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‘Slow West’, otra vuelta de tuerca al ‘western’

Michael Fassbender y Kodi Smit-Mcphee en una secuencia de 'Slow west', de John Maclean.

Cuando Michael Fassbender hace su aparición en Slow West (de estreno este viernes), calzando unas pesadas botas de cowboy, ajustándose un sombrero empolvado y mascando una colilla apagada que reposa sobre la comisura de la boca, parecería que John Wayne va a aparecer de un momento a otro para disputarle el título del tipo más duro del oeste. Pero todo lo demás en esta fábula sobre el idealismo y la inocencia se dedica, justamente, a llevar la contraria a los clichés del género que ha llenado de vaqueros y atardeceres la cultura popular. 

Y es eso lo que le valió el gran premio del jurado en la última edición del festival de Sundance, la meca del cine independiente. Su mezcla de violencia, humor y una historia cercana a los cuentos de hadas le han granjeado comparaciones con los hermanos Coen, Tarantino y Wes Anderson. En la sala vacía de un cine de Madrid, y en mitad de un viaje de promoción que le lleva hasta el festival de Sitges, el director John Maclean sonríe ante el primer nombre y frunce el ceño ante el último. "Creo que el tono, el uso del humor, la violencia y la tragedia muy cerca unos de otros, me acerca a los primeros, a los que admiro mucho", cuenta, orgulloso. Tarantino fue, en una charla en un cine en su Escocia natal, quien le metió el gusanillo de la dirección, lo que finalmente le llevó a rodar el que es su primer largo. Y Wes Anderson... "Me gusta quizás Rushmore, pero siento que en su cine todo está un poco constreñido. Como no muevo la cámara, la gente piensa en él". 

Los largos planos fijos —el título, Oeste lento, no miente— acompañan ciertamente al adolescente Jay (Kodi Smit-Mcphee) en su viaje desde Escocia a los Estados Unidos en 1870 para encontrar a su primer amor, Rose (Caren Pistorius), que ha tenido que exiliarse hasta allí con su padre. Pronto, el forajido Silas (Michael Fassbender) se presta a hacerle de carabina en su viaje. Lo que no sabe Jay es que lo que Silas busca es la recompensa que se ofrece por la cabeza de su amada. "Creo que imaginé un cuento de hadas, usando arquetipos. El joven representa a cada joven enamorado. Pero con el que más jugué fue con Silas, porque empieza siendo un cowboy estereotípico, para liberarse del arquetipo y acabar siendo humano", explica Maclean. Ese es el giro de esta fábula que parece, en un principio, una historia de aprendizaje en la que el joven acaba abandonando la inocencia para entrar en el mundo adulto. Pero , ¿quién aprende más, el idealista Jay o el cínico Silas?

Este último lleva, en cualquier caso, gran parte del peso del filme. La presencia de Fassbender no solo da empaque a la película, sino que ha permitido obtener el dinero necesario para llevarla a cabo (el actor es también productor ejecutivo) y que tenga relevancia internacional. Habían trabajado juntos en dos cortos del director, rodados cuando Maclean era miembro de The Beta Band, un grupo considerada de culto en la música independiente de Reino Unido. Un pasado que explica la relevancia en la cinta de la música de Jed Kurzel.

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La otra vocación del escocés, el arte —quiso ser pintor antes que director de cine y estudio artes en el Royal College de Londres—, explica esa fotografía cuidada al detalle que se convierte en uno de los pilares de Slow West, lo que no es sorprendente si se sabe que Maclean . La cuidada luz creada por el director de fotografía Robbie Ryan y su crudo retrato de los salvajes habitantes de la pradera hacen aún más majestuosas las colinas de Colorado. ¿Colorado?

"Rodamos en Nueva Zelanda por cuestiones prácticas", aclara el director. Hay algo en el verdor de los bosques y la amplitud de los espacios abiertos que resulta extraño al ojo de un espectador educado en los western clásicos. "El Oeste, en las películas, suele estar rodado en Arizona o California, porque estaba más cerca de los estudios. Los spaghetti western se rodaban en España tratando de reproducir esos paisajes. Pero cuanto más leía sobre esa época, más veía que tenía que suceder en Montana, Wyoming y Colorado, con todo ese verde, flores y bosque", explica Maclean. La extrañeza no viene, según él, de la deslocalización de sus vaqueros, sino a lo poco habitual que es ver este tipo de paisaje en las películas del oeste.

Es un giro más en el retorcimiento del género que lleva a cabo Maclean. Las palabras "deconstrucción" y "posmodernidad" se leen con frecuencia en las críticas de Slow West. Pero él no cree que sea una excepción, ni siquiera dentro del mismo género:  "Todos los western han ido revisitando los clichés de los westerns anterioreswesterns ". Cuenta cómo Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952) o Pasión de los fuertes (John Ford, 1946) revisaron sus predecesores de los años treinta. O cómo Sam Peckinpah hizo parecer idelizados los anteriores filmes considerados realistas con su Grupo salvaje (1969). O cómo Sin perdón (Clint Eastwood, 1992) juega con el spaghetti western. "Hacer una película que no trate de desconstruir o revisionar algo, sería reproducir un cliché, convertirlo en algo artificial", asegura Maclean. Ya vendrán otros que retuerzan su Slow West

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