Libros

Las que no quieren niños

La escritora chilena Lina Meruane.

"¿Cuándo te vas a decidir?", "¿Cómo que no?", "Es un egoísmo no tenerlos", "Ya cambiarás de opinión". Como mujer sin hijos, la escritora chilena Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970) ha escuchado estas apreciaciones algo insolentes en sus diversas variantes. Harta de la presión y alarmada ante ciertas nuevas prácticas de maternidad que apreciaba en su entorno, se lanzó a publicar en 2015 el libro Contra los hijosContra los hijos en las ediciones mexicanas Tumbona. El tema y el tono sin concesiones de Meruane encendieron pronto el debate. Ahora Penguin Random House recupera el ensayo (la diatriba, dice ella, es decir, un "discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo") en una versión corregida y ampliada. Pero igual de polémica. 

La autora de obras como Sangre en el ojo (Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2012) o Fruta podrida (2007) no necesita ni 200 páginas para tocar los puntos sensibles de la maternidad. La unión irresoluble que, en pleno siglo XXI, parece existir aún entre feminidad y maternidad, al menos a los ojos de gran parte de la sociedad: "Entre el presionante cuándo y el vas y el tener y el hijos ronda el fantasma de un arraigado temor. Que una mujer quede para siempre incompletaincompleta". O el canon de mujeres literatas que renunciaron, con mayor o menor castigo social, con mayor o menor voluntad, a los hijos en favor de la escritura. Pero también los hijos como "una nueva coartada [que] se ha lanzado contra las mujeres para atraerlas de vuelta a sus casas", un regreso al rol materno tradicional que Meruane ha detectado en los últimos años. Y una idea aún menos amable: que esa nueva maternidad entregada que la autora asocia con un "feminismo esencialista" está criando a unos "tiranos" que esclavizan a sus progenitoras.

 

"Las mujeres de mi generación que se casaron a los 25 años, y a los 30 estaban teniendo hijos, estaban mucho más agobiadas dentro de su trabajo y de su posición de lo que lo habían estado las madres de la generación anterior", recuerda la escritora en una visita promocional a España. Y esta observación que nacía de su propio entorno, en Chile, era extensible también a otros países como Estados Unidos o México. A partir de ahí, Meruane se preguntaba "por qué las mujeres habíamos conseguido más espacios de libertad y mejoras para nuestras vidas, y de pronto parecía que las cosas habían retrocedido". Su respuesta: un cambio en la concepción de la maternidad estaba poniendo trabas a la independencia de las mujeres. 

El libro de Meruane se suma a una ola reciente de trabajos en torno a la maternidad con títulos como Quién quiere ser madre, de la española Silvia Nanclares, o Madres arrepentidas, de la israelí Orna Donath. El primero se preguntaba qué ocurría con las mujeres que deseaban ser madres pero no podían. El segundo, miraba a las que desearían no serlo. Y Contra los hijos se pregunta, un paso más allá, si la maternidad es realmente algo deseable, si lo es en cualquier caso o si lo es una cierta nueva forma de maternidad. En resumen, si una nueva maternidad supuestamente libre y progresista no es una versión más de la "mística de la feminidad" que describió Betty Friedan en los sesenta. 

El discurso que espantaba a Meruane era uno que, según su análisis, mezclaba el feminismo de la diferencia (que defiende que ambos géneros tienen, biológicamente, capacidades sociales y psicológicas distintas) con la ecología, para resultar en una posición que tacha de "conservadora". El feminismo esencialista del que habla situaría "de nuevo a la madre en el centro de la familia", dando un "lugar primordial a su biología": a la regla, al parto, a la lactancia. El ecologismo (o un ecologismo sui generis), argumenta, obliga a "olvidar los pañales desechables" o la leche de fórmula, e incluso a rechazar las vacunas. "Cuando eso sucede, pasa que la mujer vuelve a estar en una posición conservadora que la obliga a lo doméstico. Porque todos esos cuidados de los que se habían liberado las mujeres de generaciones anteriores vuelven a recaer en la madre", dice a este periódico. Contra los hijos argumenta que esta nueva idea de la madre perfecta, creyendo venir de posiciones emancipadoras, se alía a la vieja presión sobre las mujeres para que tengan hijos y a unas políticas neoliberales que hacen reposar sobre los padres (y particularmente sobre la madre) todo el peso de la crianza. 

Las críticas llegaron, y llegaron desde la izquierda. La escritora Carolina del Olmo, autora de ¿Dónde está mi tribu?, le afeaba en 2015: "Los efectos negativos para las madres se multiplican porque vivimos en un mundo radicalmente antiniños, en una civilización que da la espalda a los más vulnerables y a sus cuidadores. Este contexto social es el que falta en el libro de Meruane". El escritor Alberto Olmos, en un artículo reciente, cuestionaba que existiera siquiera un mandato social de la maternidad: "Esa es una presión que yo no he visto ni vivido. Cuando mi novia y yo no teníamos hijos, nadie nos presionaba. Que una madre o una suegra, o una tía o un tío, o un cuñado medio bebido, soltara alguna vez la pregunta, o hiciera un comentario, no lo calificaría yo como presión aplastante". 

Al segundo, Meruane le ha contestado por escrito. Pero insiste, porque ve "especialmente grave" que no se perciba la presión que a ella se le hace evidente. "En el pasado las mujeres tuvieron tan pocas libertades que en el momento en que empieza a haber más mujeres que declaran su falta de deseo de ejercer el rol de la madre, empezamos a sentir que hay una libertad completa", objeta. Ahí siguen, apunta, los "comentarios antipáticos", pero también las "situaciones de violencia explícitas". Su país despenalizó el aborto por primera vez en su historia el pasado agosto, y únicamente en caso de peligro de la vida de la madre, inviabilidad fetal y violación. Esta es, señala, la materialización de la maternidad obligatoria. 

Las presentaciones en Ciudad de México y Santiago, recuerda, estuvieron llenas: "No pensé que un libro tan breve y tan poco ambicioso fuera a generar esto". Como ocurrió en torno a las obras de Nanclares y Donath, parece haber una necesidad de hablar. "Y me llamó la atención que hubiera mujeres con hijos", dice Meruane, "Pensé que quizás hasta ese momento no habían podido entender o hablar de la situación en la que se encontraban". 

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