Los diablos azules

Elena Fortún en la revolución

Ilustración de Juan Millares para el proyecto de mapa digital de 'Celia en la revolución'.

De Chamartín de la Rosa al Hospital de Carabanchel. De la Estación del Norte a Sol. De la calle de los Reyes al Palacio Real. Por ahí pasea Celia, esa niña con el cabello “rubio tostado” que nació en las páginas de Gente Menuda en 1928 y que se convirtió en uno de los personajes infantiles más famosos de la historia cultural de España. Pero estamos en 1936, Celia está dejando de ser una niña, y a su alrededor suenan los zumbidos de las balas, se amontonan los escombros, azota el hambre. Ese es el paisaje que vivió también Elena Fortún (Madrid, 1886-1952), una de las escritoras más exitosas de nuestra literatura y también una de las más olvidadas, que permaneció en España durante toda la guerra para exiliarse luego a Buenos Aires. Y ese es el paisaje que recoge la cartografía digital de Celia en la revolución, la novela en la que Fortún recogió sus vivencias y que solo se publicaría tras su muerte. El proyecto, sufragado por la Comunidad de Madrid a través de su Biblioteca Regional, lleva listo desde el pasado diciembre y solo pendiente de la publicación por parte del Gobierno regional. Según sus responsables, la Comunidad se ha comprometido a hacerlo al fin este octubre.

"Es una forma de acercarse a la historia de la Guerra Civil, a ese Madrid que ha desaparecido, a través de una obra literaria muy relevante", reivindica la filóloga María Jesús Fraga, especialista en Fortún. La escritora comenzó a trabajar en Celia en la revolución estando aún en España, pero acabó abandonándola y no la retomaría hasta 1943, ya en el exilio al que se ve forzada por su compromiso republicano. El libro tiene un gran peso biográfico y aúna las vivencias de la autora con su trabajo periodístico, que le hizo recorrer la ciudad de punta a punta. Todo eso está en el mapa interactivo que debe presentarse este otoño. La web muestra, primero, cada uno de los puntos mencionados a lo largo de la trama, reproduciendo aquellos pasajes en los que aparece tal o cual calle. Pero a eso se añade un trabajo documental que incluye ilustraciones del dibujante y cineasta Juan Millares, fotografías de época de distintos archivos, información biográfica de la autora y un estudio histórico del Madrid en guerra, elaborado por Pilar Mera.

Ilustración de Juan Millares para el proyecto de mapa digital de Celia en la revolución.

De cumplirse los tiempos por parte de la Comunidad, el mapa acompañaría a la segunda edición de Celia en la revolución, recuperada en 2016 por la editorial Renacimiento, que llegaba casi 30 años después de la primera publicación de Aguilar, una rareza perseguida por los coleccionistas. Pero el proyecto pretende también divulgar la realidad de la Guerra Civil en Madrid, a partir de la mirada de una adolescente sorprendida, ajena a la dimensión partidista de la contienda. "Casi todas las novelas que se escriben sobre la guerra, los autores se exilian más o menos pronto", cuenta Fraga. No es el caso de Fortún, que toma "el penúltimo barco que sale de Valencia". En Celia en la revolución, la protagonista recorre también, de hecho, ciudades como Barcelona o Albacete, pero la capital es la principal protagonista. Fortún conoce los bombardeos, conoce la violencia del frente —su marido combatirá en el bando republicano y acabará hospitalizado— y conoce el hambre. El hambre a pie de calle, donde se corría la voz si unos muchachos vendían carne en una esquina o si en tal barrio paraba un camión de naranjas cada tanto. 

Ilustración de Juan Millares para el proyecto de mapa digital de Celia en la revolución.

Para reconstruir aquel Madrid, el equipo se ha servido de las ilustraciones de Juan Millares. Sus dibujos recrean cada una de las escenas que vive Celia, para lo que ha tenido que conformar un voluminoso archivo de imágenes. Cómo era la configuración de una calle en 1938, qué edificios de los actuales estaban ya en pie y cómo eran los que ya han sido derruidos, qué modelos de coches se usaban, cómo eran los tranvías que llegaban hasta Ciudad Lineal, cómo vestían los jóvenes y cómo los mayores... Cada una de las más de 30 ilustraciones exigía tres o cuatro días de documentación. Al final, el trabajo resultaba en una especie de fotomontaje, con imágenes actuales y de época, sobre la que levantaba el dibujo. En el material gráfico del mapa digital está un Madrid que se mantiene en pie pese a las décadas y pese a la guerra, pero también un Madrid que ha desaparecido. 

"La idea se me ocurrió", cuenta la filóloga, "porque una compañera mía hizo una estancia en Estados Unidos, y en su universidad habían hecho una aplicación parecida, bastante más sencilla, con Lorca en Nueva York". Si lo habían hecho con Federico GarcíaLorca, pensó ella, que apenas alude explícitamente a localizaciones específicas en su texto, qué no podría hacerse con Elena Fortún, que narra al detalle la vida de la ciudad. "Parece que ha escrito el libro pensando en que en el futuro se hiciera algo así", bromea. Su perspectiva era única: para complementar los ingresos, Fortún trabajaba en prensa, lo que le daba acceso a información de primera mano. Serán esos mismos artículos los que utilizará como sostén a su propia memoria cuando empiece a redactar la novela, ya en el exilio. En el mapa puede consultarse precisamente esos recortes firmados por Fortún, que serían luego ficcionalizados e introducidos en Celia en la revolución

Detalle del mapa digital de Celia en la revolución.

De hecho, el peso de la crónica se irá acrecentando a medida que avanza el libro. "Elena Fortún, cuando empieza a escribir esta novela, lo trata como un texto muy ficcional, pero a medida que pasa la guerra, se va desprendiendo de todos estos personajes de ficción", cuenta Fraga. El libro pertenece claramente al género de las novelas de aprendizaje, y en ese aprendizaje está la violencia o el compromiso político —el abuelo de Celia, militar, es fusilado por los golpistas cuando se niega a tomar las armas contra el Gobierno—, pero también la soledad. La adolescente pierde las figuras del abuelo y del padre, incluso de las hermanas, a las que ya no tendrá que cuidar, y debe enfrentarse sola a un mundo extraño. "Esta novela era algo que Fortún tenía atragantado, que tenía que sacar. Sabía que no se iba a publicar, que era imposible, pero tenía que sacar todo ese trauma que había pasado. La escribió y la guardó en un cajón". Ese cajón lo veló su nuera, que entregaría distintos documentos, incluidos los manuscritos inéditos de Celia en la revolución y de Oculto sendero, a la estudiosa Marisol Dorao. Ella fue quien las sacó del cajón. 

Curiosamente, esos documentos están custodiados por la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid. La misma que encargó el proyecto y que ahora debe liberarlo. Cuando lo haga, Celia dejará de estar sola en ese Madrid violento e inhóspito. 

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