Cine documental

De la memoria oral a la histórica

De la memoria oral a la histórica

La excepcionalidad de la Transición española, que no contó con una comisión de la verdad que pusiese negro sobre blanco los crímenes cometidos durante la dictadura, hace que buena parte de ese trabajo recaiga en la memoria colectiva y en cómo las personas recuerdan algunos de los hechos más traumáticos del franquismo. Por ello, el escritor y director de cine Ramón Lluís Bande (Gijón, 1972) ha basado buena parte de su producción en los últimos años en esta premisa, poniendo especial atención en la lucha antifranquista de los maquis asturianos, vinculados casi por completo al PCE. Bande comenzó a trabajar sobre la memoria histórica en 2003, cuando conoció a Manuel Alonso González, Manolín el de Llorío, uno de los últimos guerrilleros que quedaban con vida por aquel entonces. Con él rodó, antes de su muerte en 2011, Estratexa, un retrato audiovisual de aquel pastor de cabras que se alistó con 18 años en el ejército de la república, pasó 20 años en las cárceles franquistas y perdió a buena parte de su familia debido a la cruenta represión del régimen. 

La intensa amistad con Manolín el de Llorío se tradujo, asimismo, en varios proyectos, entre ellos una película de ficción en la que el actor Carlos Álvarez-Novoa, recientemente fallecido, interpretaba a Manolín, contándole su historia y la de sus compañeros a su nieto. Sin embargo, y a pesar de haber grabado alguna de las escenas, la cinta no acabó de cuajar y Bande se decantó por el género documental para plasmar los tres ejes fundamentales que definen su trabajo: memoria, paisaje y paisanaje. Así, aparece en 2014 Equí y n'otru tiempu –el realizador gijonés utiliza el asturiano en la mayor parte de su obra-, un documental que recorre los lugares en los que los guerrilleros asturianos perdieron la vida entre los años 1937 y 1952, y que recibió el premio de la crítica en el Festival de Cine de Sevilla. Ahora, motivado por el valor histórico de los testimonios que recogió durante la investigación, presenta la cara B de aquella cinta, El nome de los árboles, que se podrá ver en la Cineteca del Matadero de Madrid, del 15 al 17 de este mes.

Esta nueva propuesta de Bande, que también dirige los programas Camín de cantares y Pieces en la televisión pública asturiana, es una especie de making-of en el que muestra el mismo relato, pero a través de los recuerdos de los vecinos.making-of “Uno de los valores de la película es que no habíamos hablado con esta gente ni antes ni después de hacerla. Nos la íbamos encontrando por el camino”, cuenta el director gijonés, que reconoce una “fascinación” por la narración oral y la memoria "sin construir". De esta manera, desfilan, acotados en 19 episodios, los testimonios de diferentes vecinos de la zona central de Asturias que son interpelados acerca de su convivencia con la guerrilla. Además, revela algunos aspectos interesantes como "que muy pocos guerrilleros murieron por otra cosa que no fuera un chivatazo, motivados, uno por intereses fascitas; y otros, por cuestiones menos confesables".

El documental arranca con Nicanor Rozada, autor de varios libros sobre la guerrilla asturiana, mostrando la tumba de Alfredo Llaneza, El Gitano, y José García Álvarez, El Barrendero.El Barrendero Se trata de dos palos corroídos por el tiempo, clavados en un prado de los montes de Sotrondio, muy cerca de donde fueron asesinados en noviembre de 1938. De manera inexacta y vaga –como es la memoria, por otro lado- un vecino recuerda a uno de los fugaos que, tras ser asesinado por la Guardia Civil, fue colgado por sus mismos asesinos con una ristra de chorizos y una hogaza de pan y no “paraban de sacarle fotos”. Y otra mujer, apenas una niña cuando rememora la escena en la que la Guardia Civil atrapó a dos maquis en la casa de al lado, señala que todavía hoy no puede ver escenas de guerra en la televisión porque se le vienen a la cabeza la larga espera que pasó bajo un colchón de lana junto a su madre, mientras los guardias tiraban bombas de mano al otro lado de la calle.

A pesar de lo trágico que resultan algunos de los pasajes, hay un sentido del humor que transita todo el documental. Bande achaca esto “al carácter asturiano, que desdramatiza el relato”. Aun así, considera fundamental recoger estos retales de la memoria colectiva para evitar que se pierda. Como la Canción del fugado que aparece al final del filme: "Muera el fascismo/ con sus traidores/ siguen venciendo/ los corazones". De hecho, es por esta forma de rebuscar en el pasado que el documental debe su nombre, que era el original destinado para Equí y n'otru tiempu. Un juego entre la presencia permanente de los árboles, muchos de ellos testigos de las peripecias de los que se echaron al monte para evitar la represión franquista, y los nombres olvidados de todos aquellos que nunca volvieron a bajar de allí.

 

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