importante: cómo estaban. Para, al final de su periplo, como cuenta en entrevista con InfoLibre, llegar a una conclusión clara: "El trumpismo cañí despoja a la cultura de significado y la convierte en ocio".

Maneras de vivir: historias de esperanza y resistencia en tiempos difíciles (Muddy Waters Books, 2021) es el resultado de ese viaje cultural a través de Madrid, en el que Navarro visitó lugares tan dispares como el Cine Doré, la librería Amapolas, la Sala El Sol, el Corral de la Morería, el Teatro Pavón, los Cines Embajadores, la Cuesta de Moyano, el Libertad 8, la librería Pérez Galdós o la mencionada Cuervo Store.

Según Navarro, en ese punto se empezó a ver desde fuera a Madrid como una ciudad que "se oponía al resto del país", algo ejemplificado en la constante confrontación de los dirigentes del PP con el Gobierno de España de PSOE y Unidas Podemos: "Se simplificaba muchísimo el mensaje en torno a una identidad madrileña que formaba parte de un eslogan político y que realmente era excluyente. Y creaba una identidad que era perversa en relación a lo que realmente es esta ciudad, pues Madrid nunca ha tenido una identidad que se tenga que reivindicar contra otra identidad".

Esta disputa política permanente hizo aún más omnipresente la presencia de la capital en los medios, lo cual no hizo otra cosa que acrecentar el distanciamiento en tiempos de confinamiento y desescalada. Algo incomprensible para el autor, pues para él "Madrid es una ciudad abierta que reivindica la variedad de sus gentes y que tiene un potencial cultural inabarcable".

"Pero Ayuso te dice que como en Madrid no se vive en ningún lado o que no te encuentras con tu ex. Mensajes que calan de una forma básica y estúpida, pero que lo convierten todo en una posverdad. Ella va soltando eso mientras mantiene un discurso aterrador contra la educación y la sanidad pública. La cultura es lo único que nos puede hacer pensar sobre eso, ya sea con una canción, películas, libros, una obra de teatro, un ensayo o lo que sea", reflexiona el periodista.

Negocios destinados a no ganar dinero

Constatando, asimismo, que la cultura "valiente y osada" termina abriéndose paso. Porque si la cultura depende de las Administraciones públicas "estamos todos acabados", ya que terminan convirtiéndolo todo en un "eslogan político, en algo simple y desvirtuado para sus intereses, como ha hecho Ayuso con la palabra libertad". En lugar de ese uso interesado, para el periodista y escritor la cultura es, citando él mismo a Emilo Lledó, "educación en la libertad, con contradicciones, diferentes perspectivas y capacidad crítica".

"Lo mejor de la cultura, del ámbito que sea, es que te abre nuevas posibilidades. Te hace pensar distinto, te transforma y te hace vivir otros mundos. Cuando se deja en manos de las administraciones o, en particular de este trumpismo cañí que tenemos en Madrid, terminan reduciéndolo todo a ocio, quitándole la esencia cultural, convirtiendo todo en etiquetas turísticas, en cosas para gastar dinero. El trumpismo cañí convierte la cultura en ocio quitándole todo el valor que tiene de pensamiento y de carga crítica, de contrapoder", plantea.

Consumo y desarraigo

Madrid tiene una energía caótica, trepidante y vertiginosa que se apagó cuando quedaron vacías sus calles, pues la electricidad la ponen sus gentes. Ahora vuelve a encenderse así una ciudad repleta de posibilidades que se pueden defender apoyando a la cultura en general y a los pequeños y medianos negocios culturales que compiten contra la uniformidad que provoca el capitalismo, empeñado en que todas las grandes ciudades del mundo se parezcan lo máximo posible.

"Si dejamos que Madrid caiga ante el capitalismo estamos perdidos", defiende Navarro. Y desarrolla: "Logroño ya no tiene una tienda de discos y en dos días puede que no tenga una librería, como puede ocurrir en cualquier capital de provincia. Y el cine siempre en el centro comercial, por supuesto. Un tipo de vida pensada por una organización social y económica capitalista de consumo y desarraigo. Hay que replantearse que si hay un montón de ciudades de provincias que ya no tienen eso, no podemos dejar caer Madrid".

Esa determinación de defensa de un Madrid que poco a poco se difumina puede resultar terriblemente romántica, pero es la espina dorsal de todo este peregrinaje de Fernando Navarro, quien no duda en reivindicar los años de la II República o La Movida de los ochenta, al tiempo que recuerda una Gran Vía, hace 25 o 30 años, repleta de tiendas de discos, salas de conciertos y cines. "Tenía muchísimas alternativas culturales, pero ahora es territorio de tiendas de ropa y hoteles de lujo", rememora con nostalgia.

Algo que ya pensaba Navarro y que ahora ha reconfirmado de primera mano hablando con tantas vidas entregadas a la cultura, es que hay que batallar contra las ideas neoliberales que "buscan el dinero de los turistas". Y que hay que escapar delpensamiento "conservador de la derecha, que no quiere que la cultura sea libre, ni alternativa, sino tenerla controlada por sus planteamientos morales".

"La derecha quiere abrir otra tienda de ropa donde antes había una sala de conciertos, un cine o un teatro. Hay que reivindicar a toda la gente que tiene estos negocios culturales, porque si cierran luego no se recuperan para la cultura", plantea, antes de terminar lanzando una idea que resume su visión: "La cultura de resistencia tiene que estar ahí. Dedicarte a la cultura es una manera loca de querer vivir, pero es que eso es lo que ha representado Madrid toda la vida".

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