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Los males (casi) nunca son tantos

Raquel Martos presenta su segunda novela.

No es que Carla esté loca, no, pero lo cierto es que se pasa semanas enteras hablándose a sí misma. Más que hablarse, se piensa. Piensa en ella y en los demás: en sus amigos, su familia, sus amores. En su trabajo, ese trabajo en la radio que siempre deseó pero que, después de tantos años de esfuerzos y desvelos, nunca ha terminado por darle aquello que ella tanto esperaba.

En su ágil, lúcido y divertido monólogo –obligado, ya que Carla, la charlatana y locuaz Carla, está de baja y en silencio por una operación de cuerdas vocales- esta mujer de treintaytantos, esta persona que, al menos le parece a ella, siempre da un poco más de lo que recibe, encuentra por fin el momento y el ánimo de conocerse y sincerarse consigo misma.

A pesar de los muchos pesares, de la crisis que, aún sin haberla hundido, la ha dejado tocada; de ese novio que definitivamente (o casi) le ha hecho desistir de la idea del amor o, simplemente, a pesar de las muchas y pesadas frustraciones con las que se encuentra en su día a día, Carla lucha por darle un vuelco a su vida.

Su abuelo ya le traspasó desde su sabiduría este consejo. Su consejo, casi "un mantra": No pasa nada. Y si pasa, se le saluda. Casualidades de la vida, a Raquel Martos también le llegó la misma información por la misma vía. La guionista, humorista y periodista, colaboradora de infoLibre es, efectivamente, una suerte de alter ego de Carla. Si no tanto, al menos sí la madre de este su segundo hijo literario, tras la exitosa Los besos no se gastan

Si en aquella novela se volcó más en el lado dramático de las relaciones, en esta no ha podido dejar de recurrir a su habitual humor, cargado de ironía. “Me apetecía mucho”, confirma la autora, que explica que el origen del libro en realidad no fue un libro. “Al principio iba a ser el diario de una bloguera, pero luego apareció la historia de Carla y se apropió de aquello”.

Carla no es bloguera, no: ya hemos contado que trabaja en una radio, más que nada locutando cuñas publicitarias. Y aunque no bloguea, sus conversaciones sí son reflejo de las conversaciones que priman hoy en día, a base de whatsapp y mensajes de texto que se reproducen a lo largo de las páginas. “Como ella no puede hablar, tiene que hacerlo por escrito, también con su pizarra”, adelanta Martos.

Todo ese tiempo, seis semanas de reposo y forzosa mudez le da, sobre todo, para reflexionar. Repensar las cosas más importantes y la vez las que se suelen dejar más abandonadas. “Las emociones, la vocación, los afectos, los sueños, los proyectos… que al final son las cosas que nos mueven”, dice la escritora, con una sonrisa permanente. “La gente normal, no el director del FMI, se mueve en estas cosas. Aunque bueno, igual Christine Lagarde también”.

Perfilada más como una “perdedora” que como una heroína, la protagonista, “el claro ejemplo de persona a la que le cuesta encontrar el éxito social”, abre en esta representación de uno de los muchos episodios de su vida la puerta a un mañana más feliz y más pleno. Aunque de muy diversos modos se encuentra en un mal momento vital, es capaz de dejar el dramatismo de lado y plantarle cara a las adversidades. 

“La vida te pone a prueba muchas veces”, dice la escritora, que ve la positividad de su libro más como "un deseo" que como una opinión sobre cómo se desarrollarán los acontecimientos en un mundo en proceso de cambio. "Pero lo que cuenta es la actitud con que la vas toreando, porque en realidad no puedes tenerlo todo colocado, es mucho más fácil que se te descoloque todo”.

Martos, ahora en modo freelance, sí parece tener las cosas en su sitio. “Tengo un proyecto muy bonito, me he enamorado de él”, desvela, aunque sin dar más detalles. Por el momento, disfruta con el lanzamiento de su libro, aunque sin pretensiones: “Escribes porque te apetece, y si tienes una editorial, ya es maravilloso. Pero sé que vivir de la literatura está muy restringido, así que no pienso en a cuánta gente llegaré: cada lector es importante”.

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