La vigencia visionaria de Pasolini: "Supo ver lo que estaba por venir en las sociedades occidentales"

“No hay que ser fuerte para enfrentarse al fascismo en sus manifestaciones delirantes y ridículas: hay que ser fortísimo para enfrentarse al fascismo como normalidad, como codificación, diría yo, alegre, mundana, socialmente elegida, del fondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Así se expresaba Pier Paolo Pasolini en uno de sus tantos artículos periodísticos considerados ahora, medio siglo después de su asesinato, poco menos que proféticos, en los que apuntaba a la sociedad de consumo y al capitalismo como los sistemas verdaderamente autoritarios que iban a conseguir el sometimiento definitivo de las sociedades con mucha más eficiencia que el mismísimo fascismo criminal. 

"Estamos al otro lado de lo que él supo ver que iba a ocurrir", recalca a infoLibre Vicente Monroy, prologuista de Las siete vidas de Pasolini (Dos Bigotes, 2025), quien profundiza: "Lo que él supo ver es que realmente no se estaba produciendo tanto un cisma post-fascista sino una reorganización de los grandes poderes empresariales y políticos, que en el fondo iban a seguir oprimiendo a la sociedad con otros mecanismos tremendamente violentos también. No voy a decir igual de violentos pero sí tremendamente violentos. Eso está en su análisis social y de los problemas que nos iba a acarrear la obsesión con el progreso por todo lo conlleva en términos de homogenización social y de desaparición de las culturas populares, de la diferencia, de las clases".

Y continúa: "Creo que ahora mismo estamos viviendo las consecuencias de eso que él supo ver y advirtió cuando nadie se atrevía a advertirlo. Eso era muy difícil ponerlo en palabras entonces porque los intelectuales de izquierdas tenían miedo de que volvieran los fascismos una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Dijo cosas que nadie se atrevía a decir en su momento y que hoy vemos que realmente hubiera sido muy importante escucharle. Todavía hoy nos sigue sorprendiendo esa capacidad para ver lo que estaba por venir en las sociedades occidentales, y en el mundo entero, porque sus advertencias tienen mucho que ver con la globalización, algo que sigue siendo muy actual. Pasolini no se cayó nunca. No sé si porque no quería callarse o porque no podía. Por eso, probablemente, terminó como terminó, desgraciadamente".

Y terminó en la madrugada del 2 de noviembre de 1975, en un asesinato que conmocionó a la sociedad de la época, que perdía así a una de sus voces más brillantes y controvertidas, de vuelta ahora a las librerías gracias a este ensayo coral que propone un recorrido por las múltiples facetas del creador italiano: el cineasta, el novelista, el pintor, el dramaturgo, el amante, el filósofo y el poeta. No se trata de una biografía ni de un estudio académico al uso, sino de una lectura personal y crítica de cada una de esas vidas que habitaron a Pasolini, prologada por el escritor Vicente Monroy y con textos de los expertos Pablo Caldera, Mario Colleoni, Juan Gallego Benot, Pedro Víllora, Déborah García, Silvia Martín Gutiérrez y Andrés Catalán.

Desde su cine incómodo y transgresor hasta su compromiso político, pasando por su pasión por la belleza que se encuentra en los márgenes, Las siete vidas de Pasolini explora la intensidad y la diversidad de un universo que desbordó los límites del arte y del pensamiento. Es también un espejo del presente: una invitación a releer al artista como una figura radicalmente contemporánea, que supo ver lo que otros no veían gracias a que, "por encima de todo", según Monroy, siempre fue, en esencia, un poeta que comprendió un mundo donde los otros solo veían barullo.

Nos enseña que todos somos un poco culpables, que realmente hay una aspiración generalizada a la vida burguesa y a los modelos consumistas burgueses

"Él se consideró siempre un poeta cuando hacía cualquier arte. Eso también es muy importante para entender esta cualidad profética que solemos achacarle, porque antiguamente los profetas eran poetas. Lo siguen siendo ahora, porque la poesía de alguna manera se puede aplicar a todas las situaciones de la vida. Ese aliento poético yo creo que es fundamental en Pasolini, atraviesa toda su obra, que es muy dispersa, muy heterogénea", plantea Monroy, 

La Doctora en Estudios Literarios e investigadora en estudios pasolinianos en Italia, Silvia Martín Gutiérrez, encargada del texto sobre su faceta filosófica, asegura que en realidad no se le puede llamar nada "que no sea escritor o poeta", pues es lo que él mismo se consideraba. "La gente tiende a separarlo mucho. El antropólogo, el director de cine... como si fueran tantas cosas, cuando en realidad es solo una. Todo lo que él hace lo hace como poeta", acota, puntualizando que, para ella, "no era ningún profeta", sino que "tenía una capacidad analítica tan grande que solo con analizar lo que estaba viendo en su propio presente fue mucho más allá de lo que él pensaba que iba a ir".

