Brillantes y olvidadas, las mujeres de la generación del 27: "Les admiramos a ellos, pero ellas también estaban"
Para los libros de texto quedaron ellos: Lorca, Dali, Buñuel, Alberti y tantos otros. Sin embargo, en el camino cayeron en el olvidó (en mayor o menor medida) muchas de ellas: Maruja Mallo, Remedios Varo, María Zambrano Concha Méndez, Margarita Manso, Rosa Chacel. Movida por cierto sentimiento de "vergüenza" al no saber lo suficiente de todas ellas, la ilustradora Gisela Navarro Fustser, Giselfust, se puso manos a la obra para contarnos este "pedacito de historia que nos han robado" en Brillantes y olvidadas. Las mujeres del 27 (Lunwerg, 2025), que rescata y dibuja a las autoras de aquella inigualable y por supuesto mixta generación de creadores. Y creadoras.
"Todos les admiramos a ellos. Poetas, pintores, dramaturgos, guionistas, directores de cine", remarca a infoLibre Giselfust, que intenta a lo largo de estas páginas explicar que "no solo estaban ellos, estaban ellas también". "Un grupo de mujeres que he elegido muy simbólicamente, porque eran justo las que más relación tenían con Maruja Mallo, protagonista indiscutible y en cuya piel me pongo para escribir este relato en primera persona a través suya, relatando anécdotas, pensamientos y referentes femeninos que para ella fueron importantes", destaca.
Mujeres de las que apenas se habla en los colegios, como cualquiera puede atestiguar. Pero aquí es la propia ilustradora la que nos sirve de espejo compartiendo su desconocimiento: "A Maruja Mallo no te la enseñan. Yo soy de la generación del BUB y el COU y nadie me la explicó, a pesar de hacer Literatura Española y ahondar en la época de la generación del 27. Ni nombrarla. Pero ni a Maruja, ni prácticamente a ninguna en aquel momento".
Empezó la ilustradora después la carrera de Bellas Artes, en la que tampoco le hablaron de Maruja Mallo, que goza ahora —con una importante exposición en el Reina Sofía hasta el 16 de marzo— de un reconocimiento generalizado que en su justa dimensión le fue negado envida. "Empecé la carrera en el 96, y Maruja Mallo había muerto solo un año antes, pero ni por esas te la nombraban en ningún momento", rememora Giselfust.
Y todavía añade, de nuevo poniéndose como ejemplo: "Igual sí que el nombre me sonaba, pero no era capaz de situar su obra, ni su vida. Fue a partir de ver un documental de Las Sinsombrero, ya como en 2015, que me topo y conecto con ella. Empiezo a investigar y pienso 'madre mía'. La verdad es que sentí una profunda vergüenza por no haberla conocido antes, y eso es lo que me motivó para ir descubriendo y enamorarme al final de la obra, del personaje, de la persona, y me llevó a investigar mucho para acabar haciendo el libro".
La famosa antología que da nombre a la generación del 27, de manera consciente, no las recoge a ellas
Así es como llegamos a tener entre manos Brillantes y olvidadas. Las mujeres del 27, un viaje por el universo de esos años de rompedora creatividad que iluminaron las primeras décadas del siglo XX y cuyas representantes femeninas no han sido todavía suficientemente reivindicados a día de hoy. "Es que, al final, si en el cole no te lo explican, o no tienes la suerte de tener una familia muy culta, se te pasa desapercibida muchísima gente, muchísimos referentes, y sobre todo muchísimas mujeres referentes", plantea Giselfest, quien debuta en este libro en la doble faceta de autora e ilustradora para iluminar con el brillo de sus dibujos un universo de mujeres que convivieron con los grandes nombres de una de las generaciones intelectuales más poderosas del siglo pasado.
Convivieron consideradas "como iguales" por sus compañeros en los años de juventud y "auge artístico muy importante en el país, en el Madrid de los años veinte y treinta", pero luego desaparecen como consecuencia de la guerra civil y el exilio. "Cuando eran jóvenes estaban descubriendo la vida, coqueteando entre ellos, descubriendo los límites, y se sienten como iguales", destaca Giselfust, lamentando que "cuando la vida les empieza a poner a todos en su sitio ya no son iguales, y en la época adulta y sobre todo en la madura, ellos ya no las reconocen a ellas". "Es es el problema que ha habido en la historia", apostilla.
