Por qué Massiel o Salomé siguen siendo más modernas que Chanel

La canción que representa este año a España en el Festival de Eurovisión nació pensada para Jennifer Lopez. Pero la gran diva estadounidense rechazó SloMo con una patada que, a cámara lenta, la mandó hasta las manos de una Chanel que la recogió al vuelo para pasar de Benidorm a Turín sin dejarla tocar el suelo.

Con esta carambola, ha terminado representando a todos los españoles una canción con cinco autores internacionales: Leroy Sánchez (compositor español, vitoriano concretamente), Ibere Fortes (compositor brasileño), Maggie Szabo (cantante canadiense), Keith Harris (productor inglés) y Arjen Thonen (dj neerlandés). Todo un producto.

Vale que toda la música está mercantilizada y que, por tanto, todas las canciones son productos. Pero SloMo es lo que viene siendo la definición perfecta de producto global, que poco o nada dice de España como país y que ha acabado por estos lares como podría haber acabado en la papelera de reciclaje.

Por los motivos que sean, no viene al caso remover recientes y agitadas polémicas, pasó de largo la oportunidad de lanzar el mundo un mensaje contagiosamente feminista o bien reivindicar la multiculturalidad y el plurilingüismo. Dos posicionamientos que sí dicen cosas de nosotros mismos ante esta vieja Europa acechada por la ultraderecha y que se desangra por el este.

Vestida de torera por Palomo Spain, no parece Chanel la imagen de esta España plural y afortunadamente variopinta que tiene tantas cosas que decir. Más bien al contrario, nos enrocamos en los clichés con los que tradicionalmente se nos relaciona en todo el mundo. Pop latino y reguetón con abanico incluido: tonadilleras y copleras del siglo XXI (con todo el respeto a las originales del siglo XX).

Porque representantes de antaño como Peret, Remedios Amaya o Azúcar Moreno, por ejemplo, defendieron unas propuestas que tenían sentido en su momento. Con su toque andaluz que sí representaba a la España de los setenta, los ochenta y los primeros noventa. Pero lo de SloMo es, básicamente, conservadurismo disfrazado de modernidad... en 2022.

Eso mismo es lo que encarnaron en los años sesenta Massiel y Salomé en pleno desarrollismo, solo que lo suyo sí que era, en esencia, moderno y de alguna forma contestatario desde dentro, con el régimen franquista empeñado en dar una imagen aperturista y de modernidad al mundo. Había que vender franquismo como quien vende la lavadora perfecta para el blanqueo de la ropa y a fe que el franquismo lo hizo. Con Massiel por delante, coronándose en Eurovisión en 1968 en Londres. Menuda conquista en el emblemático Royal Albert Hall.

Y menuda controversia, también, por la elección del intérprete. Más o menos como la de este año y también con cierta polémica lingüística e identitaria, pues inicialmente iba a ser Joan Manuel Serrat quien cantara el La la la compuesto por Ramón Arcusa y Manuel de la Calva (El Dúo Dinámico). Pero el barcelonés se empeñó en hacerlo en catalán y eso abrió la caja de los truenos de la que terminó emergiendo Massiel, con todo lo que eso implicaba ya entonces.

Porque la madrileña llegó, vio y venció. Pero la caña lanzada por el régimen franquista para pescar aliados más allá de nuestras fronteras resultó ser un boomerang. "Le canto a mi madre, que dio vida a mi ser. Le canto a la tierra que me ha visto crecer", entonó en Eurovisión Massiel, abiertamente antifranquista. Mujer adelantada a su época, ya en 1967 cantaba a la libertad a través de las palabras de Luis Eduardo Aute en Rosas en el mar.

Además, se negó a recibir el Lazo de Isabel la Católica de manos de Franco y en 1972 grabó una entrevista para TVE que, por culpa de la censura, no salió a la luz hasta varios lustros después y en la que reconocía haber leído de "pequeñita" Mi lucha, de Adolf Hitler, porque era muy cotilla". "¿Y tu antinazismo es porque eres hebrea?", le preguntan, a lo que tajante responde: "No, es porque no soy fascista". Desde el público, una mujer le pregunta si una mujer tiene que casarse con un hombre para realizada, a lo que contesta: “¿Que si se tiene que casar para realizarse? Hija mía, qué tristeza. Anda, que si fuera así, qué iba a ser de mí”.

