Música

Pedro Guerra se desdobla

El músico y productor Pedro Guerra.

Pedro Guerra (Güímar, Tenerife, 1966) vuelve. Vuelve desdoblado, pero sigue siendo uno. Vuelve haciendo casi todo solo, pero con mucha gente. 

Vamos por partes. Si el músico canario regresa a la escena musical por partida doble es porque ha cometido el atrevimiento de lanzar este mismo viernes no un disco, sino dos. Arde Estocolmo reúne sus primeras nuevas canciones desde 2011, cuando publicó El mono espabilado. En 14 de Ciento volando de 14, sin embargo, no hay una letra suya. Es un homenaje musical a los sonetos de Joaquín Sabina, publicados en uno de los libros de poesía más vendidos de los últimos años, y cantados por 32 artistas (de Pablo Milanés a Nach) entre los que se escucha su voz solo en un tema. Quitando esta multitud, lo ha hecho casi todo con sus propias manos (toca la mayor parte de los instrumentos de ambos discos, en su propio estudio). 

"Sin puntos ni comas", con Silvia Pérez Cruz y Jorge Drexler, en el disco 14 de Ciento volando de 14.

El cantante y compositor explica la coincidencia por un mero solapamiento temporal, pero también porque los trabajos son "dos caras de la misma moneda". La moneda es, digamos, élmismo, su forma de crear. En Arde Estocolmo desarrolla su faceta de cantautor, desplegada de nuevo tras cinco años de silencio letrístico ocasionados en gran medida por la celebración en 2013 de sus tres décadas de carrera con el disco 30 años. Luego vino 20 años Libertad 8, para festejar también su relación con el café madrileño, y PedroSantiagoEdgar (ya en 2015), en colaboración con Santiago Cruz y Edgar Oceransky. 

La otra cara de la moneda es 14 de Ciento volando de 14, donde Pedro Guerra se vuelve productor y compositor guiando por los recovecos de la poesía de Sabina a los 32 artistas que ha fichado. Ahí hace un ejercicio de "diplomacia", en sus propias palabras, y de organización. No hay más que ver los créditos del disco para imaginar  la proeza de reunir tantas voces en un solo proyecto, el más poblado de todos los de Guerra. La de Bunbury llega desde Los Ángeles; las de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, desde La Habana; las de Julieta Venegas, Juan Carlos Baglietto e Ismael Serrano, desde Buenos Aires; las de Dolo, Marina Rossell, Clara Montes y Joan Manuel Serrat, desde Barcelona; la de La Shica, desde Lima... Luego fueron mezcladas en estudio por obra y gracia de la tecnología y la banda ancha. 

El buen hacer del artesano

Pese a las diferencias, hay rasgos comunes a ambos trabajos, que resume el periodista Diego A. Manrique en una carta de presentación del proyecto: "Estamos ante un artesano que trabaja sin prisas". Está claro que la prisa no es un elemento acuciante en el proceso creativo del canario. En estos discos, por ejemplo, ha trabajado durante más de año y medio, sin contar con ninguna discográfica (aunque posteriormente contactó con Sony, con quien ha trabajado toda su carrera). Pero si se reconoce especialmente en esa palabra, "artesano", es también por otros motivos.

"Se ha elaborado de manera muy casera", explica Guerra. Lo de casero es casi literal: los discos se han gestado en su estudio en el centro de Madrid, con la calma de trabajar sin nadie que le azuzara en el complejo proceso de empastar las voces viajeras. La artesanía define también la relación del músico con sus instrumentos: "No soy virtuoso de ninguno, ni los domino. Los uso de manera artesanal". La decisión de hacer de hombre-orquesta vino casi de casualidad: "De repente tenía un charango que me habían regalado en Perú, tenía un bajo… y decidí sacarle partido a todo esto".

