'Operación Fuego Mágico': aviones nazis para Franco

Un bombardero Heinkel He 111 de la Legión Cóndor.

La tarde del 17 de julio de 1936, a las 17:00 horas, tal y como estaba previsto, comenzó la sublevación en las principales guarniciones del Protectorado Español de Marruecos. Sin embargo, la segunda parte del plan, que contaba con el apoyo de la Armada para iniciar el traspaso de las tropas del Ejército de África a la península, no llegó a ejecutarse. La mayor parte de las unidades navales se mantuvieron bajo control gubernamental. El Gobierno ordenó bloquear los puertos de los rebeldes sin provocar incidentes internacionales con los barcos italianos y alemanes, una acción fundamental de la flota republicana, que puso en jaque la logística de los sublevados.

No solo estaba en juego asegurar la cabeza de puente del golpe, la bahía de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Huelva, sino iniciar el avance hacia Madrid, la tercera parte del plan. Las tropas mejor pertrechadas y más experimentadas de todo el ejército seguían esperando cruzar a la península. Para ello, se puso en marcha el primer puente aéreo de la historia entre Tetuán, Algeciras y Jerez de la Frontera, que en diez días y con 102 vuelos permitió pasar 2.300 soldados (dos banderas de la Legión y tres tabores de regulares, las tropas marroquíes) en siete aviones bastante antiguos que hicieron su último servicio.

El siguiente paso fue diplomático. Ante el bloqueo del Estrecho, el general Franco exige que la flota republicana se retire de Tánger por ser un puerto internacional. Italia, que en ese momento preside el control de la entidad portuaria, apoya la petición, al tiempo que Gran Bretaña se niega a que la flota republicana pueda repostar en Gibraltar, obligándola, finalmente, a trasladar su base a Málaga. Acto seguido, Franco recibe el apoyo decisivo de la moderna aviación alemana e italiana, el arma que, sin duda, marcaría la diferencia en la Guerra Civil.

La operación se llamaría “Fuego Mágico” (Feuerzauber) en honor a la ópera 'Sigfrido' de Wagner que se estaba representando en ese momento

Entre finales de julio y principios de septiembre de 1936 se encadenaron varios envíos de material y técnicos militares en apoyo de las tropas sublevadas en Marruecos, destacando el envío alemán de veinte Junker-52 para transporte de las tropas africanas y seis cazas Heinkel-51, a los que se sumaron nueve bombarderos Savoia-81 tripulados por italianos. Nada más llegar, comenzaron a escoltar a los ferries que transportaron a otros 1.600 soldados a la península. La superioridad aérea que proporcionaban estos modernos aviones fue replicada por la flota republicana, que volvió a asegurar el control marítimo del Estrecho. Situación que obligó a los alemanes a intervenir definitivamente.

Entre finales de agosto y septiembre, el trasvase de las tropas pasó a realizarse a bordo de sus Junkers, que transportaron a la península 13.500 hombres y 500 toneladas de armamento y munición, incluidas 44 piezas de artillería y 90 ametralladoras. Esta operación fue decisiva. El traslado de esta masa de maniobra cambiaría el curso de una guerra que ya empezaba a ser convencional, quedando en manos de Franco la única fuerza armada compacta, moderna y letal de todas las que había en España en ese momento.

Todo se había gestado, en realidad, la noche del 25 julio de 1936, mientras Adolf Hitler se encontraba en el festival de música de Wagner en la localidad de Bayreuth. Allí recibió a dos agentes alemanes que portaban una nota de Franco pidiendo el envío de aviones de transporte y material para cruzar el Estrecho de Gibraltar. La operación se llamaría 'Fuego Mágico' (Feuerzauber) en honor a la ópera Sigfrido del músico alemán que se estaba representando en ese momento. Aquella petición abriría la puerta de algo más que un puente aéreo: estaba en juego la intervención alemana estratégica en España, como manifestaron el ministro del Aire Göring y el ministro de la Guerra Von Blomberg, que también estaban presentes en aquella reunión.

Así, entre el 31 de julio y el 2 de octubre de 1936, se dio forma al entramado empresarial Hisma-Rowak, diseñado inicialmente para gestionar la ayuda militar prestada por Alemania al bando sublevado y organizar el pago de la creciente deuda económica contraída por Franco. No se realizaría con dinero sino a través de materias primas de origen mineral que sirvieran para reforzar la creciente industria de guerra nazi. Al frente de la operación se situó una figura clave: Hisma (Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes) que acabaría transformándose en 1938 en la Sociedad Financiera Industrial (SOFINDUS). Controlada desde el principio por Johannes Bernhardt, miembro del servicio exterior del Partido Nazi (AO), fue quien llevó en persona la carta de Franco a Hitler y el responsable de lograr que se aprobara la ayuda inicial y el decisivo puente aéreo a la Península.

Sobre el puente aéreo nazi-fascista y las acometidas del verano de 1936

Sobre el puente aéreo nazi-fascista y las acometidas del verano de 1936

La personalidad de más relieve, responsable de la gestión de toda la operación y principal coordinador de la actuación alemana fue, sin embargo, Hermann Göring, mano derecha de Hitler y personaje que, junto a las directrices del ministerio de Economía y del Banco Alemán, fijaría como objetivo primordial de la guerra convertir a España en una colonia económica del Tercer Reich. A partir de ese momento, la ayuda alemana se haría a través de contratos comerciales privados. La actividad estuvo siempre dirigida por Hisma que centralizó la política alemana de adquirir empresas y derechos de explotación minera en España.

La ayuda militar siguió incrementándose sobre esta fórmula de empresas interpuestas que se aseguraban el control de las materias primas y de la industria pesada española para Alemania. El contingente militar de mayor importancia salió el 6 de noviembre hacia Sevilla, el núcleo de lo que ya sería conocido como Legión Cóndor, al mando del general Von Sperrle y con el coronel Von Richtofen como jefe del Estado Mayor. El envío contenía un suministro progresivo de aviones, así como artillería antitanque, artillería antiaérea y varias secciones de carros de combate. En total, el personal inicial fue de 3.800 hombres, aunque pronto superó los 5.000 efectivos. Su impacto en la Guerra Civil española fue decisivo, afianzando la superioridad aérea e implantando un moderno servicio de inteligencia que potenciaría decididamente el Cuartel General de Franco.

*Gutmaro Gómez Bravo es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.

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