"No es que viera el futuro, sino que, con los datos que tenía, veía clarísimo el presente. Por eso, hoy a nosotros nos parece increíble que todos sus discursos sobre el consumismo sean tan actuales. Le lees y parece que te lo acaba de escribir ahora mismo en su casa", resalta a infoLibre. "Ese estupor de actualidad cincuenta años después que tiene que ver con esta capacidad de sacar el discurso de la parte política y llevarlo a la parte cultural, que es lo que le da elasticidad", explica.

Tenía una capacidad analítica tan grande que solo con analizar lo que estaba viendo en su propio presente fue mucho más allá de lo que él pensaba que iba a ir

Así es como, por ejemplo, se da cuenta de que "el fascismo de los años históricos era algo que permanecía a nivel externo, es decir, la gente hacía como que era fascista para no tener problemas, pero en su fuero interno no lo era". Sin embargo, también vio que el consumismo sí había "conseguido cambiar a la gente en la parte interna", con lo que nos convertimos en "personas distintas a nivel antropológico", y concluyó que "lo que no consiguió el fascismo de los años treinta lo ha conseguido el consumismo".

Es así como, según Monroy, Pasolini de alguna manera "nos enseña que todos somos un poco culpables, que realmente hay una aspiración generalizada a la vida burguesa y a los modelos consumistas burgueses". "Creo que eso nos pasa a todos, y en gran medida somos todos los que estamos apoyando un mundo que se desmorona, aunque él nos advirtió de esto de muchas maneras", prosigue, poniendo un ejemplo muy concreto que se puede relacionar con el maltrato de la derecha a las lenguas minoritarias: "Él temía la desaparición de los dialectos que representaban formas culturales al margen, y hoy en día la rueda implacable de la globalización sigue rodando y no paran de desaparecer formas disidentes de diferencia cultural".

Por esto mismo, destaca también que quizás la enseñanza más importante que aprender del genio italiano es que "un individuo puede marcar la diferencia", como él mismo hizo: "Nos enseña que ser violentamente coherente, como lo fue él, que es lo que no nos atrevemos a ser casi nadie, puede marcar la diferencia. Por eso, cuando aparece una voz como la suya, que realmente lo pone todo en duda, somos incapaces de asimilarla. Una voz como la suya que hace temblar el mundo, y me temo que la cultura burguesa no la acepta del todo bien". 

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Sus opiniones, de hecho, le costaron incontables polémicas. "Se le lanzaban al cuello, incluso amigos intelectuales", apunta Martín Gutiérrez, recordando que pasó con asuntos tan cruciales como mayo del 68 o el aborto: "Pasa cuando dice que el fascismo también puede ser de izquierdas. Porque para él el fascismo es un evento cultural y se puede llevar a izquierdas y a derechas, algo que allí es un escándalo total. Él era consciente cuando escribía estas cosas, sabía lo que venía".

"Creo que es una figura muy singular en este sentido y que dio una gran lección al arte del siglo XX", trata de resumir Monroy, para quien en el camino "hemos olvidado que, sobre todo, es un artista excepcional que tuvo un proyecto creativo mezclado con un proyecto político único en el siglo XX". "Fue un poeta increíble, fue un cineasta increíble, pero, sobre todo, fue un artista total. El último de los grandes artistas totales. Según esa idea del artista orgánico que nace en el siglo XIX, quizás sea el último que se atreve a proponer un proyecto que es totalmente transversal, que cruza todas las artes", resalta.

Y subraya, para terminar, que este ensayo coral nace precisamente de esa "necesidad" de cubrir ese "vacío que hay en general cuando se habla de Pasolini, de hablar de ese proyecto total a través de las distintas artes que tocó". "Escoger a Pasolini siempre es una buena opción", tercia Martín Gutiérrez, para quien no nos tenemos que preguntar qué diría ahora, pues todo está en su obra: "Lo que sí sabemos es por qué no pudo decir nada más a partir de la noche del 1 al 2 de noviembre del 75. Porque, como decía Bertolucci, le cerraron la boca para siempre. Ahora hablan los textos".

“No hay que ser fuerte para enfrentarse al fascismo en sus manifestaciones delirantes y ridículas: hay que ser fortísimo para enfrentarse al fascismo como normalidad, como codificación, diría yo, alegre, mundana, socialmente elegida, del fondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Así se expresaba Pier Paolo Pasolini en uno de sus tantos artículos periodísticos considerados ahora, medio siglo después de su asesinato, poco menos que proféticos, en los que apuntaba a la sociedad de consumo y al capitalismo como los sistemas verdaderamente autoritarios que iban a conseguir el sometimiento definitivo de las sociedades con mucha más eficiencia que el mismísimo fascismo criminal.