Y le ha permitido, a su vez, abrir una vía de exploración que constituye la principal innovación en estos trabajos (él mismo confiesa que el proceso de composición, o incluso los temas, son los mismos que ha abordado durante toda su carrera). Suenan en ambos discos instrumentos como el laúd o la mandolina que eran ajenas hasta ahora a sus canciones, e incorpora también el timple "típico de Canarias, que es parecido a un ukelele... ¡pero no es un ukelele!". Junto a estos sonidos naturales, los loops de batería y percusiónloops , "una parte bastante mecánica". Juntas crean un sonido mestizo que ha interesado particularmente a Guerra. 

Canciones resignificadas

Arde Estocolmo toma su nombre de un titular de prensa que informaba sobre disturbios en los suburbios de la capital sueca. "Creemos que las ciudades de las democracias europeas son ajenas a esto. De repente es como si alguien levantara la alfombra y vemos la suciedad que se ha ido acumulando", explica. "Un no sé qué desató una luz/ y pudo revelar la zona oscura. / Queda a la vista, se puede ver/ la verdad de la ciudad desnuda", escribe y canta el músico. "Eso me traslada a nuestro país", continúa, "que en los últimos años ha asistido a la caída de este mito de la Transición ideal". 

"Arde Estocolmo", de Pedro Guerra, en el disco Arde Estocolmo.

Pero se apresura también a aclarar que Arde Estocolmo no da título al disco porque este sea temático, sino porque era el que se le antojaba más sugerente. No hay que esperar un disco eminentemente político, aunque ese aire se repita en otras canciones. En "Márgenes", por ejemplo, el primer single del disco. "Nacen en los márgenes,/ crecen en los márgenes,/ sufren en los márgenes,/ roban en los márgenes"Nacen en los márgenes, canta. Y es consciente de que es una canción que el contexto hace crecer más allá del papel en el que fue escrita: "Es una canción que habla de la marginalidad en todos los sentidos, pero ahora mismo, con la crisis de los refugiados, de repente adquiere un sentido distinto, porque en Europa hay mucha gente viviendo en los márgenes, intentando entrar".

De vuelta a la música

Musicalizar los versos de Sabina —y por lo tanto hacer el camino inverso al transitado por el jienense— era una idea que rondaba la cabeza de Pedro Guerra desde hacía tiempo, y que otros habían intentado antes que él. Después de obtener el permiso del cantante, el primer escollo que debía salvar era elegir 14 poemas, como los versos del soneto, de los cien que habitaban el libro de Sabina. El criterio, admite, fue su gusto personal (y que descartó, por ejemplo, la serie taurina, afición que no comparten). Pero también los "más directos", los que se prestaban más a entrar por los oídos, sin relectura posible. Han salido victoriosos de la criba "La fe del carbonero", "Sin puntos ni comas", "A Sabicas" o "Puntos suspensivos". 

"A Sabicas", con Joaquín Sabinas, Pedro Guerra y Miguel Poveda, del disco 14 de Ciento volando de 14.

Y una vez seleccionados los retoños había que elegir intérpretes. La nómina de hacedores del disco empezó por sus "maestros más importantes", entre los que cita al propio Sabina, Serrat, Aute, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Manuel o Ana Belén. Se guió también por la ambición de conseguir cierta variedad: "El género más representado son los cantautores, pero quería que hubiera gente del pop rock, del flamenco, del rap". Y ahí están Estrella y Soleá Morente, Fito Cabrales, Julieta Venegas, Dani martín o Nach

Quedaba, por último, emparejarlos. Y ahí Pedro Guerra hizo de las suyas: "Si te digo la verdad, en la mayoría de los casos intenté buscar lo que menos se espera. Buscar la provocación, juntar a dos personas que igual de forma natural igual no se juntarían". Quedan batidos particulares: Fito Cabrales y Amparo Sánchez; Pablo Milanés y Julieta Venegas; Dolo, Dani Martín y Nach. "Siempre han acabado aportando. En todos los casos la unión fue positiva". 

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