Iban de dos en dos, de tres en tres, a las tertulias literarias, a dar clase, al teatro... Se sentían también infravaloradas, y el hecho de ir de dos en dos, de sentirse apoyadas, las hizo permanecer en el grupo
De hecho, continúa, la "famosa antología que da nombre a la generación del 27, de manera consciente, no las recoge a ellas". "Y ellas llaman, ellas avisan, ellas dicen 'oye, ¿dónde estamos?' Y ellos miran para otro lado", recuerda la autora, señalando que en ese punto "sí que hay un viraje en la relación y sí que hay también un heteropatriarcado que evidentemente existió muy fuerte y existe". "Esperemos que deje de existir algún día, pero en el momento es una cosa con la que convivimos", denuncia.
Esa situación de relegamiento paulatino es la que las llevó a desarrollar, sin saberlo, una sororidad femenina para mantener su presencia. "Es que nos han hecho creer a las mujeres toda la vida, incluso hoy, que nuestras peores enemigas somos nosotras mismas. Es una cosa que se nos dice para acabar de rematarnos, porque no solo tienes que sentirte culpable por mil cosas, sino porque además eres la peor enemiga de tus amigas, de tus compañeras. Y no es verdad. Es que no ha sido verdad nunca", argumenta.
"Las mujeres siempre se han sostenido entre ellas. Las vecinas tienen relaciones entre ellas. En los trabajos, normalmente tu mejor aliada es una mujer que está cerca tuyo", prosigue, todavía profundizando más: "En los mundos que son más masculinos, en la política, en las finanzas, las mujeres hacen muchísimo tándem porque, si no, no podrían subsistir. Las mujeres entre nosotras nos hemos ayudado toda la vida. Evidentemente, puede haber incompatibilidades, somos humanos, pero hay que romper un poco con esa idea".
“No te fíes, tus amigos no hablarán de ti en sus memorias”
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Por eso mismo, considera la autora importante poner en valor la palabra sororidad, "aunque pueda estar muy sobada, para explicar que las mujeres se han sostenido siempre". "Y ellas, las de la generación del 27, también se sostenían. Iban de dos en dos, de tres en tres, a las tertulias literarias, cuando iban a dar clase, cuando iban al teatro... Porque si van solas, ellos tampoco las tenían en cuenta. Ellas se sentían también infravaloradas, y el hecho de ir de dos en dos, de sentirse apoyadas, las hizo permanecer en el grupo. Quizás si no hubieran tenido esas alianzas, no hubieran permanecido tampoco. Para mí era importante que se viera, o que se demostrara que ellas también se ayudaron entre ellas muchísimo", explica.
Y aprovecha en este punto para compartir una anécdota que resume bastante la situación de diferencia de trato entre ellos y ellas: "Hay una historia que repite mucho Maruja Mallo, que yo recojo en el libro, y es que Buñuel, que era muy joven y un poco bruto, por eso le llamaban 'el bruto de Buñuel', cuando ella entraba mientras estaban hablando de algo, porque era del mismo grupo de amigos, decía 'bueno, ahora empezamos a hablar de la menstruación'. Toda una falta de respeto que quiere decir que los temas importantes se hablan cuando están los hombres y cuando vienen las mujeres se va a hablar de tonterías".
Para terminar, sin querer en realidad poner a ninguna por encima de las demás, sí que destaca la autora a Concha Méndez, la mejor amiga de Maruja Mallo, por haberla "sorprendido" como persona y como artista. "Iban juntas siempre a las tertulias o creaban juntas. Concha era poeta y tienen muchísimas obras que son muy bonitas de seguir porque Maruja pintaba un tema y ella hacía el poema del mismo tema", señala, para concluir, ahora si, agradeciendo a Mallo "haberla descubierto a ella y a todo su entorno". "Si no llego a enamorarme un poco de Maruja, no hubiera descubierto a tantas otras mujeres que ahora me han interesado tanto", remata. Sus vidas, tan brillantes y olvidadas, quedan ahora negro sobre blanco y coloridamente ilustradas gracias a este cuidado volumen.