La victoria en territorio británico propició otra oportunidad de puro lujo para una dictadura ya en su tramo final y ansiosa de amistades internacionales: celebrar el certamen de Eurovisión de 1969 en el Teatro Real de Madrid (con el cartel oficial diseñado por Salvador Dalí). Se trataba de proyectar una imagen yeyé para dejar atrás los rigores de la autarquía mientras la clase media se expandía comprando televisores. Un escaparate de ensueño.

"Aquel festival costó mucho dinero. No se escatimaron gastos. Ni tampoco un año antes, en el de Massiel. Franco necesitaba que se ganara Eurovisión. Había que lavar la cara a España", resumía hace un par de temporadas a El Mundo la cantante Salomé, triunfadora en el Teatro Real con Vivo cantando, jovial composición escrita por María José de Ceratto (música) y Aniano Alcalde (letra) con arreglos de Augusto Algueró. La barcelonesa logró el objetivo y se impuso en aquella extraña edición en la que empataron como ganadores cuatro países: España, Reino Unido, Holanda y Francia. Un año en el que, además, diversos países llamaron al boicot contra España, donde se había declarado el Estado de excepción en enero como consecuencia de las revueltas estudiantiles.

Desde aquella famosa actuación, hace ya 53 años, se ha rumoreado que el collar que lució Salomé era de Carmen Polo, algo desmentido categóricamente por la artista en la citada entrevista: "¡Anda ya! ¿Cómo iba a ser de la Caudilla? Si los collares eran más falsos que un duro de madera, con bolas en plateado y turquesa. La Caudilla no se ponía un collar falso ni harta de vino. Yo no estaba tampoco en muy buenas relaciones con el Régimen, aunque muchos no lo estaban y no les quedaba más remedio que callarse". Con sus actos no se callaba Salomé quien, por cierto, en 1963 ganó el Festival de la Canción Mediterránea cantando en catalán a dúo con Raimon el tema Se'n va anar. Posicionarse en tiempos revueltos es lo más moderno.

Tanto La la la como Vivo cantando son dos himnos pop hijos de su tiempo. Es decir, plenamente modernos desde un presente que ansía escapar del pasado inmediato. Colorista espíritu yeyé elevado a la enésima potencia como reacción a décadas de aislamiento en blanco y negro. Dos melodías atemporales que aún hoy siguen funcionando y que seguirán funcionando mientras alguien las cante. Rejuvenecedora fue también, mención requerida, la participación en 1971 con Un mundo nuevo de Karina, quien tuvo que conformarse con una agridulce segunda posición y, de paso, como premio de consolación, ha tenido que pasarse toda la vida huyendo de la etiqueta franquista.

Del La la la al Mo mo mo, dice el lema de RTVE. Chanel aspira al top 5, dicen a su vez las encuestas. Pero hay un largo trecho entre pasado y presente: 53 años, concretamente. Los que lleva España sin encontrar un discurso que nos represente ante los vecinos europeos. Más de medio siglo ya sin ganar Eurovisión dan buena fe de ello. Igual es que no tenemos nada que decir y por eso nos dio por reírnos cuando nos iba bien y mandamos al Chikilikuatre en 2008. Todo un punto de inflexión, qué duda cabe.

Ahora, desesperada en cierto modo por reivindicarse en el ámbito internacional como en aquellos años sesenta, España pone sobre las tablas una coreografía perfecta, sí, pero que resulta un tanto anacrónica viendo el resto de propuestas. Un poco de vedette de revista de noche de fiesta de las de antes, entre amigos. No se trata de dudar del evidente talento de Chanel, pero sí de preguntarse si esto es lo que tenemos que decir en estos nuevos locos años veinte.

Igual, insistamos, es que no tenemos nada que decir. Porque Salomé cantaba: "Cuántas noches vagando por mil caminos sin fin. Cuántas noches callando, cuánto te quise decir. Una profunda esperanza y un eco lejano me hablaba de ti". Y en 2022, esto Chanel: "Llegó la mami. La reina, la dura, una Bugatti. El mundo 'tá loco con este body. Si tengo un problema, no es monetary. Les vuelvo loquito' a todos los daddie'. Voy siempre primera, nunca secondary. Apena' hago doom, doom con mi boom, boom y le' tengo dando zoom, zoom on my yummy". Decíamos antes que La la la y Vivo cantando son himnos inmortales, pero a SloMo lo vamos a ir olvidando al ralentí más pronto que tarde. Lo dicho: 53 años.

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