Una justicia más justa... ni por casualidad
A Fidel Gutiérrez Salceda, in memoriam.
Mi padre, un franquista convencido de que hizo la guerra por Cristo Rey, nunca fue demasiado explícito cuando hablaba de mi abuelo. No ocultaba que los nacionales lo habían fusilado en Reinosa, dato, por lo demás, de dominio público en el pueblo y por el cual él, su hijo, era muy admirado (vaya, por seguir siendo fiel al Movimiento pese a todo...).
Pero ahí terminaban los detalles. Siempre me resultó admirable la veneración que mi padre profesaba por el suyo, a pesar de las, al menos aparentes, diferencias ideológicas. Supongo que, además del natural afecto filial, tenía clara conciencia de la injusticia de su asesinato.
“90 aniversario del inicio de la Guerra Civil española”: la información en la zona republicana (primera parte)
Ver más
Con el tiempo hemos conocido más cosas. Mi abuelo, Fidel Gutiérrez Salceda (1887-1937), médico titular del municipio de Pesaguero (Cantabria), fue su alcalde (por Izquierda Republicana) entre marzo y noviembre de 1936. Incorporado como capitán médico al Batallón 125, entonces destacado en el puerto de Piedrasluengas y después enviado a la zona de Campoo, fue detenido y fusilado tras un consejo de guerra sumarísimo. La acusación principal fue haber atendido en su calidad de médico a dos milicianos heridos, antes de incorporarse al ejército republicano... Dejó viuda y cinco hijos; mi padre, el mayor, con veinte años, acabó la guerra como alférez provisional.
No hace mucho, al desmontar la casa familiar, sus nietos encontraron una nota autógrafa de despedida dirigida a su “queridísima esposa”, escrita mientras esperaba ser ejecutado. No sé si sus hijos (mi padre entre ellos) llegaron a conocerla; nadie habló nunca de su existencia, y cuando apareció todos estaban muertos… Lo que sí sé es que mi abuelo Fidel sigue en la fosa común de Reinosa, esperando “por si algún día diera la casualidad (…) de una justicia más justa que la que han hecho conmigo” y “[mis restos] fuesen trasladados cerca de tu residencia”.
Cada vez que la derecha española rechaza abrir las fosas comunes del franquismo para no reabrir heridas, oigo los huesos de mi abuelo que siguen clamando por “una justicia más justa”.