Los Princesa de Asturias son para los hombres blancos

Richard Ford se hizo el miércoles por la mañana con el premio Princesa de Asturias de las Letras de 2016. Ford es uno de los narradores más laureados de la literatura contemporánea –su novela El día de la Independencia fue la primera obra en ganar tanto el Pulitzer de ficción como el Faulkner—pero, más allá de consideraciones creativas, el autor estadounidense es también un ejemplo del ganador tipo: hombre blanco occidental de más de 50 años.

En esta edición, tanto el Princesa de Asturias de las Artes como el de Ciencias Sociales han ido a manos de mujeres (a la actriz Núria Espert y la historiadora Mery Beard, respectivamente), dejando una paridad poco habitual en los cuatro Princesa de Asturias de la cultura (de los que excluimos las categorías Deportes e Investigación Científica, con sendos hombres premiados este año, y los de Cooperación y Concordia, aún por fallar). Pero esta es una extraña alineación de planetas que solo se había dado dos veces desde la creación de los premios.

En las categorías que atañen al mundo cultural (Letras, Artes, Ciencias Sociales y Comunicación y Humanidades), la más tozuda en su exclusión de la mujer es esta última. En toda la historia de los premios, solo una ha sido reconocida con el galardón: la fotógrafa Annie Leibovitz, en 2013. Ese año fue uno de los pocos con ganadores paritarios, ya que coincidió con el galardón a la socióloga Saskia Sassen en el apartado Ciencias Sociales.

La tercera excepción a la regla se produjo en 2005, con una feliz coincidencia de tres galardonadas: la escritora brasileña Nélida Piñón fue premiada en la categoría Letras, y las bailarinas Maya Plisetskaya y Tamara Rojo compartieron el de Artes (la única vez, por cierto que se ha condecorado la danza). Ese año, los premios de Cooperación Internacional (Simone Veil) y Concordia (Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl) fueron a mujeres, alcanzando la paridad de todos los premiados por primera vez. De las 14 ediciones restantes, seis han incluido a una mujer en alguna de las categorías y ocho no han premiado a ninguna.

Eso, si nos centramos en las ediciones celebradas desde el año 2000. Entre el año de creación de los premios, en 1981, y esa fecha solo hubo cuatro premios a mujeres en las cuatro categorías que nos ocupan: tres en Artes (Alicia de Larrocha en 1994 y las cantantes de ópera Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, Montserrat Caballé y Pilar Lorengar en 1991, de forma conjunta y junto a otros intérpretes masculinos); uno en Letras (Carmen Martín Gaite en 1988, junto a José Ángel Valente); uno en Comunicación y Humanidades (María Zambrano en 1981) y ninguno en Ciencias Sociales.

Quizás por esa descompensación, esta última categoría es la que ha premiado a más mujeres en los últimos años. La filósofa Marthe C. Nussbaum, la ya mencionada Saskia Sassen, la economista Esther Duflo y la experta en literatura clásica Mary Beard han ocupado cuatro de los últimos cinco premios. En el otro extremo, la última vez que una mujer se hizo con el Princesa de Asturias de las Letras fue Margaret Atwood en 2008 y, antes del galardón a Núria Espert (una rareza, al conjugar ser mujer, actriz y dama del teatro, ámbitos poco representados en los galardones), la categoría de Artes no premiaba a una creadora desde el reconocimiento compartido por las bailarinas en 2005.

Aunque la presencia de figuras españolas es muy limitada —motivada por la voluntad de “trascendencia internacional” de los premios—, si se mira a las mujeres de esta categoría la diferencia es aún más sangrante. De los 144 premios otorgados a lo largo de toda su historia por las cuatro secciones referentes a la cultura solo seis han señalado a creadoras o pensadoras nacionales, y cuatro de ellos fueron entregados antes del año 2000. Jamás se ha premiado a una artista plástica española, ni a una fotógrafa, ni a una compositora. Hace 28 años que no se premia a una escritora española (o en español), 22 años que no se señala a una música, 35 años que no se condecora a una filósofa.

Esto se explica, en parte, por la composición de los jurados. En la edición de 2016, y aunque han ido incluyendo cada vez a más mujeres (en la primera edición solo hubo hombres en los jurados), ninguno alcanzaba la paridad, siendo la relación más ajustada de 9 a 7. Significativamente, aquellos con una proporción más igualitaria son los que han premiado a las dos ganadoras de este año.

El Princesa de Asturias de Ciencias Sociales es para la escritora Karen Armstrong

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Pero tiene que ver también con quién tiene derecho a proponer candidaturas, de las que solo se filtran algunos nombres y que en el mejor de los casos incluyen una pequeña proporción de aspirantes mujeres. Según recoge el reglamento, pueden hacerlo los miembros de los jurados (mayoría de hombres), siempre y cuando no sea en la categoría que juzga. Pueden hacerlo también los galardonados en ediciones anteriores (aplastante mayoría masculina) y las embajadas y representaciones diplomáticas de España, en las que apenas hay mandatarias. Quedan las categorías de “personalidades e instituciones invitadas por la fundación” y “otras personalidades e instituciones de reconocido prestigio”, que no se hacen públicas.

No es la única exclusión evidente en los galardones. La de la raza y procedencia también salta a la vista y contrasta con su aspiración de universalidad. Desde el 2000, solo ha habido tres ganadores del Mundo Árabe (el libanés Amin Maalouf, el israelí Amos Oz y la marroquí Fatema Mernissi), dos asiáticos (el japonés Shigeru Miyamoto y el equipo arqueológico de los Guerreros de Xi'An en China) y una afrodescendiente (la cantante estadounidense Barbara Hendricks).

Las categorías relativas a cultura han agotado, con el fallo del miércoles, una edición más. Los Princesa de Asturias aún tienen dos premios por entregar para hacer que la paridad no se convierta en anécdota

Richard Ford se hizo el miércoles por la mañana con el premio Princesa de Asturias de las Letras de 2016. Ford es uno de los narradores más laureados de la literatura contemporánea –su novela El día de la Independencia fue la primera obra en ganar tanto el Pulitzer de ficción como el Faulkner—pero, más allá de consideraciones creativas, el autor estadounidense es también un ejemplo del ganador tipo: hombre blanco occidental de más de 50 años.

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